EL MITO DE LA RESOCIALIZACIÓN



 En 1980, Robert Redford protagonizó un drama cinematográfico  basado en la historia real de Tom Murton, el director de prisiones que conmocionó el mundo político de Arkansas al destapar  los escandalosos abusos y asesinatos que tuvieron lugar en la prisión estatal.  Antes de presentarse como el nuevo alcaide, Brubaker (Redford) se hace pasar por un preso recién llegado, descubriendo que la situación en la cárcel es de corrupción endémica. Sus esfuerzos por reformar y sanear el sistema lo colocan en una situación muy peligrosa, sobre todo cuando insiste en investigar una serie de asesinatos que se cometieron unos años antes. Brubaker fue en la vida real, Tom Murton, contratado en 1967 por el nuevo gobernador de Arkansas, Winthrop Rockefeller, tras conocerse un informe  sobre el sistema penitenciario del estado. El informe detallaba las condiciones  en las dos granjas penales estatales, incluyendo asalto sexual, la tortura eléctrica, los azotes, golpes con porras y mangueras, la extorsión y el  tráfico de  drogas en el centro penitenciario. Tom Murton detalla en sus informes sobre la prisión de Tucker: "La disciplina se aplica de forma rutinaria por los azotes, los palos, la inserción de agujas debajo de las uñas, aplastamiento de los testículos con alicates, y la última palabra en instrumentos de tortura: El “Tucker teléfono”, "un instrumento que se utiliza para enviar una corriente eléctrica a través de los genitales".
Murton, entonces  con 39 años, fue  el primer penalista profesional del estado de Arkansas, contratado como director de prisiones. El gobernador Rockefeller trató de reformar el sistema corrupto  mediante la incorporación de Murton, que había hecho su reputación ayudando a establecer en Alaska el sistema penitenciario, después  que el territorio obtuvo   la condición de Estado en 1959. Las ideas de Tom Murton en la reforma penitenciaria incluían el tratamiento de los reclusos con respeto, la abolición de los castigos corporales, proporcionar una mejor alimentación al recluso y erradicar la extorsión y otras estafas entre los internos.  Su planteamiento tuvo aceptación y cierto éxito hasta que fue despedido en  los primeros meses de 1968. En contra de las indicaciones del propio gobernador, Tom Murton había iniciado  la investigación de un cementerio ilegal dentro del centro penitenciario. La exhumación de tres cuerpos, de supuestos presos asesinados, fue acallada por un informe oficial  que dictaminaba que se trataba de cuerpos de un antiguo  cementerio de mendigos. Se paralizaron las exhumaciones. Así terminó el proyecto de Tom Murton, y su propia carrera como director de prisiones. Es posible que la  resocialización de presos, deba suponer  no  solo una actuación directa sobre el sujeto, sino la creación de las condiciones sociales necesarias para producir menos índice de delincuencia. Y esto incluye crear condiciones ante todas las esferas sociales, también  ante el legislador y el gobernante. Hay que educar a la sociedad en su responsabilidad con sus reos. La resocialización debe ser capaz de educar al reo en la responsabilidad de sus actos, a través del reconocimiento de su culpabilidad con el cumplimiento de la pena, pero también la pena privativa  de libertad debe ejecutarse de manera humanitaria, impidiendo la desocialización. En el prólogo de Los cómplices del crimen, 1969, escribe Tom Murton: "Las cárceles, hospitales psiquiátricos y otras instituciones son un termómetro que mide la enfermedad de la sociedad en general.El tratamiento que  ofrece la sociedad  a sus parias revela la manera en que sus miembros se  ven unos a otros .Y ellos mismos”.

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