Castigado


Por Fernando Alser Qualytel

He aquí el resultado de una experiencia desagradable: Un menor sentado en una silla cara a sus propios pensamientos tras protagonizar  una mala conducta. Todo legal, todo normal. Porque la patria potestad otorga a los padres el derecho de correción en beneficio de sus hijos//as. Con el límite de respetar su integridad física y psicológica. Con estos límites que marca la ley los padres  eligen un estilo educativo  para sus hijos. Esta elección determinará la personalidad adulta de este menor y su estilo de vida. Algunos padres eligen el castigo sistemático y frecuente para corregir el comportamiento desordenado del menor. Algo que puede provocar una acumulación de ansiedad y dolor emocional en el niño. Si la emotividad es muy alta, el comportamiento del menor tenderá a desorganizarse cada vez  más. Tendremos a un niño sistemáticamente castigado y condenado al fracaso en cada una de sus acciones. Este niño tiene garantizado un cuadro de ansiedad creciente. También despertará en él un comportamiento agresivo mayor. El niño sentado en la silla, está aprendiendo que existe un modelo conductual violento para conseguir soluciones a los problemas interpersonales, y adoptará una posición de fuerza equivalente o superior a la de sus padres o educadores. El castigo como método de correción, ha sido aprendido por estos padres de sus propios padres, dentro de un sistema social que comparte actitudes punitivas y de castigo ante comportamientos inadecuados. Sedente y cabizbajo, este menor cumple su castigo, alimentando un sentimiento de inseguridad e ideas de inferioridad. La desaprobación y la exclusión es la  única respuesta que obtiene de quienes tienen la potestad de velar por su educación.
Esta puede ser una de las razones por las que el niño que experimenta el castigo reiterado, adopte el comportamiento agresivo como una imitación del modelo punitivo de educación, no solo en su etapa infantil, agrediendo a otros niños, sino en su etapa adulta, donde su comportamiento antisocial se eleve a la categoría de delincuencia.  Entonces el castigo vendrá impuesto, no por la patria potestad, sino por la sociedad en la  forma que marque la ley, en la pretensión de recuperar y  reinsertar al ahora delincuente. El momento captado por la imagen es ideal para evitar esto. Es posible levantar el castigo al niño de la silla, y junto a él  buscar una alternativa adecuada para corregir su  mal comportamiento, recuperando  desde ya, a un hombre que puede quedar de por vida castigado.




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