CÁRCELES: ¿Deben pagar los presos por estar presos? (I) ¿Son un negocio? (II)

CÁRCELES: ¿Deben pagar los presos por estar presos? (I)
Por   Ana Quevedo
Periodista de Sucesos y Tribunales. Licenciada en Criminología y profesora de Lengua/Literatura e Historia de las Civilizaciones


Ya lo dice el refrán “quien la hace, la paga”. Así de literal se lo han tomado en Holanda que han propuesto que cada preso, durante su estancia en prisión, pague la cantidad diaria de 16 euros (en Alemania y en Dinamarca ya se hace). Pero ¿es la solución pagar una cuota carcelaria para acabar con la delincuencia? No, realmente ese no es el camino, por lo menos en España y las estadísticas lo demuestran: entre un 50 y 70% de los presos españoles son reincidentes. Pagar por estar en la cárcel no es la mejor medida penitenciaria para reducir las estadísticas. Sin embargo, desde la perspectiva económica si que podría ser una medida acorde con la crisis económica (pero solo, repito, desde el punto de vista económico y nunca una decisión acorde con el problema social). Las autoridades holandesas han sacado cuentas: si cada preso pagase esos 16 euros, el ahorro para el erario público sería de 65 millones de euros. El debate ya está abierto en la Unión Europea.

En la actualidad hay en España unos 57.000 presos, a los que hay que sumar otros casi 10.000 que cumplen su condena en las cárceles de Catalunya (esta Comunidad Autónoma tiene transferidas las competencias en esta materia). Según las estadísticas de la agencia Eurostat[1], España lidera la tasa de Europa occidental con 143 internos por cada 100.000 habitantes, muy por encima de las de Alemania (81), Italia (110) o Francia (112).

En España hay 83 centros penitenciarios y con un presupuesto para 2014 de 1.122 millones de euros de los que casi tres cuartas partes van destinados a gastos de personal (807,9 millones de euros); en alimentación para los internos un 78,1 millones de euros (en 2013 se congeló el presupuesto dedicado a esta partida, que supone tres comidas diarias) y para sanidad 64,5 millones. Según estos datos, cada preso español le cuesta a las arcas públicas 50,80 euros al día, una media de 18.500 euros al año. Y en tiempos de crisis económica, la cantidad no es ninguna tontería. Por eso ya es común escuchar a más de uno decir “que me metan preso, que allí tengo cama y comida gratis”. Y no es ninguna leyenda urbana. En Portugal (otro de los países más azotados por la crisis económica junto a España y Grecia), la ONG O Companheiro (que trabaja para la reinserción de los reclusos) declaró no hace muchos meses que tenían conocimiento que algunos de sus usuarios que estaban en régimen abierto les decían que volvían por la noche a prisión porque preferían estar entre barrotes en lugar de a la intemperie.

Carlos García da Mata, pensionista portugués, cobraba 240 euros al mes. Sin casa y con problemas de salud no quería dormir en la calle así que cogió una piedra y destrozo el escaparate de una tienda y se sentó a esperar a que la policía llegase para detenerlo. Su objetivo se había cumplido: esa noche la pasó en los calabozos, resguardado del frío pero al día siguiente el juez le dijo que por romper un cristal nadie iba a la cárcel. Carlos quedó en libertad. Seguía sin querer dormir en la calle así que se fue a un banco y le entregó a una empleada un papel que ponía: “Estoy desesperado; voy armado (en realidad no portaba ninguna arma). Denme 5.000 euros en billetes de 50”. Ni con estas el juez lo envió a prisión, sino que le impuso la realización de trabajos en beneficio de la Comunidad (es decir, trabajos sociales). ¿Podría haber pagado Carlos esos 16 euros al día por estar en la cárcel? Para los presos ‘privilegiados’ (los condenados por corrupción y que poseen cuentas bancarias millonarias) pagar una cuota no es un problema, el problema es para casos como el de Carlos.

¿La crisis lleva a un incremento de más delincuencia? Sí, pero delincuencia ‘de andar por casa’, de la que se conoce como robos famélicos (por necesidad). Los delitos que más se han incrementado son los delitos relacionados con los poderosos: la corrupción. En los casos como el de Bárcenas no sería ningún problema pagar 16 euros al día por estar en prisión: fue tesorero del PP (actual Gobierno de España) y está preso (preventivo) por 14 delitos (10  contra la Hacienda Pública, otro por blanqueo de capitales, por falsedad documental, por estafa en grado de tentativa y por cohecho). A Bárcenas le han hallado (a él, a su muer, a testaferros suyos) decenas de cuentas millonarias en varios paraísos fiscales (no se sabe la cantidad exacta, pero superan más de los 50 millones de euros). Hace unos meses, su mujer pidió al juez que desbloquease una cuenta bancaria para poder pagar la luz y sus gastos: necesitaba al mes 5.000 euros. O el caso Malaya, en el que el presunto cerebro de la mayor trama de corrupción juzgada en España, Juan Antonio Roca, vivía rodeado de lujos: fincas, ganaderías, animales salvajes disecados, cuadros de famosos pintores, coches de alta gama, incluso un avión. Roca, está en prisión por fraude y malversación de caudales públicos, prevaricación o blanqueo. Ha sido condenado a 11 años de cárcel (ya lleva 7 años en prisión) y a una multa de 240 millones de euros. Sin embargo, La Fiscalía pedía para el exasesor de Urbanismo de Marbella (Málaga, España) una pena de 30 años de prisión y 810,78 millones de euros ¿Sería un problema para Roca pagar 16 euros por estar en prisión?

Pero de los casi 70.000 presos que hay en España, ‘Bárcenas’ y ‘Rocas’ hay más bien pocos. Ya lo dijo Nils Christie[2] durante una entrevista realizada por Virginia Domingo[3]: “La gran mayoría de los presos se caracterizan por tres elementos: son pobres, han frustrado sus relaciones familiares -o no tienen ninguna en absoluto- y no tienen empleo fijo. Una buena política de bienestar social es también una buena política penitenciaria”. Domingo, consultora de Justicia Restaurativa, apuesta por el fomento de la responsabilización como primer paso para crear un punto de inflexión. “No todos lo conseguirán pero muchos al ver que su delito si dañó a otro ser humano manifiestan una voluntad de no delinquir. Obviamente no todos los harán pero con que unos pocos se responsabilicen tendremos menos delincuentes reincidiendo y menos potenciales víctimas que pasarán a serlo en el futuro”. Al igual que Christie, Domingo no es partidaria de eliminar las cárceles  aunque estas deberían “ser la última opción a la que acudir. El sistema penitenciario no funciona y se deberían hacer nuevas normas con un enfoque restaurativo en este ámbito”.  

Lo primero que habría que cambiar es la actitud pasiva del infractor. Un alto porcentaje de los presos se limitan a esperar los años en prisión y salir a la calle, no se les obliga a realizar tratamientos ni trabajos. Los defensores de la Justicia Restaurativa, como es el caso de Domingo, apuestan por el cambio de esta actitud pasiva y negativa por otra constructiva y positiva, “en la que se les enseñen valores restaurativos como empatía, diálogo, comunicación no violenta....que les haga recuperar la humanidad olvidada”, explica Virginia Domingo.


[1] Eurostat (Statistical Office of the European Communities) es la oficina estadística de la Comisión Europea que produce datos sobre la Unión Europea y promueve la armonización de los métodos estadísticos de los estados miembros.
[2] Nils Christie, sociólogo y criminólogo noruego. Es profesor de Criminología en la Facultad de derecho de Oslo. Crítico con la prohibición de las drogas, las prisiones y la sociedad industrial
[3] Virginia Domingo, colaboradora de Criminología y Crimalística. Es presidenta de la Sociedad Científica de Justicia Restaurativa y coordinadora del servicio de mediación penal de Castilla y León. Consultora en justicia restaurativa. Fue jueza sustituta de Burgos y provincia.
 foto (I): Carlos Garcia da Mata, 64 años/ Francisco Seco 

CÁRCELES: ¿Son un negocio? (II)
Por  Ana Quevedo
Periodista de Sucesos y Tribunales. Licenciada en Criminología y profesora de Lengua/Literatura e Historia de las Civilizaciones


Más de la mitad de los presos son reincidentes. Y hay que ser realista y es que a la cárcel se va a cumplir una pena, no para rehabilitarse y más cuando dentro de prisión no es obligatorio realizar terapias (en España, los presos deciden si quieren o no someterse a terapias, cursos o trabajar). Entonces, ¿cuál es el objetivo del encierro? No es otro que evitar que la persona esté en la calle y vuelva a delinquir. La solución hay que buscarla desde la raíz: la prevención y la educación de los ciudadanos. La necesidad de políticas criminales enfocadas al ámbito penitenciario de la prevención.

No todas las cárceles son iguales. Las hay de lujo. Sí, como si se tratase de hoteles de lujo, pero solo para presos VIP. En China hay 7 de estas, pero solo para burócratas convictos. Es el caso de la prisión de Yancheng, un penitenciario de lujo construido para albergar a los funcionarios del Partido Comunista condenados por corrupción: las habitaciones tienen 20 metros cuadrados y hasta con balcón, oficinas exclusivas y pomposas salas de conferencias, bares y jardines, estadios o canchas de baloncesto. Los reclusos pueden usar su teléfono móvil sin restricciones, reciben cuatro comidas al día y se les provee de cigarrillos y chocolate. Algunos incluso cuentan con coche privado y pueden ir a dormir a casa cuando se les antoja u organizar cenas de gala en prisión para cerrar negocios o darse un capricho con la familia. Uno de ellos, Chen Liangyu, antiguo líder del Partido Comunista de Shanghái y condenado a 18 años de prisión, gasta 6.000 yuanes al mes (680 euros), el doble del salario medio per cápita en esa ciudad.

En Noruega el número de presos está por debajo de los 4.000 (más de 5 millones de habitantes) y su tasa de reincidencia penitenciaria es del 16% (en España más del 50%). Sus cárceles son muy particulares, defendidas por un sector de la sociedad y muy criticados por otros. Los presos viven en una especie de bungalow (con baño y cocina incluido). Todos (sin ninguna excepción) desempeñan algún tipo de trabajo (remunerado). Primera diferencia con España, ya que en las cárceles española trabaja quien quiere (los trabajos dentro de prisión también están remunerados). Los presos noruegos cocinan ellos mismos y compran los productos en un supermercado dentro de la prisión, incluso disponen de invernaderos para cultivar alimentos que después comen. ¿Y que hacen durante el tiempo libre? Pueden pescar, nadar o tomar el sol. No crean ustedes que se tratan de prisiones con delincuentes comunes. Estas son cárceles de alta seguridad. En ellas cumplen condena asesinos, violadores o narcotraficantes. Uno de los más conocidos, el asesino de Oslo (condenado a 21 años de cárcel por actos terroristas en los que murieron 77 personas). Sus ‘celdas’ disponen de televisión, DVD, videoconsola, despacho privado, ordenador (sin acceso a internet) y hasta gimnasio compartido. ¿Para el resto de comunes es lógico que personas que han infringido la ley, incluso acusados de delitos de sangre, puedan vivir con estas comodidades?

En España también hay cárceles mejor acondicionadas que algunas viviendas de los casi 6 millones de españoles en situación de desempleo: algunas de ellas (las más nuevas) disponen de piscinas climatizadas y con televisiones de plasma, sala de proyecciones y de música, gimnasios o instalaciones deportivas. La polémica saltó cuando se inauguró la cárcel de Álava: 720 celdas de 13 metros cuadrados (tres más que el tamaño habitual). Aunque nada tiene que ver esta cárcel con los ejemplos de Yancheng o la de Noruega. Más bien en España de lo que se ha hablado siempre es de la masificación y hacinamiento de las cárceles[1]

¿Tienen algo que ver todas estas comodidades penitenciarias en Noruega con los índices más bajos de reincidencia de toda Europa? En un reportaje de Erwin James publicado en el diario The Guardian se exponían algunas claves para esta respuesta. “Aquí nos tratan como personas dentro de una comunidad, nos dan confianza y responsabilidades” o “es como vivir en un pueblo” o “sabemos que somos prisioneros, pero nos sentimos como gente normal”, declararon a James algunos internos de Noruega.
Otra de la cuestión que ha saltado a la palestra es si ¿son o no un negocio las cárceles? En California (EEUU) existen cárceles con programas de pago por estancia para que (solo en los delitos menores) el preso pueda costearse su estancia en cárceles menos peligrosas y más cómodas. Algunas de ellas tienen cuotas solo para millonarios: 118 euros al día (155 dólares). En EEUU, las prisiones privadas exigen una cuota mínima de ocupación a los gobiernos: no importa que suba o baje el crimen. En latinoamerica también existen cárceles privadas, como en Chile donde se denunció un aumento de suicidios en presos de centros penitenciarios de gestión privada. En España, de momento, las cárceles son públicas y su presupuesto depende directamente del Estado o como el caso de Cataluña, del gobierno autonómico. ¿Llegarán a convertirse los centros penitenciarios en un negocio privado donde lo que importe sean sus ingresos y no la erradicación de la delincuencia vs criminalidad?


 foto (II): (II): Prisión de Yancheng (China), fotografía publicada en el diario digital Público

3 comentarios:

Betty. dijo...

¿De dónde sacas la información de que en las prisiones españolas trabaja quien quiere? ¿sabés cuántos puestos disponibles existen, cuál es su horario y cuál su remuneración?

Betty. dijo...

¿De dónde sacas la información de que en las prisiones españolas trabaja quien quiere? ¿sabés cuántos puestos disponibles existen, cuál es su horario y cuál su remuneración?

Jorge Palomo dijo...

"Pero ¿es la solución pagar una cuota carcelaria para acabar con la delincuencia? No, realmente ese no es el camino, por lo menos en España y las estadísticas lo demuestran: entre un 50 y 70% de los presos españoles son reincidentes. Pagar por estar en la cárcel no es la mejor medida penitenciaria para reducir las estadísticas."

Exactamente, ¿de qué estadísticas estamos hablando, siendo que en España no se paga por estar en la cárcel? Si en otros países en los que sí se paga, la reincidencia es menor, ¿por qué se dice entonces que ese no es el camino? Es todo un contrasentido.

Por otro lado, ¿por qué se presupone que por hacer pagar una cuota, va a ser un negocio o van a ser privadas?

Se dan por sentado unas cosas y se sacan unas conclusiones que no entiendo muy bien. No espero que conteste, viendo que el anterior comentario en el artículo va para cerca de un año siendo ignorado, pero no estaría de más.

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