CODICIA (I) y (II) los lobos de las finanzas (El lobo de Wall Street)

CODICIA (I): los lobos de las finanzas (El lobo de Wall Street)
Ana Quevedo
Periodista de Sucesos y Tribunales. Licenciada en Criminología y profesora de Lengua/Literatura e Historia de las Civilizaciones
Desde la Revolución industrial la sociedad se ha convertido explícitamente en una sociedad materialista, un estilo de vida basado (por y para) capitalista, en el poder, en las ansias de tener y tener más, cada vez más. En la deshumanización de un mundo globalizado. Drogas, sexo y billetes de dólares acorralan a las mentes de la codicia. No es mi estilo cinematográfico, pero tras las críticas y el éxito decidí ver El Lobo de Wall Street, de Martin Scorsese[1]. Un tanto exagerado, a mi gusto; pero también es cierto que no conozco a ningún bróker de Wall Street para saber si su mundo se rodea de esa codicia destructiva del ser humano. A la exageración me refiero, más que nada, por el consumo abusivo, constante, desproporcionado, de todo tipo de drogas. Quizá el cuerpo humano (fisiológicamente) no aguante esas cantidades de drogas. Un cóctel explosivo de cocaína, morfina y metacualona[2] que hace vivir al protagonista de Scorsese en un estado continuo de euforia.
¿Qué es la codicia? Etimológicamente procede del latín cupiditas, que significa "deseo, pasión"; es sinónimo de "ambición" o "afán excesivo". Psicológicamente, la codicia surge de la insatisfacción. ¿Pero que insatisfacción poseía Jordan Belfort (personaje interpretado por Leonardo DiCaprio)? Tenía una familia, un círculo de amigos (reducido, pero lo tenía) y miles y miles de millones de dólares. La codicia es el afán por querer más y más y ese afán continuo es lo que hace su aparición. Jordan no es un personaje ficticio, sino que en la vida real existió y existe. No es uno, desgraciadamente, sino hay demasiados ‘Jordan’ en el mundo. Pero el Jordan[3] verdadero de Wall Street es el que pasó, en la vida real, de ganar 12 millones de dólares en tan sólo tres minutos a vivir en la actualidad en un apartamento de tres habitaciones en la zona más barata de Los Ángeles.
El primer informe Anticorrupción de la Unión Europea, hecho público recientemente, señala a España como uno de los países miembros más corruptos de toda la UE: entre 1996 y 2009 los medios de comunicación españoles se hicieron eco de 5.144 casos de corrupción[4] que afectaron a 600 municipios. Blanqueo de capitales, evasiones fiscales, prácticas nada lícitas… Delitos conocidos como de ‘Cuello Blanco’[5] y que son cometidos por las altas esferas económicas, políticas y empresariales. No importa si para ello se engaña, se miente, se juega con los sentimientos y con el escaso dinero de los ciudadanos… en el mercado de las grandes fianzas todo vale: técnicas injustas, deshonestas y fraudulentas, técnicas crueles sin mancharse las manos de sangre: bonos basura, hipotecas basura o las polémicas participaciones preferentes, estas últimas comercializadas en España y que miles y miles de pequeños ahorradores se han quedado sin su dinero.
Como decía Arthur Schopenhauer[6] como el agua salada; cuanto más se bebe, más sed da”, en referencia a la codicia económica. ¿Pero tiene la codicia un límite? Bernard Madoff[7] (gestor de inversiones) un día no aguantó más y confesó a sus hijos que su vida era “una gran mentira”. Su imperio económico se basaba en tres pilares: codicia, estafa y corrupción. Su estafa, 50.000 millones de dólares, lo que le convirtió en el mayor fraude llevado a cabo por una sola persona. De tenerlo todo (materialmente hablando) a no tener nada, a terminar en tragedia familiar (el hijo mayor de Madoff se suicidó ahorcándose con el collar del perro en una tubería).
¿Poder y riquezas? “Quiénes cruzan la línea una vez, tienden a cruzarla constantemente” es una de las conclusiones a las que llegó George F. Lowenstein[8]. Mi abuela, que nunca salió de una pequeña aldea del norte de España, decía que el que robaba una vez, robaba dos porque ya había perdido la vergüenza. ¿Es eso cierto? Si repasamos algunos casos de corrupción económica de España podemos comprobar que así es. Miles y miles de euros procedentes de las arcas públicas han acabado en paraísos fiscales, en cuentas personales, en propiedades de lujo, en estilos de vida opulentas sin importar que ese dinero procede de todos y a consecuencia de ello, el ‘pueblo’ sufre recortes sociales, educativos o sanitarios (Derechos Fundamentes que están desapareciendo poco a poco)
¿El capitalismo nos está llevando a una sociedad inmoral? Las personas codiciosas se engañan así mismas y siempre tienen excusas para sus acciones (nada lícitas). La codicia nunca se detiene, es insaciable. ¿Pero tenerlo todo es sentir la felicidad absoluta? No. De hecho, desde un punto de vista psicológico, las personas codiciosas son más inseguras, insatisfechas y desconfiadas. En definitiva, más infelices. Emocionalmente son más pobres y su egocentrismo aumenta. Para Lowenstein "la codicia es una semilla que crece y se desarrolla en aquellas personas que padecen un profundo vacío existencial, sintiendo que sus vidas carecen de propósito y sentido". Podemos tener los bolsillos llenos de euros, dólares, podemos tener lujosas casa, yates… pero podemos sentirnos solos e infelices. Más aún cuando ese poder económico tiene una procedencia ilícita


Foto: Secuencia del filme que muestra las prácticas ilícitas para blanquear dinero en uno de los países europeos donde más cuentas millonarias procedentes de casos de corrupción existe, Suiza.



[1] Director, guionista, actor y productor estadounidense
[2] Metacualona  esuna especie de sedante, que fue muy popular en los años 60 y 70
[3] El verdadero Belfort, tras pasar por la prisión escribió ‘The Wolf of Wall Street’ y ‘Catching The Wolf of Wall Street’, libros que han sido traducidos a 18 idiomas. En la actualidad ofrece charlas. Asistir a una de ellas cuesta unos 500 euros por persona. Su método se basa en una mezcla de psicología del comportamiento, estrategias para la persuasión y neurociencias aplicadas a las ventas. Lo llama el ‘Straight Line System’ hacia la venta perfecta.
[6] Filósofo alemán
[7] Bernard Madoff fue arrestado en diciembre de 2008 y condenado a 150 años de prisión.
[8] Pionero en el campo del comportamiento económico a través de la influencia de la psicología sobre la economía y de ésta sobre actitudes y conductas de individuos y organizaciones

CODICIA (II): los lobos de las finanzas (El lobo de Wall Street)
Ana Quevedo
Periodista de Sucesos y Tribunales. Licenciada en Criminología y profesora de Lengua/Literatura e Historia de las Civilizaciones
Cuando quieres más de lo que tienes, crees que necesitas / Y cuando piensas más de lo que quieres, tus pensamientos comienzan a sangrar. Es un extracto de 'Society', de Eddie Vedder, la banda sonora de Hacia rutas salvajes (de Sean Pean), una película que refleja el sinsentido de la sociedad materialista de Occidente. La codicia es el verdadero protagonista de Hacia rutas salvajes: el que condiciona la manera de actuar y de pensar de las personas.

¿La corrupción también ha llegado al interior humano? Sí. Se denomina ‘corrupción del alma’ y se refiere a la conducta de las personas que se traicionan a sí mismas, a su propia conciencia moral, ya que para cometer actos corruptos primero hay que corromperse por dentro, es decir marginar los valores éticos esenciales como la integridad, la honestidad, la generosidad, sin olvidar el altruismo en beneficio del propio interés.

¿Y la codicia puede volver a las personas violentas? Sí. Lo tienen todo y necesitan sensaciones nuevas, aunque sean rocambolescas. En el filme de El Lobo de Wall Street hay una secuencia de cómo se ven a los brókeres divirtiéndose haciendo diana con unos enanos. Mientras sus centenares de empleados vendían acciones por pocos centavos prometiendo ganancias astronómicas. Y si esa codicia se combina con otras prácticas peligrosas como son las drogas, la violencia puede llegar a los que estén más cerca. Jordan Belfort (el del filme) agrede a su mujer cuando ésta le dice que quiere el divorcio. Tras consumir varias dosis de cocaína, coge a su hija y en estado de extrema alteración física y psicológica quiere huir con la pequeña. Quiere conseguir su propósito, como siempre lo ha hecho, y no le importa que al lado esté una pequeña. Incluso estrella su coche, con ella dentro.

Un capitalismo salvaje en el que no se ve sangre pero en el que las víctimas de las estafas económicas van muriendo de dolor y sufrimiento. Silvia tenía 70 años. Sus ahorros los invirtió en participaciones preferentes[1] (un producto de alto riesgo solo para inversores según la CNMV, Comisión Nacional de Mercados de Valores). Ella pensaba que era un plazo fijo, sin riesgo, como el de toda la vida. Tenía 70 años y tras varios años luchando para recuperar su dinero llegó el día del juicio. Silvia cayó desplomada en las puertas del juzgado. Murió. Sufrió un infarto producto de la tensión acumulada ese día. Días después se daba a conocer el fallo judicial: el juez condenó a la entidad bancaria a devolver el dinero a los afectados y es que el juez lo dejaba claro: mala praxis en la comercialización del producto. Desgraciadamente, Silvia ya no estaba. Más de un millón de afectados en España (no hay cifras exactas) todos pequeños ahorradores y miles y miles y miles de millones de euros. La solución: rescatar a la banda española desde Bruselas con 40.000 millones de euros pero no tomar medidas para que esos pequeños ahorradores puedan recuperar sus ahorros sin tener que costear de su bolsillo abogados o sufrir largos y desagradables procesos judiciales.

¿Importa la edad para ser codicioso? La revista Time acaba de publicar la historia de Carl Icahn, un hombre que a sus 78 años sigue en activo. Su especialidad: compra y trocea todo tipo de empresas. Su última presa: Apple. Sus movimientos en Bolsa siempre son hostiles, Con nocturnidad y alevosía[2]. Carl dice “¿Qué quieren que haga todo el día? ¿Jugar a la petanca?”. Considerado el hombre más avaricioso del planeta, a sus casi 80 años asegura que “Lo qué más me motiva en la vida es hacer dinero”. Según sus biógrafos, Icahn se considera a sí mismo un activista del capitalismo, un renegado, casi un Robin Hood; con la salvedad de que le roba a los ricos para hacerse más rico[3].

¿Sería posible en el mundo actual capitalista teorías como la de Dalai Lama: "no importan las posesiones o condiciones externas, ya que estas nunca proporcionarán a la persona la sensación de alegría y felicidad que busca”? y ¿Cómo se puede frenar la codicia? Se frenará cuando el ser humano entienda y adopte en su vida cotidiana la teoría de qué la verdadera riqueza y felicidad se genera al dar, no al recibir. ¿¿¿Es posible...???


Foto: Secuencia brókeres divirtiéndose haciendo diana con unos enanos


[1] Las participaciones preferentes son productos complejos, perpetuos y con una rentabilidad supeditada a que la entidad emisora tenga beneficios. Las preferentes son un híbrido, están a medio camino entre un bono y una acción: funcionan como un bono porque son títulos de deuda por los que se recibe una remuneración en función de los beneficios, pero también tienen características de las acciones porque, por ejemplo, no tienen vencimiento (fuente: www.rtve.es)
[2] Información extraída del reportaje de XL Semanal ‘Carl Icahn, el auténtico lobo de Wall Street (aunque no lo parezca)’
[3] ídem 10

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