Molestos vagabundos


Por Admin Juan Antonio Carreras Espallardo, ESPAÑA.

Imagínese por un momento que toda la estructura que sustenta su vida se viene abajo, de un día para otro pierde el trabajo, rompe su matrimonio, suma y sigue, no ve a sus hijos, se abandona a la bebida y ¡zas! sin un hogar donde vivir. Esa primera noche, ese momento en que ves que nadie te espera, que no tienes donde ir, debe ser terrible, tienes que buscarte la vida para dormir, para comer, para asearte, no tienes nada de nada, no eres nada. Eres eso que nunca habías imaginado y que todos los días veías por la calle sin hacerle caso y tratabas con sumo desprecio. Un cajero, un portal resguardado o el interior de un edificio, todo con tal de aminorar el frío que azota las calles de la ciudad. Vendrán depresiones, reflexiones y lamentos pero salir de ese agujero no será fácil, ya nadie te dará trabajo porque te verá como se ve a un ladrón. Tus ¿amigos? te darán de lado y hasta tu familia te olvidará. Tu cabeza dirá ¡basta, no puedo más!

Sí, hablamos de los vagabundos, los sin techo, indigentes, mendigos y demás vocablos para referirnos a esas personas que vagan por el mundo, de un lugar a otro sin menú y sin calendario. Sufren agresiones de niños mimados (delincuentes sin corazón que lo hacen para divertirse) y su mayor dolor es la repulsa de la sociedad en general, que los ve como delincuentes, aunque en realidad no es así, porque casi la totalidad de vagabundos son totalmente indefensos y bastante tienen con sobrevivir en un mundo cruel, injusto, insolidario y terriblemente marginador, por muy progres que nos creamos. Somos guais pero ninguno tenemos a un indigente o inmigrante en nuestras casas, derechos sí, pero de lejos.

Hay quien piensa que son una lacra, ¡que trabajen! dicen, que se lo gastan todo en alcohol. Maldita sea, como si eso fuera tan fácil, salir del alcohol o la droga y ya está. Hay quien se aterroriza por la mala imagen que dan a la ciudad, ¡menudo corazón! Oiga, que son personas. Y por muy mendigos que sean tienen dignidad, esa que falta a muchos con corbata. Pero claro, cuando hay un vagabundo en un cajero o en la entrada a un portal prefieren llamar a la policía para que se lleven ‘la mierda’ de su casa. Señora, señor, pruebe usted a bajarle un plato de comida caliente a ese señor mendigo, y mire la cara de esperanza que muestra. Si es que hasta es normal que vayan acompañados de animales, porque son mejores que muchas personas.


Así que si se asusta porque hay un vagabundo cerca ¡no tema!, debería darle más miedo esa gente que pasa con corbata y lo hace a menos distancia.

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