Crisis: ¿delinquir para subsistir?


Ana Quevedo

Periodista. Licenciada en Criminología y profesora de Lengua/Literatura e Historia de las Civilizaciones
((El post de esta semana me gustaría dedicárselo a dos personas anónimas pero reales: un funcionario público que trabaja en una oficina de empleo en España y a un joven que lleva más de medio año buscando trabajo. Sus historias muestran la vida real, la que está ahí fuera y muy lejos de las frías cifras de los datos oficiales. Historias que son las que marcarán las futuras, pero no lejanas, estadísticas de delincuencia y de Salud Mental de España))

No tiene usted derecho a ninguna prestación económica”. Entonces “¿De qué cómo? ¿De qué vivo yo y mi familia?”. Esta conversación se está haciendo más que rutinaria en las oficinas públicas de empleo de España. Hablando el otro día con un funcionario público me contaba que más de uno (por desgracia, muchos) preguntaban por el subsidio de ‘Liberado de prisión’: “Si robo en el supermercado ¿me llevan a prisión?”. Las  personas que han estado presas en las cárceles españolas tienen derecho a un subsidio de 426 euros durante un máximo de18 meses tras haber estado en prisión, al menos, 6 meses. “Estoy un tiempo en la cárcel, me dan de comer, tengo techo y cama; y cuando salga de la cárcel tendré una ayuda económica. Ahora que pago mis impuestos e intento ser una ciudadana correcta y legal aunque lleve desde los 14 años trabajando y haya dedicado parte de mi vida a estudiar y a formarme”, decía un joven que lleva más de seis meses sin empleo y que se ha recorrido decenas de polígonos industriales, ha enviado su currículum vitae a más de un millar de empresas de España. El mismo funcionario me comentaba que las personas que hacían este comentario no procedían de familias desestructuradas, incluso muchos de ellos (la mayoría) con estudios superiores. El mismo joven me confesó que durante este periodo no había recibido ni una sola llamada de trabajo desde el SEPE (Servicio Público de Empleo). “Y no, por robar una lata de atún no vas a la cárcel. Ni siquiera a los calabozos del cuartel. Eso sí, si te denuncia el supermercado tendrás que hacer frente a la multa que te imponga el juez”, le dije. Preocupante, demasiado, que ronde por las cabezas querer estar recluido en un centro penitenciario por el simple hecho de tener un sustento económico. ¿Desesperación? ¿Subsistencia? ¿Alternativas a la pobreza? ¿Soluciones demasiado peligrosas para una sociedad?

1,27 millones de parados de larga duración (más de dos años); 4.684.301 desempleados apuntados al SEPE; más de dos millones de jóvenes con titulación universitaria han abandonado, en los últimos años, España para buscarse la vida en otros países de la Unión Europa, incluso han cruzado el charco (sobre todo a países de América del Sur). Según el Banco de España, 49.694 personas perdieron su casa en 2013, un 11 % más que un año antes, porque fueron desahuciados. Datos, cifras, estadísticas. Son simplemente eso, números. Pero detrás de cada número hay una vida, una historia. Una vida casi rota, o ya rota. No existen datos, ni cifras oficiales que demuestren que la crisis económica ha provocado un incrementado de ciertos delitos relacionados con la pequeña delincuencia y orientados a los robos ‘famélicos’. Me refiero a los casos en los que el delincuente y a la vez víctima va al súper y roba una lata de sardinas día sí y día también; la que engancha la luz a su comunidad de vecinos porque ya se la han cortado y sino por la noche está a oscuras. En menos de un lustro, los departamentos de Sociología y de Criminología ya habrán hecho público diferentes estudios sobre las consecuencias de la crisis económica en la población española y sí, las cifras demostrarán que estos pequeños delitos han aumentado durante la época de crisis. Ahora, por el momento, no existen. Solo existen las historias personales que están en la calle y que los Mass Media (algunos) se atreven a ponerle nombre.

Y la experiencia del día a día de ese funcionario público me hizo recordar a Carlos García da Mata: pensionista portugués, cobraba 240 euros al mes. Sin casa y con problemas de salud no quería dormir en la calle así que cogió una piedra y destrozo el escaparate de una tienda y se sentó a esperar a que la policía llegase para detenerlo. Su objetivo se había cumplido: esa noche la pasó en los calabozos, resguardado del frío pero al día siguiente el juez le dijo que por romper un cristal nadie iba a la cárcel. Carlos quedó en libertad. Seguía sin querer dormir en la calle así que se fue a un banco y le entregó a una empleada un papel que ponía: “Estoy desesperado; voy armado (en realidad no portaba ninguna arma). Denme 5.000 euros en billetes de 50. Ni con estas el juez lo envió a prisión, sino que le impuso la realización de trabajos en beneficio de la Comunidad. (Historia completa en el siguiente link: http://loquepasaporlamente.wordpress.com/2014/01/29/692/ )

Pero una crisis económica no sólo conlleva un ‘cierto’ aumento de la pequeña delincuencia, sino (y quizá mucho más preocupante) a un aumento de enfermedades psíquicas: depresiones, estados de ansiedad, tristeza crónica y un largo etcétera que sólo el que las padece (y los que están a su alrededor) saben lo duro que puede llegar a ser. El joven con el que comenzaba este post me decía: “Me levanto cada mañana y no sé si volver a intentarlo o renunciar para siempre. Es demasiado el sufrimiento interior que estoy cosechando desde hace meses”. Algunas cifras publicadas por diversas asociaciones de profesionales médicos muestran que las visitas al psicólogo se han disparado en más de un 30%. El perfil es de jóvenes que no encuentran trabajo y personas mayores de 55 años. El estudio ‘Efectos de la crisis económica sobre la Salud Mental en la población española’, realizado por la Universidad de Granada, concluye que “las personas que descienden de clase social, así como las paradas, son las que tienen mayores niveles de depresión”. Además subraya que existe una relación entre la crisis económica y la salud mental de los sujetos, por lo que “es conveniente la creación de programas de intervención para las personas afectadas y programas de prevención para evitar el deterioro de salud mental en el colectivo de riesgo”.

((el funcionario público me confesó que todos esas historias personales que vivía a diario le aterrorizaban porque ya había visto como algunos de sus compañeros se marchaban tras ser despedidos y que quizá el próximo sería él y que no sabía si iba a estar como ese joven, o incluso peor))

Post relacionado:


LAS CONSECUENCIAS DE LA CRISIS: depresión, suicidios, consumo de alcohol-drogas y ¿violencia? (I y II)) Link: http://loquepasaporlamente.wordpress.com/2014/03/05/las-consecuencias-de-la-crisis-depresion-suicidios-consumo-de-alcohol-drogas-y-violencia-i/

No hay comentarios:

También te puede interesar