PERFIL CRIMINOLÓGICO: EN LA MENTE DEL ASESINO

 

PERFIL CRIMINOLÓGICO: EN LA MENTE DEL ASESINO (I)

Ana Quevedo
Periodista de Sucesos y Tribunales. Licenciada en Criminología y profesora de Lengua/Literatura e Historia de las Civilizaciones

Una de las materias que más me apasionaba de cuando estudiaba Criminología era la asignatura de Psicópatas y Asesinos en Serie. En ella aprendimos a realizar perfiles criminales. ¿Qué es un perfil criminológico? Es una técnica que busca describir, explicar y predecir las características demográficas (la edad, el sexo o la ocupación) y las psicológicas (rasgos de personalidad y motivación) de la persona/sujeto que ha cometido un delito y del cual se desconoce su identidad. Con el perfil criminológico se adquiere información de la escena del crimen, de la víctima, de los testigos y de los documentos que estén relacionados con el caso. Para resolver un crimen o un delito es necesaria la combinación de la Criminalística y Criminología.

¿Por qué es necesario disponer de un perfil criminal? Para saber el cómo y el por qué de los asesinatos. Entrar en la mente de un asesino supone predecir y, en consecuencia, evitar su siguiente crimen. Con el perfil se toma una especie de ‘atajo’ y se da la posibilidad de detener a un sospechoso; además de descartar unas u otras características y que lleven al investigador/es lo más rápido posible a su detención antes de que cometa nuevas atrocidades.

El creador del perfil criminal fue Robert Ressler. Era analista criminal del FBI, concretamente de la Unidad de Ciencias del Comportamiento. Antes de ocupar ese cargo fue investigador militar, donde estuvo destinado en varios continentes (entre ellos Europa). Tal y como él ha contado en varias entrevistas, fue en la etapa del ejército donde aprendió cómo se capturaban a los criminales. Cuando dejó el ejército, estudió Psicología y Criminología y durante varias décadas trabajó para el FBI, además de enseñar a los nuevos agentes de la unidad las técnicas criminológicas. También fue el creador de la Tarjeta de vista, es decir, de las pistas que deja el asesino en el lugar de los crímenes y es que las primeras pistas de un crimen las revela el propio asesino. Es cierto que desde siempre se han realizado perfiles, pero le daban relevancia solo a las pruebas convencionales (sangre, fibras y huellas dactilares).

¿Cómo se ‘acerca’ el investigador al asesino? Lo primero que hay que diferenciar es si se trata de un asesino organizado o desorganizado. El primero es el más peligroso, ya que planea sus actos y tiene todo (o casi todo) controlado); en el caso de los desorganizados, se mata por impulsos pero sin una planificación previa.

Existen dos tendencias en la metodologías de los perfiles: la clínica y la estadística. El enfoque clínico se estudian los casos individuales y se comparan con la experiencia acumulada del perfilador o equipo encargado de elaborar el perfil. Corresponde con la lógica deductiva en la que a partir de la observación de detalles del crimen se infiere e interpreta la personalidad del agresor. Este enfoque, por resumirlo de alguna manera sencilla correspondería al estilo del personaje Sherlock Holmes. Mientras que el enfoque estadístico se basa en los métodos de la psicología experimental: se formulan hipótesis que se someten a pruebas mediante análisis estadísticos. Corresponde a la lógica inductiva, en la que es necesario tener información de varios casos y probar hipótesis sobre la ocurrencia de varias características.


La aplicación de ambos enfoques ha generado un conjunto de conocimientos que constituye la base teórica de los perfiles criminológicos:
  1. Estructura y contenido del perfil: ¿el delito analizado corresponde con una cadena de crímenes similares? ¿Diferentes delitos corresponden a un mismo delincuente? ¿Actuó solo o en solitario? ¿Cuáles son las características demográficas del delincuente? ¿Y las físicas? ¿Y las psicológicas? ¿Hay antecedentes delictivos? ¿Qué relación hay con la víctima? ¿Cuál es la ubicación geográfica? ¿Existen predicciones como si volverá a atacar? Todas estas preguntas tienen un por qué que responderá el perfilador con su perfil. Cuando todas tengan una respuesta, entonces se podrán ofrecer recomendaciones si se ofrece o se oculta el perfil.
  2. Información sobre las víctimas: características demográficas, físicas, nivel de riesgo, ubicación demográfica. En el caso de que la víctima sobreviva, son muy importantes sus reacciones.
  3. Información de la escena del delito: ubicación temporal y geográfica, descripción del modus operandi
  4. Análisis de la escena del crimen


El papel del criminólogo en la perfilación criminal se observa excelentemente en las dos novelas de Vicente Garrido (uno de los criminólogos con mayor reputación en España): Crímenes Exquisitos y Martyrium.


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PERFIL CRIMINOLÓGICO: EN LA MENTE DEL ASESINO (II)

Ana Quevedo
Periodista de Sucesos y Tribunales. Licenciada en Criminología y profesora de Lengua/Literatura e Historia de las Civilizaciones

De forma breve, expondré el perfil criminal de algunos de los asesinos en serie que marcaron la crónica negra norteamericana del siglo XX [1]

Montie Rissell: asesinó a 5 mujeres y antes las violó. Su modus operandi era apuñalarlas por la espalda, luego por delante y cuando ya estaban casi muertas, por todas las partes. Todas sus víctimas fueron encontradas vestidas (después de violarlas, volvía a vestirlas); misma apariencia y edad; circunstancias de desaparición y de hallazgo semejantes.

William Heirens: (1946): Se le apodó ‘El asesino del pintalabios’ porque escribió en una pared con pintalabios el mensaje: “detenerme antes de que mate otra vez. No puedo controlarme”. Su modus operandi consistía en entrar en apartamentos de chicas jóvenes y las mataba, lo que revela un impulso obsesivo compulsivo. La investigación también reveló que los cuerpos de sus víctimas fueron hallados con las heridas vendadas, lo que significa que Heirens podría estar avergonzado de lo que había hecho.

John Wayne Gacy (1978). Se le conocía como ‘El asesino de la máscara de payaso’. Sin duda, es uno de los asesinos en serie más famosos de la historia de norteamerica. Antes de desemascararlo era un ciudadano respetado (llevaba la compra a las casas de algunas familias del barrio y los fines de semana entretenía a los niños con su traje de payaso casero). Ressler reveló que él y Gacy fueron juntos a los Boys Scouts. Gacy asesinó a 33 personas, todos de forma premeditada. La característica de los asesinos organizados (hemos hablado de ello en la primera parte del post) la reunía Gacy porque guardaba objetos personales de sus víctimas, como anillos o cadenas. Esos objetos eran el ‘trofeo’ de Gacy, trofeos que le recordaba el éxito y la satisfacción.
Ted Bundy (1974). Actuaba de diferente manera por lo que es un patrón de conducta difícil de saber. Los investigadores le calificaban como ‘camaleón’, es decir un individuo que puede cambiar de aspecto en cualquier situación. Su modus operandi era pasarse por lesionado, es decir se ponía un cabestrillo en el brazo y dejaba los libros que portaba. Entonces sus víctimas le ayudaban y era cuando las golpeaba con una barra. Las arrastraba hasta su coche, abusaba de ellas, las torturaba y finalmente las asesinaba. Escondía sus cuerpos en el bosque. Bundy era un perfilador experto que elaboraba el perfil de sus víctimas.

Jeffrey Dahmer (1991). Este asesino en serie marcó la vida de Ressler, quien se preguntaba si ¿los asesinos organizados pierden el control? Dahmer pasa a la historia por ser el asesino del ácido: cuando fue detenido (una víctima que iba a ser asesinada logro escapar) la policía halló en su casa recipientes de ácido con cabezas y cráneos, también huesos en archivadores y en contenedores. Para Ressler, Dahmer padecía un trastorno de personalidad múltiple, una especie de dos Jeffry’s (uno que es el partícipe del horror y otro que se aparataba y observaba).

¿Dónde acaba la perfilación del criminólogo? Acaba dentro de su mente. La clave para detener a un asesino en serie está en adentrarse en los patrones de pensamiento del sujeto. Es decir, pensar como él, sentir como él y seguirle en sus crímenes y, finalmente, adelantarse a él. Entrar en la mente de un asesino puede ser muy peligroso, ya que lo inexplicable puede volverse explicable. ¿Cómo se puede explicar al común de los mortales que existe una explicación en casos tan horribles como que un padre asesine a sus dos hijos de 2 y 6 años y que no diga donde está los cuerpos de los menores? Y sí, se puede explicar y esa explicación se halla entrando en la mente de ese asesino.[2]




[1] Me gustaría aclarar que los perfiles expuestos están incompletos, solo he expuesto algunas de las características esenciales y más importantes de cada caso. Un perfil criminal, tal y como he explicado en la primera parte del post, es mucho más amplío.

2 comentarios:

Ramona Daniela Toncian dijo...

Muy interesante y muy buena información! Gracias

Ramona

alexis hernández dijo...

¡como puede uno entrar a la mente del asesino?
¿como se logra tal objetivo casi inalcanzable?

si puedes explicarme envíame un mensaje a alexsxhz@gmail.com

saludos desde mexico d.f.

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