DAVID KORESH y el fin de los tiempos


Por Fernando Alser Qualytel

Verno Wayne Howele escondido en su falsa identidad como David Koresh, pretendió el don de la profecía, fiel a la tradición bíblica de visiones y sueños divinos, para dirigir a la secta de los davidianos hacia el final de los tiempos. Una personalidad paranoide, hostil y antisocial que encontró en los davidianos las bases para poner en práctica su violencia sectaria.

El DSM (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales) nos advierte en el trastorno paranoide, de la personalidad de sujetos que pueden ser calificados como fanáticos, y formar parte en grupos de culto que comparten sus creencias paranoides. Estos fundamentalismos son peligrosos, sea cual sea su credo y su objetivo. Un fanático puede conseguir implicar a su grupo de seguidores en la práctica de ideas paranoicas, incluso imponiendo sus valores y creencias a sangre y fuego, el el único argumento de la fuerza de las armas  y la violencia.

Los delirios y alucinaciones encumbraron a David Koresh en el movimiento mesiánico de los davidianos, que querían ver en él al elegido para conducirles en la proximidad del fin de los tiempos, ciento de veces vaticinados por otros supuestos mesías. A finales de los años ochenta (s. XX) David Koresh consiguió a la fuerza el control de su secta, y fue denunciado por los miembros davidianos expulsados, en un cruce de acusaciones que le llevaron ante el juez. Tras su procesamiento quedó libre por falta de pruebas. La prensa del momento señalaba los presuntos abusos sexuales y los atropellos que Koresh practicaba en su rancho.


El líder davidiano consiguió indemnizaciones tras querellarse contra los medios de comunicación por estas calumnias. Hábil manipulador, Koresh supo reforzar su carisma y autoridad, proyectando entre sus seguidores una idea: él era el mesías anunciado en el Apocalipsis. Con el dinero de las indemnizaciones, Koresh reunió un arsenal para defender, tras los muros del rancho Monte Carmelo, su particular estilo de vida inadecuado y predicar contra la pared la llegada del fin de los tiempos.

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