BANDERA FALSA



        Fernando Alser Qualytel
En todas las épocas han existido hombres que le dieron la espalda a la humanidad.  Seres que impusieron su ideal y voluntad por la fuerza.  Con sus ridículas y terribles  armas atemorizan al mundo entero, ajenos al sufrimiento de sus víctimas. El método y la técnica han mejorado con el tiempo, y sus armas. Pero  estos hombres no han cambiado. La guerra no puede tener más que un fundamento legítimo, y es el derecho de defensa de la propia existencia. El derecho de matar se fundamenta en el derecho de vivir, y sólo en defensa de la vida se puede quitar la vida. Basta decir esto, y todo el que emprende una guerra pretenda que la hace en su defensa. Nadie se confiesa agresor. Pero, como los dos contendientes no pueden ser agresores, ni defensores a la vez, uno debe ser necesariamente el criminal que inicia la guerra. La guerra empieza a ser un crimen desde que su empleo excede la necesidad estricta de salvar la propia existencia. Sólo el peligro de perecer puede justificar el derecho de matar. El tribunal de Nurëmberg de 1946, que juzgaba a los dirigentes nazis, por los crímenes de guerra cometidos durante la segunda guerra mundial, dictaba en el artículo 6(a) de su Estatuto del Tribunal la definición de Crímenes contra la Paz: “la dirección, la preparación, el comienzo o el desarrollo de una guerra de agresión, o de una guerra en violación de los tratados, garantías o acuerdos internacionales, o la participación en un plan común o en la conspiración para la perpetración de cualquiera de tales actos”. Hoy siguen los  conflictos armados por todo el mundo, y sigue vigente la definición de Crímenes contra la paz cuando todavía llegan noticias de “el asesinato, la esclavización, la deportación y  otros actos inhumanos cometidos contra la población civil, antes de la guerra o durante ésta, o las persecuciones por motivos políticos, raciales o religiosos, cuando tales actos o persecuciones hayan sido cometidos al perpetrar un delito sometido  a la competencia del Tribunal o en relación con tal delito, e independientemente de que el acto implique o no una violación del derecho interno del país donde se haya cometido”. Este último párrafo entrecomillado es el artículo 6 b del Estatuto del Tribunal de Nurëmberg, de 1946, que define así los Crímenes de Guerra. La historia ya no se repite. Es siempre la misma. Los amos del mundo anclados en el gobierno de las naciones son  ajenos al sufrimiento de sus víctimas y  anteponen las ansías de poder y los intereses de la economía a salvaguardar la vida de los seres humanos. No importa el país, ni el  color de los contendientes. No importa si es legal o la causa o justificación de la agresión. Lo importante es defender la bandera que tenga el color del dinero  porque con una bandera falsa se justificará la acción ilegal e inmoral.



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