Hasta que la muerte nos separe…


Ana Quevedo
Periodista. Licenciada en Criminología y profesora de Lengua/Literatura e Historia de las Civilizaciones

Hasta que la muerte nos separe. Para lo bueno y para lo malo. Estuvieron juntos hasta que ella se fue. Murió. Nunca antes se habían separado, la primera vez que lo hicieron fue cuando ella cerró para siempre sus ojos. Su nieta me recuerda que se miraban como si fueran unos adolescentes. Ella les envidiaba. Que se acariciaban las manos como si fuera la primera vez que lo hicieron cuando España aún sufría la represión de la posguerra. Que se amaban. Se amaban a su manera, a su edad, pero que se amaban como el primer día.
Cada vez son más las personas que deciden no cumplir con lo que un día prometieron… Hasta que la muerte nos separe. Para lo bueno y para lo malo… Celebrar unas bodas de plata es casi una odisea y las de ‘oro’ (medio siglo casados) excepcional en estos tiempos de inestabilidad no sólo económica, sino emocional.  España ocupa el cuarto lugar de la Unión Europea en divorcios, tras Alemania, Reino Unido y Francia. España registra 7 rupturas por cada 10 matrimonios. ¿Las causas? Muchas, tanto psicológicas, como sociológicas y jurídicas.

En 2002 se registraron un total de 41.621 divorcios en España, una década después la cifra se ha duplicado: 104.262 parejas decidieron seguir sus caminos por separado.[1] Mientras que en los primeros puestos del ránking de los divorcios europeos disminuyen sus estadísticas (Alemania con un 12% o el Reino Unido con un 19%), en España ha ocurrido todo lo contrario: un crecimiento de más del 150% (62.000 divorcios anuales más).
Aunque los datos son elevados, las bodas que se celebran en España superan los divorcios:  según el Instituto Nacional de Estadística (INE), en 2012 hubo en España168.556 matrimonios (61.809 bodas fueron religiosas católicas y 105.789 fueron civiles)
Según los datos del Consejo General del Poder Judicial (hechos públicos ayer): todas las modalidades de disolución matrimonial aumentaron, aunque fueron los divorcios por acuerdo de las partes los que más crecieron. ¿Nos volvemos más independientes? ¿Tenemos menos ‘aguante’? ¿Cuáles son las causas para que los que un día se amaron decidan seguir caminos distintos?

Desde la perspectiva psicológica, un divorcio puede convertirse en un drama, o por contra en un proceso de liberación. Es cierto que toda persona se casa con la intención de estar con la otra persona el resto de su vida. ¿Pero es el amor eterno? Una de las primeras causales de divorcio que se plantea en la práctica de la Psicología Clínica, es que la pareja no se conocía bien antes de casarse. Otras, según los psicólogos: embarazos no deseados, insatisfacción sexual, la falta de comunicación o comunicación negativa, el tránsito del amor pasional al amor maduro, la distribución de las tareas del hogar, la infidelidad y los celos, amigos, los problemas económicos, etc.

Desde la perspectiva jurídica, los cambios legislativos de 2005 con la conocida ley del divorcio exprés provocó un ‘boom’ de divorcios. Según el Instituto de Política Familiar (IPF), dicha ley mantiene grandes diferencias con las normativas de otros países ya que elimina la separación como paso previo al divorcio, “basta que uno sólo de los cónyuges quiera poner fin a la convivencia y suprime las causas para disolver el matrimonio”, subraya. Aunque con la crisis económica y con las tasas judiciales, muchas parejas deciden separarse pero no divorciarse

Y desde la perspectiva sociológica, las creencias religiosas son un factor de peso para no divorciarse. Según el portal Business Insider, en Chile (un país elevadamente católico) los divorcios no superan el 3%. Algunas de las causas sociológicas se centran en “el individualismo, el hedonismo, la negociación continua en el seno familiar, relaciones más simétricas entre hombres y mujeres, independencia económica de las últimas, aceptación social del divorcio, cambios legislativos”, apunta el sociólogo y profesor de la Universidad de Alicante, Raúl Ruíz.

El INE revelaba (a finales de 2013) que los matrimonios que no tienen descendencia o con un solo hijo son los que más se divorcian o separan. Ser padres no es la causa del divorcio, sino que es un cambio de vida en la que tanto el padre como la madre tienen que estar seguros de, quizá, la mayor decisión de sus vidas. Hay un nuevo miembro en la familia que ocupa todo el tiempo y en ese proceso de adaptación hay que estar concienciados. Para la antropóloga francesa Martine Segalen “El niño se ha convertido en un proyecto de vida, pues es el que ha fundado la pareja y el que la mantiene. Si este proyecto no satisface a una o a las dos partes, la pareja puede fracasar”. Los datos del INE también señalan que: los matrimonios con una duración de más de 20 años son los que más se divorcian, seguidas de las parejas que solo llevan cinco años de relación (se entiende, señalan, que muchas de ellas habrán tenido su primer hijo en ese corto periodo de cinco años)
¿Cual es el papel de la Criminología en los divorcios? Cuando se trata de mutuo acuerdo, la Criminología debe utilizar los datos oficiales para investigaciones sociológicas aplicables a políticas sociales. Pero ¿si los divorcios son conflictivos? Tenemos que tener en cuenta que las primeras víctimas son los hijos, los niños. Es necesaria una mediación psicológica-familiar inmediata, ya que el proceso de divorcio de los progenitores puede provocar traumas emocionales.
¿Cuáles son las causas del fracaso matrimonial? Según Larry Frolick existen, al menos, diez teorías sobre las causas del fracaso matrimonial. Seguir leyendo en http://loquepasaporlamente.wordpress.com/2013/12/31/por-que-se-divorcia-la-gente-ii/




[1] Datos del Informe de evolución de la familia en Europa 2014, elaborado por el Instituto de Política Familiar (IPF) y que serán presentados en el Parlamento Europeo el próximo mes de septiembre.

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