LA CIENCIA Y LA JUSTICIA RESTAURATIVA, ¿DOS HERRAMIENTAS PARA LA REINSERCIÓN?


por Virginia Domingo

El psicólogo Javier Urra sugiere a los “pederastas o violadores en serie el suicidio como salida ética”.
Ciertamente, tras leer esto me surgen muchas inquietudes y preguntas sin resolver. ¿De verdad lo ha dicho o solo era para salir en los medios? ¿Y si lo dice en serio, como puede ser psicólogo?
Realmente que una persona que se dedica a tratar de ayudar en la recuperación y transformación de las personas se dé por vencida, es algo terrible
Claramente existen infractores con una personalidad  de muy difícil pronóstico, sin embargo, nadie dijo que las cosas fueran fáciles. Ojalá viviéramos en un mundo ideal, en los que los “buenos ganan”, los “malos tienen su merecido” pero además después de ser castigados se arrepienten, salen de prisión y no vuelven a delinquir. No obstante esto, generalmente no siempre es así, sino todo lo contrario.
Soy optimista y pienso que el ser humano es bueno por naturaleza, aunque también reconozco que vivimos en un mundo imperfecto, los seres humanos no actuamos de forma racional, generalmente nuestras acciones son mezcla de emociones, intuición y lógica. El aspecto emocional es esencial y no se puede olvidar, esto es lo que nos lleva a encontrarnos con situaciones “imperfectas” al menos teóricamente.
Esto sucede con un infractor de las características mencionadas por el protagonista del titular de prensa. Existen ciertos delincuentes con una personalidad (me estoy refiriendo a los psicópatas) que hace que su pronóstico de reinserción sea complicado. ¿Complicado, si, pero imposible hasta el punto de incitarlos al suicidio? Obviamente que su muerte soluciona el problema inmediato: el riesgo evidente de que haga más daño a otras potenciales víctimas.
Sin embargo, ¿qué mérito tenemos si ponemos nuestro interés y esfuerzo en las personas que sabemos fácilmente reintegrables en la sociedad y dejamos por imposible, a los casos complicados? Hasta ahora tenemos claro que estos delincuentes carecen de valores restaurativos esenciales, uno de ellos la empatía, es decir la capacidad para entender y comprender a los seres vivos que nos rodean.

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