VIENTO METÁLICO


Fernando Alser Qualytel

Ayer nos apuntaban con un gran cañón. Hoy con una ojiva nuclear. Siempre encontraremos el mismo perfil de individuos cuyo interés es ocupar y poseer el poder. El poder como expresión del yo que subyace en la identidad del ser humano. Esa lucha por establecer el propio poder frente al límite del poder del otro, siempre  nos  arrastrará  al conflicto colectivo. Después del colapso financiero global, las potencias mundiales mantienen un pulso político.

El 30 de marzo de 2013, Pyongyang (Corea del Norte) anunció su salida del acuerdo de armisticio de 1953, firmado con Corea del Sur y Estados Unidos y el regreso al  estado de guerra. Acto seguido Corea del Norte comunicó que había reiniciado todas las operaciones en las instalaciones nucleares de Yongbyon.El mando del pacífico de EE.UU (PACOM) desplegó en  la zona tres destructores: El USS FITZGERALD, que fue enviado cerca de la costa suroeste en la península coreana, en lugar de regresar a su puerto en Japón. También el USS DECATUR y el destructor USS JOHN MCAIN, capaz de interceptar misiles balísticos.  Después, una calma tensa. Y negociación.

Esto fue otro  episodio de  tensión de Washington con Moscú y Pekín  que mantuvo un ambiente prebélico impredecible. La respuesta excesiva que supone el despliegue  de los bombarderos B-2 y los F-22  de EE.UU,  están percibidos por China como un desafío, no solo a Corea del Norte, sino un desafío a China. Al igual que el escudo antimisiles norteamericano (ABM) pre posicionado en  Europa está percibido por los rusos como una amenaza directa a su seguridad. Ahora las grandes potencias han fijado  su atención en la guerra en Siria. Tras un tiempo de política de no intervención, el presidente Barack Obama (EE.UU) se preparó en 2013 para ordenar un ataque “relámpago” contra objetivos militares sirios, justificando que sólo sería un castigo por el uso de armas químicas contra población civil: un crimen de lesa humanidad, castigado con otro crimen de lesa humanidad.

Putin, en representación de si mismo, consiguió un tanto a su favor; en una hábil maniobra diplomática que ha llevado a las partes del conflicto Sirio a sentarse a dialogar, bajo la tutela de Rusia. En 2014  se abre otro escenario de tensión: lucha armada en las calles de Ucrania, entre ciudadanos pro Unión Europea y los que se ciñen a los valores tradicionales de Rusia. La Unión Europea mantiene relaciones diplomáticas con las partes y el escudo antimisiles norteamericano (ABM) pre posicionado en  territorio europeo, y sigue intentando salir de una crisis económica sin precedentes. Los líderes del mundo  pueden lanzar a la masa a una guerra, alegando una causa justa, pero no puede haber guerra justa, porque no hay guerra que se pueda justificar.

En el acto de la guerra como en el acto  criminal, se suspende el contacto social alrededor del que se hace culpable de ese crimen contra el género humano, como en una pelea callejera, que obliga a la gente de orden a apartar su mirada del espectáculo. Mientras los inocentes agonizan, no solo con el tormento de los gases, también acribillados por las balas, los gobernantes siguen haciendo del crimen de la guerra su gloria particular, con todos los honores. Un desfile de tropas y medios ocupan con marcialidad  su espacio en el teatro de operaciones.


Hoy la guerra  sigue  en Siria. Muchos hombres y mujeres de renombre hablan de paz y seguridad, con distinto acento, en distintos lugares. Pero cuando el viento trae el lamento de los heridos y el olor de la sangre, ninguno de los actores te confesará su crimen. Nadie quiere ser el agresor, porque ninguno  quiere ser el criminal.

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