ADAPTACIÓN DE LA TEORÍA DE LA ACTIVIDAD RUTINARIA A LOS D.C.S.V.




Una de las teorías más prometedoras de la criminología ambiental es la teoría de las actividades rutinarias o también llamada teoría de la oportunidad. Fue formulada en el año 1997 por Lawrence Cohen y Marcus Felson y en ella establecen una nueva conceptualización del delito a partir de los elementos de oportunidad y de ausencia de controladores eficaces, tanto de carácter formal (la policía) como informales (relativos a la propia autoprotección).

Para que se lleve a cabo, tienen que concurrir a la vez tres circunstancias:

1) La presencia de un victimario (unidad de tráfico), tanto con inclinaciones criminales como con la habilidad para poner en práctica tales inclinaciones.

2) La de una persona u objeto que representen un “objetivo apropiado”, o sea, una posible víctima o una cosa o bien propicio, por ejemplo. La victima sería la seguridad vial en términos generales.

3) La ausencia de guardianes capaces de prevenir las infracciones, como es el caso de los Agentes encargados de la vigilancia del tráfico, ciudadanos e incluso otros medios.

Los tres elementos anteriores son necesarios para que el delito pueda producirse, si faltase uno de ellos, el delito ya no tendría lugar. La vida moderna ha provocado que ahora estos tres elementos tiendan a coincidir con más frecuencia que antes.

En la sociedad actual se están produciendo cambios importantes en las actividades rutinarias de la vida diaria, entre las que se encuentra los permanentes desplazamientos de un lugar a otro; estando interactuando con el tráfico viario continuamente, ya sea de una manera u otra. Serrano Maíllo recuerda, sobre esta cuestión, que en sus actividades de todos los días, las personas se ven obligadas a desplazarse en coche o transporte público lejos de sus viviendas y propiedades para asistir a sus trabajos, llevar y traer a los niños al colegio o ir a comprar (Serrano Maíllo, Oportunidad y delito, 2009).

En el mismo sentido, Garrido, Redondo y Stangeland, indican que en la sociedad moderna, se producen importantes cambios en la actividades cotidianas, entre otras cosas por los permanentes desplazamientos de un lugar a otro, y el continuo movimiento de vehículos (Garrido Genovés, Redondo Illescas, & Stangeland, Principios de Criminología, 2006).

Al estar más tiempo interactuando con el tráfico (a esto hay que añadirle que cada vez hay más vehículos circulando por las vías) existe un aumento de las oportunidades y de las tendencias para poder cometer un delito contra la seguridad vial.

Por último, por lo que se refiere a las oportunidades para delinquir, probablemente no puede aducirse que todas las personas expuestas a tentaciones delictivas semejantes estén igualmente dispuestas a cometer delitos. Sin embargo, los estudios de criminología ambiental informan de que existe una relación directa entre mayores oportunidades delictivas y mayor delincuencia, y entre menores oportunidades delictivas y menor delincuencia (Barr y Pease, 1990; Brantingham y Brantingham, 1991, 1993; Clarke, 1993, 1994; Felson, 2002, 2006; Stangeland, Díez Ripollés y Durán, 1998).

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