TRASTORNOS DEL ESTADO DE ÁNIMO (4ª parte de 4). Imputabilidad.


Por Wakinaki Pl Cádiz

Los problemas de imputabilidad parecen solventarse siempre que se clarifique si el hecho delictivo  fue cometido  en sus episodios clínicos extremos (manía o melancolía) o en estadios intercríticos. En los episodios extremos: "todos  los autores están de acuerdo  en conceder  la inimputabilidad  de manera absoluta".

Durante  el "intervalo lúcido" como período ausente de síntomas, el sujeto sería plenamente imputable. Pero todo esto, que parece estar tan  claro para los estadios de enfermedad y de eutimia o normalidad, no lo está tanto para episodios depresivos  no  mayores  ni para los de hipomanía. El problema del perito estará en  tener  en cuenta los síntomas presentados en el momento de  la comisión del delito y los del momento de la exploración. Aunque en general son difíciles de simular, para un sujeto que conozca su enfermedad y fases (casi  todos  llegan a reconocerla después de varios episodios) puede serle  fácil alegarla para  eludir responsabilidades.

Según el análisis de la Jurisprudencia parece que las depresiones serían, en principio, imputables por considerar el Tribunal que el depresivo conserva intactas sus facultades cognoscitivas y volitivas y distingue el bien del mal. "El hecho de hallarse deprimido en un momento  dado no significa que exista un auténtico trastorno de la mente" se  decía  en una Sentencia del Tribunal Supremo en España. Lo cual  desde el punto de vista científico puede ser claramente incorrecto.

En sentencias más recientes comentadas por J. Carrasco en su tratado Psiquiatría Legal y Forense (La Ley Actualidad) se tiene en cuenta la existencia de fases de diferente valoración de la imputabilidad considerándose el "paradigma de la locura" cuando la enfermedad maniaco‑depresiva se encuentra en actividad.


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