OJO POR OJO


Por Fernando Alser Qualytel

El término ley del talión  se refiere a un principio jurídico de justicia retributiva en el que la norma imponía un castigo que se identificaba con el crimen cometido. De esta manera, no sólo se habla de una pena equivalente, sino de una pena idéntica. La expresión más famosa  de la ley del talión es “ojo por ojo, diente por diente”.

Históricamente, constituye el primer intento por establecer una proporcionalidad entre daño recibido en un crimen y daño producido en el castigo, siendo así el primer límite a la venganza libre. Claro que la interpretación de esta ley, ha quedado en manos de sujetos que libremente han aplicado la ley del talión, con excepcional brutalidad, en distintas épocas, y es por ello que se confunde la ley del talión con  la venganza.

Multitud de ordenamientos jurídicos se han inspirado en la ley del talión, especialmente en la Edad Antigua y en la Edad Media. Aunque puede parecer una ley primitiva, el espíritu de esa ley es la proporcionalidad de la pena, y la evitación de una respuesta desproporcionada por la venganza. 

En la antigua Mesopotamia, el principio de reciprocidad exacta se utiliza con gran claridad.


La Ley 229 establecía que si un arquitecto hizo una casa para otro, y no la hizo sólida, y si la casa que hizo se derrumbó y ha hecho morir al propietario de la casa el arquitecto también morirá. Otro tipo de penas, más conocidas por el público en general, consistía en la mutilación de una parte del cuerpo en proporción al daño causado. Por ejemplo la Ley 195 se establecía que si un hijo golpeó al padre, se le cortarán las manos; la 196 si un hombre libre vació el ojo de un hijo de hombre libre, se vaciará su ojo. Las penas menores consistían en la reparación del daño devolviendo materias primas tales como plata, trigo o vino. En los casos en que no existía daño físico, se buscaba una forma de compensación física. El ejemplo más popular: al autor de un robo se le cortaba la mano.

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