Quizá el ‘adiós’ más amargo. Robin Williams

El club de los poetas muertos (Peter Weir, 1989)
Por A. Quevedo
Periodista. Licenciada en Criminología y profesora de Lengua/Literatura e Historia de las Civilizaciones

El mundo de la cinematografía llora la muerte de Robin Williams. Conocido como uno de los mejores humoristas de la gran pantalla, también se puso el ‘traje’ de profesor. Era el señor Keating en Dead Poets Society (El club de los poetas muertos). Nos ha dejado reflexiones que se utilizan en muchas terapias psicológicas: “El día de hoy no se volverá a repetir. Vive intensamente cada instante, lo que no significa alocadamente; sino mimando cada situación, escuchando a cada compañero, intentando realizar cada sueño positivo, buscando el éxito del otro; y examinándote de la asignatura fundamental: el Amor”.

Williams nos dejaba el pasado 19 de agosto. Demasiadas son las teorías vs especulaciones que se han publicado sobre la causa de tan dramática decisión, aunque la hipótesis que más se acerca a la realidad pueda ser la enfermedad mental que padecía: la depresión. Y es que ¿No hay peor decisión que la de no querer vivir?

La depresión es la enfermedad del SXXI [1]. El 5% de la población mundial (más de 3,5 millones de personas) la padece, según datos de la OMS (Organización Mundial de la Salud). Incluso, está considerada como la segunda causa de invalidez en la Unión Europea, según un estudio publicado en la revista científica PLOS de Medicina.

¿Cómo sabemos si padecemos depresión? Algunos de los síntomas son: sentimientos persistentes de tristeza, ansiedad, irritabilidad, sentimientos de culpabilidad e impotencia, la pérdida de interés en actividades que antes se desarrollaban y en las que se disfrutaba e ideas y pensamientos constantes de suicidios. También existen síntomas físicos como la pérdida o exceso de apetito, así como diversos problemas digestivos.

¿Hay personas más vulnerables para sufrir una depresión? Dependen tanto los factores genéticos, bioquímicos y psicológicos. Según el Instituto Nacional de Salud “las áreas del cerebro responsables de la regulación del ánimo, pensamiento, apetito y comportamiento parecen no funcionar con normalidad” cuando una persona padece depresión. Cualquier persona, independiente de la edad o sexo, puede padecerla aunque es cierto que hay situaciones más propensas, como estrés o el consumo de drogas y alcohol.

Desde la perspectiva cognitiva, la persona que padece depresión es pesimista y negativa, con ellas mismas y con su alrededor. Coloquialmente podría definirse como que “todo es negro. No hay salida”. Son susceptibles y cualquier opinión es llevada al extremo de la negatividad. Por ello, se consideran culpables, innecesarios y que molestan. De ahí que la idea del suicidio cobre fuerza. Incluso pueden aparecer ideas delirantes y alucinaciones, tal y como expone Macarena Fernández Hoyo en su obra ‘La Psicología que nos ayuda a vivir’.

La depresión altera el nivel fisiológico y emocional: llantos y situaciones de tristeza incontroladas y constantes que provocan situaciones de taquicardia y de ansiedad.

¿Cómo se comporta una persona depresiva? La persona que está depresiva se siente agotada, física y mentalmente. Deja de hacer actividades y se convierte en un ser pasivo. Evitar el contacto social es una de las principales consecuencias de la depresión: no querer relacionarse con nadie, estar solo… en definitiva, el aislamiento social profundo.

¿Es posible detectar/evitar los suicidios? Según científicos de la Escuela de Medicina de la Universidad John Hopkings de EEUU, SÍ. Han probado con éxito un sistema para detectar en la sangre la alteración de un gen que regula el estrés. Según su estudio, en el 80% de los casos predijeron qué personas habían tenido pensamientos suicidas, incluso las que se habían intentado quitar la vida. La investigación consistía en analizar la sangre de los pacientes buscando el incremento de sustancias químicas relacionadas con el gen SKA2 (gen que ayuda a regular el estrés del cerebro).

Desde el punto de vista de los Mass Media, uno de los errores más comunes que los periodistas cometen (cometemos) es darle importancia a la idea de que una sola variable es la que determina la decisión de quitarse la vida. Los profesionales de la información no deben olvidar que un suicidio es una respuesta compleja y que implica numerosos factores de la enfermedad mental. Deontológicamente, los suicidios no deben publicarse porque –según varios estudios, aunque ya quedan muy antiguos- se puede producir el efecto llamada, es decir la imitación. La mayoría de los libros de estilo de los Mass Media señalan que sólo deben publicarse los casos en los que la víctima sea un personaje público o se deba a un problema social de actualidad (como es el caso de suicidios debido a la crisis económica)

Entonces, ¿puede un humorista padecer depresión? Cómo dijo Chaplin, “Para hacer reír de verdad tienes que ser capaz de coger tu dolor y jugar con él”.

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