El impuesto de los gorrillas


Por Juan Antonio Carreras Espallardo

Seguro que ya empieza a estar cansado de pagar impuesto. Primero el de circulación, que cada año hay que abonar a la Administración Local si no queremos que nos embarguen el vehículo. Después a la hora de estacionar, o bien pagando en un parking privado o en la misma calle, pero eso sí, sacando un ticket de la ORA, que Dios sabrá si eso es legal o no. Pero lo que ya nos saca de quicio es tener que pagar a los gorillas, una forma de mendicidad muy extendida en nuestro país y que consiste en aparcar coches en lugares donde uno mismo puede hacerlo sin ayuda de nadie, es decir, en la vía pública. Si bien la mendicidad no es delito por si misma, siempre y cuando no se utilicen menores o se obligue a ello a terceras personas, no es una conducta prohibida el ejercer actos de mendicidad, siempre y cuando se solicite la limosna sin coacciones. Los gorrillas han aprendido bien la lección y toman las calles de nuestras ciudades de forma masiva, generalmente son los extranjeros o drogadictos quienes lo hacen, en busca de un dinerillo fácil. Llegan hasta a agredirse por marcar su territorio.

Los ayuntamientos tratan de atajar el problema de los aparcacoches clandestinos mediante ordenanzas municipales, harto difícil si tenemos en cuenta lo anterior, que la mendicidad no está prohibida. Hay algunas ordenanzas que regulan y prohíben las conductas incívicas que se realizan en la vía pública, e incluso se les podría denunciar por ocupar la calzada indebidamente. Mil y una artimañazas para erradicar un problema muy presente allá por donde vamos.

Para un conductor es un dilema decidirse por estacionar en un espacio ocupado por un gorrilla y entregarle dinero o hacerlo sin darle nada. Es muy posible que se encuentre alguna sorpresa o recuerdo cuando vuelva. La policía se encuentra desbordada ante este problema. Llamas la atención a los aparcacoches, hasta denunciándolos por infracción a la ordenanza, si es que existe, pero sabes que a los diez minutos volverá al lugar para seguir en la misma tarea y que las multas difícilmente las va a pagar pues carece de recursos económicos. Problema difícil.

Sin embargo hay una serie de estrategias para evitar a estos molestos y fraudulentos aparcacoches. La técnica del teléfono. Hay que fingir estar hablando por el móvil, no importa el tiempo, aunque hagan falta cinco minutos. Al final el gorrilla se aburrirá y se irá a cazar a otra víctima, es el momento de ‘salir por patas’. Otra es la técnica del beso, que obviamente solo se puede realizar si vas acompañado por tu pareja -bueno, como mínimo por otra persona- y que consiste en darse un largo beso hasta que el gorrilla desaparece dejando vía libre para el escape. Otra muy buena es la de la bronca, en la que también hay que ir acompañado y fingir estar discutiendo con el otro, mejor aún si la bronca se hace en movimiento huyendo del vehículo. Es infalible. Por último, la técnica del sueco, en la finges no entender lo que te dice el gorrilla, es más, estás asombrado, pones cara de loco, de extrañado, hablas en otro idioma y te marchas. Pero ojo, no vayas a hablar en el idioma del gorrilla, que puede que te salga contestón y la técnica se vaya al garete.

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