PREÁMBULO DE LIBRO CIEN VERDADES Y UNA MENTIRA DE JUAN ANTONIO CARRERAS ESPALLARDO


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LA HISTORIA DE UN HOMBRE CUALQUIERA

Existen tantas historias como millones de habitantes pueblan nuestro mundo, todas merecen respeto y atención pues atesoran cientos de anécdotas y curiosidades. Hasta el más malvado y villano de los hombres tiene una historia que contar. Todos tenemos algo que decir, algo que mostrar.

Esta es la historia de un joven con ilusiones, plagada de momentos emocionantes y otros un tanto preocupantes, pero que con el apoyo de otras personas, las que formarían su círculo más cercano, el de la unión de la familia y de los fabulosos seres que nos encontramos en el camino, es la que relato. Y es que todos necesitamos el apoyo de aquellos que nos rodean, no nos engañemos, la soledad no es buena consejera.

Nadie nace enseñado, con la lección aprendida. Los viejos son muy sabios cuando dicen eso de que les gustaría rejuvenecer, pero sin que les arranquen la sabiduría que atesoran y que se refleja en sus arrugas. La vida no es más que un trámite, un paso fugaz que en el mejor de los casos durará poco más de cien años. No existe una meta, cada cual labra su camino, y la virtud está en percatarse de que cada paso, cada suspiro, vale. Nos marcan diversas sendas para que escojamos el recorrido adecuado, el que se ajuste más a lo que deseamos construir para nosotros. Somos libres de elegir.

A lo largo de nuestra vida nos vamos a encontrar con situaciones en las que tendremos que decidir. La senda se dividirá en dos. En nuestra mano está la virtud de escoger el camino adecuado, el sendero certero. Nos pondrán zancadillas, tendremos que sortear contratiempos, pero si logramos el equilibro del corazón y la razón podremos decir que somos felices.

Este hombre creció en un ambiente de respeto y educación, marcado por el amor, su infancia fue demasiado fácil, el camino estaba marcado. No comprendió en ese momento de pubertad y juventud alocada que los estudios son fundamentales para sacarle el máximo provecho unos cuantos años más tarde, aunque bien que lo superó con creces cuando se hizo adulto. Anhelaba convertirse en futbolista, habría dado su vida por ello, pero no basta con quererlo y desearlo, es necesaria esa pizca de suerte que tienen los que no han nacido Mesis ni Ronaldos. Si bien tuvo una oportunidad no se materializó por circunstancias del destino. Seguramente no estaba llamado a ser futbolista. Las lesiones tampoco le ayudaron mucho.

Sin apenas cumplir los dieciocho años, los que teóricamente te otorgan la madurez de un adulto, aunque en realidad solo te convierten en mayor de edad, se apasionó con la idea de convertirse en policía, servidor de la ley, pistolero de la justicia, terror de los delincuentes, protector de indefensos y débiles. Fue llamado por la conocida vocación policial. Admiraba a los policías, le parecía asombroso poder ayudar a los demás y hacerlo trabajando, pero además que le pagasen por ello. Durante cuatro largos años, los que duraron las oposiciones congeladas, a cuentagotas, se empapó de todas las leyes habidas y por haber. Cuanta más legislación conocía se daba cuenta de que su desconocimiento era mayor. Nunca podría llegar a saber todo lo que está escrito para regir nuestros comportamientos. Su forma física era envidiable, mantenía el crédito de tantos años de deporte.

Consiguió su sueño, luchó mucho por ello, pero no lo hizo solo, a su lado estaban esas personas tan importantes en su vida que a cada paso le aconsejaban lo mejor. Su padre le apoyó en todo momento. Compartió su vida con la mujer más maravillosa del mundo, a la que amaba, ama y amará con una locura desmesurada. El azar la puso en su destino siendo muy joven y no la dejó escapar. Comprendió que hay personas que no hay que dejarlas marchar nunca y esforzándose cada día para ello fue feliz. Fruto de esa unión nació el mejor regalo, una vida desde cero, con mucho que aprender, con una gran responsabilidad educativa, en definitiva una recobrada ilusión por la vida.

Hoy, el hombre de nuestra historia es feliz, lo conozco muy bien y puedo decir que su pasión por la vida y su empeño por todo lo que hace ya tiene su recompensa. La felicidad no es una meta, es un camino.

Espero que disfruten con la lectura de esta obra, dirigida a multitud de públicos: policías, criminólogos, periodistas, educadores viales... pues este compendio de verdades las he realizado con el corazón, sin dejar de lado la razón.


Juan Antonio Carreras Espallardo.

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