BALISTICA. El EMPLEO DE LAS ARMAS NO LETALES O DE LETALIDAD REDUCIDA



Por el Lic. Mario Murrieta.

Antes de abrir el tema se debe tomar en cuenta que…“la letalidad o no de las armas, siempre correrá de la mano y de la mente de quien las porte o manipule”.

En un estado de derecho democrático el cuerpo de policía es el único organismo público que se encuentra facultado, en circunstancias excepcionales, para requerir coactivamente de los ciudadanos el cumplimiento de una determinada conducta en beneficio de la comunidad, mediante la aplicación inmediata, si fuere necesario, de un amplio rango de fuerza que se extiende desde la mera presencia policial con la presión psicológica que ésta implica hasta la fuerza física en sus diversos grados, cuya cúspide se encuentra representada por la fuerza letal. 

Se entiende como “FUERZA” a: “El medio a través del cual los elementos de seguridad logran el control de una situación que atenta contra la seguridad, el orden público, la integridad o la vida de las personas y de sus propiedades, dentro del marco de la ley”, en este orden de ideas la fuerza, así definida, debe aplicarse mediante un acto discrecional, legal, legítimo y profesional. Todo empleo excesivo de la fuerza se convierte en violencia y, por tanto, es percibido como un acto arbitrario, ilegal, ilegítimo y no profesional. “LA FUERZA NO ES VIOLENCIA”.

El uso de la fuerza por parte de los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley deberá ser gradual; para esto existen cuatro niveles para su posible aplicación:

a. Persuasión o disuasión verbal: Que constituirá en gesticulaciones, instrucciones, advertencias y órdenes verbales moduladas.

b. Sometimiento: mediante acciones físicas a efecto de que se limiten los movimientos de una persona con el fin de que el policía cumpla con sus funciones.

c. Utilización de armas incapacitantes no letales, a fin de someter una resistencia violenta del agresor;

d. Utilización de armas de fuego o de fuerza letal.

Abra ocasiones en las que dada la naturaleza de una situación será más que imposible darle seguimiento a estos niveles y los funcionarios encargados de la aplicación de la ley utilizaran, de manera directa, el uso de armas letales.

La Organización de Naciones Unidas no solo han promovido la adopción de instrumentos internacionales que establecen estándares mínimos para el uso de la fuerza y de las armas de fuego, sino que también han producido, a través de la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos, manuales que pueden ser utilizados por las policías para el entrenamiento y orientación práctica de sus efectivos.

De esta forma, tanto la regulación normativa del uso de la fuerza como sus necesarios complementos, el entrenamiento y equipamiento, deben constituir los pilares fundamentales de una política pública que esté dirigida a prevenir el uso excesivo o mal uso de la fuerza, ya sea que ésta aparezca en casos aislados (entendiendo por tal aquellas situaciones que suelen calificarse como excesos de la policía, entre cuyas causas es posible identificar la falta de conocimiento teórico sobre los límites jurídicos del ejercicio de la fuerza, así como la insuficiente preparación -habilidades, destrezas- de parte de quien la ejerce) o como resultado de políticas que abusan sistemáticamente de la posibilidad de empleo de la fuerza, dando lugar a situaciones de violación institucional de los derechos humanos, como lo sucedido recientemente en el estado de Puebla (Ver imagen).

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