IDEAS DELIRANTES (I): el caso de Paco González, periodista deportivo e IDEAS DELIRANTES-DELIRIO EROTOMANÍACO (II)

IDEAS DELIRANTES (I): el caso de Paco González, periodista deportivo 

Por  Ana Quevedo
Periodista de Sucesos y Tribunales. Licenciada en Criminología y profesora de Lengua/Literatura e Historia de las Civilizaciones
Incapaz de matar a una mosca, dice su padre. Contradictorio porque su propósito era acabar con la vida de una mujer y su hija de 19 años. La razón, la obsesión, obcecación o delirio (a lo largo de estos post analizaremos la patología mental) por el periodista deportivo Paco González. Y para tenerlo a él, tenía que matar lo más preciado: su familia. Contrató a unos sicarios, pero estos le estafaron y se fueron con el dinero, pero antes acosaron con amenazas telefónicas y emails al periodista[1]. El pasado 6 de febrero Lorena y su amigo Iván optaron por el plan B: acabar ellos mismos, a navajazos, con la vida de la mujer e hija del mediático y reconocido locutor español Paco González. Y no iba en broma: hasta cinco puñaladas, una de gravedad, asestaron a la mujer de González (que tuvo que ser intervenida de urgencia y estuvo varios días en la UCI, Unidad de Cuidados Intensivos) y varios cortes a su hija. Para ello, emplearon un cuchillo de grandes dimensiones. Tras estudiar la rutina diaria de sus víctimas, la agresora (que ya está en prisión sin fianza, junto a su cómplice-agresor) abordó a sus víctimas y las acuchilló en mitad de la calle. La valentía y entereza de la hija de González, y quizá también la suerte, ya que por los aledaños caminaba un vecino, evitaron que el macabro plan de Lorena, higienista dental, llegase a su objetivo final: matar a la mujer de su deseado amor ficticio.
¿Qué pasa por la mente de una persona para idear algo tan macabro como acabar con la vida de alguien? Si nos centramos en el DSM-IV[2] podríamos estar (estamos) ante un caso de un trastorno de ideas delirantes. Uno de sus criterios, el primero y esencial, es que implican situaciones que ocurren en la vida real, como por ejemplo ser seguido, envenenado, infectado, amado a distancia o engañado por el cónyuge o amante. En el caso que hoy analizamos, Lorena confesó a sus amigos y familiares más allegados que mantenía una estrecha relación con el locutor. Una relación claramente ficticia. Clínicamente, el síntoma fundamental de este trastorno es el delirio que se va desarrollando de modo paulatino y bien sistematizado. A partir de algunas ideas sobrevaloradas, el sujeto va haciendo conjeturas e interpretando anormalmente la realidad. Y así es lo que le ocurrió a Lorena: viajaba por la noche desde Valladolid a Madrid para asistir como público al programa radiofónico de González (hasta un centenar de veces estuvo en el estudio en los últimos tres años); decía que colaboraba con el equipo deportivo y que al finalizar el programa se iba con ellos a tomar algo. “Estaba convencida de que (en referencia a González) la miraba mucho y tonteaba con ella”, han declarado algunos conocidos en relación a lo que la propia Lorena les contaba.
Mucho se ha escrito en los últimos días sobre la joven agresora: 25 años, estudiante de notables y sobresalientes. Tímida, introvertida y con pocos amigos. No es la primera vez que se obsesionó con un personaje público. Hace unos años recorría los campos de fútbol de toda España para ver a Mikel Aranburu, capitán del equipo español Real Sociedad, incluso le escribió misivas de carácter pasional.[3] Según publicó el diario La Voz de Galicia, Lorena poseía un perfil en un portal de contactos. Se podría hacer un primer perfil con algunos de los datos (misión que les dejo a tod@s ustedes): soltera; intereses: el programa Tiempo de juego, la música, el cine, los animales, salir, viajar, las cartas, el póker, el billar, la consola, el fútbol, (…) y «los mimitos» completan su lista de preferencias; no consume drogas, bebe alcohol «socialmente» y no fuma. También resalta que no es religiosa y se califica como «romántica incorregible».
Los enfermos de los delirios llevan a cabo un verdadero trabajo de sistematización lógica de sus ideas delirantes, incluso con coherencia al delirio en su conjunto. El sujeto es capaz de disimular sus creencias delirantes, lo que hace que su apariencia sea normal, salvo cuando pasa a la acción. Este hecho tiene una enorme importancia médico-legal, tal y como explica la médico forense Mar Pastor en la obra Enfermedad Mental; Aspectos Médico-Forenses: “un enfermo puede sentirse engañado por su mujer y puede pasar varios años intentando descifrar las señales de este engaño y recopilando pruebas sin decir nada a nadie y llevando una vida absolutamente normal hasta que un día, inesperadamente asesina a su esposa de forma brutal, constituyendo esta acción el primer síntoma observado de su trastorno”.
El delirante es un criminal en potencia, ya que está convencido firmemente de su delirio y es imposible razonarle y convencerle de su error, por lo que para él el delito es una necesidad y el cumplimiento un deber. Respecto a los aspectos médico-legales, Pastor afirma que estos enfermos saben y conocen lo que hacen, por lo que meditan y premeditan el hecho hasta que al fin de su convencimiento les crea el estado de necesidad delictiva. Es tal la firmeza de la necesidad de cometer el delito, que jamás se arrepienten de lo que han hecho, incluso confiesan su delito.
¿Cuál es la imputabilidad penal en el trastorno de las ideas delirantes? Pastor recuerda que cuando se valora la imputabilidad en este tipo de personas no sólo hay que hacer un estudio del sujeto y su posible patología mental, sino también del hecho delictivo.
El delito es conocido y querido por lo que es atribuible, incluso con agravantes como intencionalidad, premeditación y cuidadosa preparación. Pastor lo resume de excelente manera: “El delirante sabe lo uqe va hacer y conoce que es unan infracción, que es un acto delictivo según la justicia de la sociedad (pero no según la suya. Cree que la sociedad está equivocada y que su forma de pensar en la correcta. Por ello toma toda clase de precauciones para que no le falle el acto delictivo”.
Por ello es muy importa distinguir, desde una perspectiva médico-forense, la vinculación del sistema delirante y el acto delictivo. Ya que si el delito está vinculado a la trama delirante, será consecuencias de esas ideas patológicas. En el caso de que se demuestre adecuación del delito al contenido del delirio, habrá que considerar que el sujeto tiene totalmente anuladas sus capacidades volitivas e intelectivas, por lo que actúa totalmente por su realidad, que es delirante


Foto: Paco González, extraída de lamoscamediatica.blogspot.com 


[1] La agresora le dio a los sicarios 30.000 euros de anticipo, pero la cantidad acordada era de 100.000 euros. Gracias a la confesión de un mendigo, la policía pudo detener a uno de los implicados, aunque tras prestar declaración quedó en libertad. Datos publicados en el diario El País
[2] DSM-IV: Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders)
[3] Datos extraídos de diversas informaciones aparecidas en la prensa nacional española como el diario ABC, El Mundo o El País.

IDEAS DELIRANTES-DELIRIO EROTOMANÍACO (II)
Ana Quevedo
Periodista de Sucesos y Tribunales. Licenciada en Criminología y profesora de Lengua/Literatura e Historia de las Civilizaciones

Las ideas delirantes son ideas erróneas que se generan a causa de una patología, estando convencido por completo el sujeto que las padece por su veracidad. Hay diferentes tipos de delirios: místico (misión de tipo religiosa, se relaciona con las esquizofrenias); de persecución (sentirse perseguido por personas o entidades con el fin de hacerle daño a él o a su familia, se relaciona también con la personalidad paranoide); de control (la mente y los pensamientos son controlados por otros y escapan del control, también vinculado con las esquizofrenias); celotípicos (convicción sin fundamento real de que la pareja es infiel, relación con los alcohólicos crónicos); de ruina (la persona siente que está en un límite insoportable de pobreza, aparece en depresiones muy severas); de culpa (el sujeto se siente miserable y culpable de todos los males que le han ocurrido a él y a su familia, también en depresiones severas); megalomaníaco (siente que se posee una gran fortuna y que ocupa un puesto socialmente influyente); hipocondríaco (experimentación de extrañas sensaciones  corporales, incluso pueden llegar a decir que están muertos) y delirio EROTOMANÍACO, en el que el sujeto enfermo se siente amado por una persona famosa. Es este el tipo de delirio que ocupa el análisis de nuestro post: Lorena, una joven corriente, y Paco González, uno de los periodistas deportivos más influyentes de España (director de uno de los programas deportivos con mayor número de oyentes Tiempo de Juego -y antes en Carrusel Deportivo-; también es presentador de varios programas y acontecimientos de gran relevancia deportiva).

No era amor, sino obsesión lo que Lorena sentía por el locutor. Una obsesión enfermiza, y que ahora deberán analizar los profesionales, tan enfermiza que le hizo interpretar que para que su relación amorosa (ficticia) continuase debía desplazar a las personas que interferían en ella, en este caso a la mujer de González.

Penalmente, Lorena y su cómplice están acusados de asesinato en grado de tentativa (7,5 años de prisión), con un posible agravante por disfraz y es que en el momento del ataque los agresores iban con el rostro cubierto con un pasamontañas y unas grandes gafas negras. Dijeron a su víctima: “Te voy a matar”.

¿Cuándo hay que poner límite cuando el fan se convierte en una persona erotomaníaca? A lo largo de la historia reciente han sucedido casos similares al ocurrido hace unos días en España y que han puesto, de nuevo, en alerta a personajes públicos y mediáticos. A la cantante Björk le enviaron una caja con ácido por correo. Afortunadamente no sufrió ningún daño, pero su presunto agresor colgó un vídeo en la red diciendo que se iba a suicidar por no haber recibido la atención de la cantante. Jennifer López también fue víctima de un delirio de un fan: un hombre de 49 años entró en su mansión (valorada en 10 millones de euros) y se instaló en su casa de la piscina. Seis días transcurrieron hasta que se dieron cuenta que tenían a un intruso deambulando por su casa. O la actriz española, Sara Casasnovas atacada con una ballesta a la salida del teatro donde actuaba. Una de las periodistas con más caché en España, Ana Rosa Quintana también fue víctima cuando era presentadora de informativos: su acosador pensaba que todos los gestos que realizaba iban dirigidos a él. Sin duda una de las obsesiones más fatídicas y recordadas es la de Mark David Chapman, quien terminó con la vida del ex Beatles, John Lennon, a las puertas del edificio donde vivía en Nueva York, el 8 de diciembre de 1980.

En la literatura psiquiátrica, desde la antigüedad, los delirios erotomaníacos estaban protagonizados básicamente por mujeres, especialmente solitarias y frustradas solteronas, pero a lo largo de la historia se han conocido más casos de erotomanía masculina. La erotomanía no es un concepto nuevo, en la tesis del psiquiatra Ferdière se explica como desde su inicio hasta la primera treintena del siglo XVIII, la erotomanía estuvo confundida con la ninfomanía, que resulta de la exaltación desenfrenada del instinto sexual en la mujer (su equivalente en el hombre lo constituía la satiriasis=adicción al sexo). La erotomanía también se ha llevado al cine, la mejor adaptación À la folie… pas du tout (2002, Francia. Trad. ‘Sólo te tengo a ti’). El film narra la historia de Angélique, una joven estudiante de Arte residente en Burdeos y que está locamente enamorada del exitoso y reconocido cardiólogo, el doctor Loïc Le Garrec. El comportamiento de Angélique comienza a ser peligroso cuando intenta persuadirlo –bajo cualquier medio- para que deje a su mujer. Quizá un guión de la pequeña pantalla llevado a la realidad por Lorena.

Foto: Lugar de los hechos (Madrid, Spain)/ J.C. Hidalgo http://www.laopinioncoruna.es

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