Peleas de gallos y maltrato animal


Por Nuria Querol

La controversia sobre las peleas de gallos y su cría está siendo de nuevo actualidad a raíz de las reivindicaciones de los criadores de gallos de Tlacolulan, cerca de Xalapa. La iniciativa presentada por el diputado del Movimiento Ciudadano, Cuauhtémoc Pola Estrada prohíbe cualquier tipo de maltrato animal, incluyendo la cría de gallos de pelea lo que entraría en conflicto con los intereses de dicha comunidad de criadores. En España también sucede esta suerte de brecha legal ya que está prohibida la pelea de gallos (la "riña", como dicen criadores y aficionados) desde 2003, pero sí se autoriza la cría de estos animales. Se estima que se crían unos 100.000 ejemplares de los que el 90 por 100 lo hacen en granjas ubicadas en Andalucía. Los gallos se suelen vender por 1.000 dólares y se exportan a menudo a Colombia, México o Venezuela. En la Ley de Protección de los Animales de Andalucía ( Ley 11/2003 de Protección de los animales y una resolución de la Junta de Andalucía de 2004), están prohibidas las peleas de animales, pero se incluyó una excepción a esta prohibición, a causa de la presión de la Federación Andaluza del Gallo Combatiente Español que permite las "pruebas" de gallos en determinadas circunstancias, supuestamente con la finalidad de seleccionar la cría del gallo para la mejora de la raza y su exportación. Las peleas de animales, sobre todo gallos y perros, suelen ir vinculadas a otro tipo de acciones delictivas. Los agentes del Seprona de la Guardia Civil hallaron durante la Operación Espolón, mediante siete inspecciones casi simultáneas tres ejemplares muertos y 25 con graves heridas y mutilaciones en riñas clandestinas. Por estos motivos, detuvieron a nueve personas, los propietarios de los gallos a los que sorprendieron en riña, a los que ahora se les imputó un delito de maltrato animal. La Guardia Civil levantó además 210 denuncias: 182 por infracciones administrativas en materia de apuestas, por maltrato de animales, por permitir la entrada de no socios en las peñas, por carecer de seguro obligatorio y por dar publicidad al evento; y 28 más por consumo de estupefacientes, por portar armas blancas y por obstrucción a la labor inspectora. También se aseguraba que había presencia de menores de edad. Fuentes de la Guardia Civil no dudaron en señalar que las peleas de gallos siguen estando rodeadas de un entorno de "enorme marginalidad". Para la operación participaron alrededor de 100 agentes del Seprona, la Segunda Compañía de Jerez. Según la Policía, están acreditados los casos de maltrato animal y faltas administrativas generalizadas como la publicidad de las peleas fuera de las peñas; la presencia de no socios y de menores de 16 años en los reñideros; el cruce de apuestas; el consumo de alcohol y drogas; la falta de medios suficientes para identificar cada animal; y la ausencia de veterinarios oficiales y jueces federativos en las tientas. Las peleas de gallos conllevan un gran sufrimiento para los animales. Con unas espuelas de acero de 8 centímetros de largo, afiladas como cuchillas y atadas a las patas—los gallos de pelea son introducidos a la arena de la gallera. Entrenados para pelear y a menudo drogados con estimulantes y esteroides, se enfrentan en un duelo a muerte. Las espuelas infligen profundas heridas punzantes, se rompen las alas y las patas, y se sacan los ojos de sus órbitas. Pocos minutos después, los contrincantes se arrastran a causa de sus heridas, sin permitírseles ningún descanso durante el combate. Sus dueños los recogen y les soplan en la cabeza para revivirlos. Si el ave ha sufrido una herida en el tórax, haciendo que sus pulmones se llenen de sangre, el dueño acostumbra meter el pico en su boca para extraerle la sangre, y devolverlo a la pelea. Por lo general, las peleas terminan únicamente cuando uno de los gallos es incapaz de atacar a su oponente. Los aficionados a las peleas de gallos, suelen justificar su pasión argumentando que estas aves son agresivas por naturaleza. Pero en la naturaleza, los gallos rara vez pelean a muerte. Los gallos de pelea son criados y entrenados especialmente para pelear. Además, a menudo los estimulan con fármacos, y las espuelas hacen la pelea más encarnizada. Por último, se les obliga a pelear hasta el final, puesto que no se les permite rendirse.
Peleas de animales y El ciclo de la violencia Existen aún otras actividades negativas asociadas con las peleas de animales. En todo el país, las autoridades han documentado una estrecha relación entre las peleas de animales organizadas, y otros crímenes y actividades delictivas. Por ejemplo, el juego ilegal suele acompañar tales peleas—ya que los espectadores apuestan a los resultados del espectáculo. Siendo las apuestas por miles de dólares, el dueño de un animal ganador puede recoger entre varios cientos de dólares hasta decenas de miles, en ingresos no declarados. Con tanto dinero de por medio, también es muy frecuente que los participantes anden armados. De hecho, en las redadas de peleas de perros y de gallos, las autoridades suelen incautar armas ilegales, como también drogas. El efecto de exponer a jóvenes a este mundo de crueldad, armas, juego, drogas, y otras formas de violencia, es aún otro aspecto negativo de las peleas de animales. El mero hecho de presenciar tales espectáculos, bien puede promover sentimientos de indiferencia hacia el sufrimiento de los animales, y un entusiasmo por la violencia. Inclusive, los niños que no asistan a tales peleas pueden estar en riesgo, pues la sola presencia de animales peligrosos en la comunidad incrementa el riesgo de ataques contra ellos. Debido a su corta estatura, un animal agresivo los puede considerar como otro animal.

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