EL REY DE LA CASA


Por Fernando Alser Qualytel

También conocido como el síndrome del emperador, el niño tirano se describe como un niño que impone su propia ley en el hogar, alterando los roles de autoridad ante la impotencia de padres, abuelos o tutores. La desorientación en materia educativa hace sucumbir a los padres o cuidadores ante el chantaje emocional que ejerce el niño tirano. Son los reyes de la casa que desobedecen, mienten o acaparan la atención con su comportamiento indeseable y no aceptan la frustración, ni la norma. Un factor de riesgo que puede convertir a estos niños en adolescentes violentos o delincuentes juveniles.

La sociedad del siglo XXI ha experimentado un cambio de valores. La educación que recibe los  niños no es ajena a estos cambios. Tampoco a la influencia de las tensiones familiares. La falta de criterio para educar y la poca autoridad de los padres junto a evitar que los hijos padezcan incomodidades o fracasen favorece la emergencia de ese pequeño tirano. Existe entre los padres y madres de  hoy en día,  un prejuicio hacia un modelo tradicional de disciplina y se opta por no contrariar las actitudes y reacciones del niño, en la falsa creencia que aprenderá por sí solo, normas adecuadas de comportamiento: Padres muy protectores que impiden que su hijo aprenda haciéndose cargo de sus errores. Que claudican inmediatamente ante sus peticiones y caprichos, ya que son incapaces de ver a su hijo  sufrir. Que se adelantan a sus deseos y le consienten todo. Que tienen diferencias de criterio, discutiendo delante del niño. El problema es que sin límites y disciplina los niños acabarán sufriendo graves consecuencias y amargando la vida a los demás.

Durante los seis  primeros meses de vida hay que atender las necesidades de consuelo y alimento del bebé con premura y afecto. A partir de esta edad, enseñarles a comer y a dormir según un horario y a poder disfrutar un mínimo  de tiempo solo. Al año de edad es aconsejable empezar a marcar algunas reglas para que las vaya interiorizando (baño, dormir, comida, respeto y prevención de accidentes). También con la edad, hay que irles enseñando a: controlar sus impulsos, demorar la gratificación y expresarse de forma respetuosa. Para ello hay que establecer normas claras que regulen la convivencia familiar y explicárselas en función de su  desarrollo. Es mejor otorgar responsabilidades y consecuencias adecuadas a la edad y capacidad. Cuando experimentamos los resultados negativos de nuestros actos, aprendemos. Y siempre se aprende más en carne propia que en cabeza ajena.

En todo esto, la coordinación entre los padres es fundamental manteniendo una estructura familiar jerárquica, con los roles de adulto adecuados. Aunque a los niños se les permita opinar, se les tenga en cuenta  y se les quiera mucho, los que mandan son los padres. Y son los padres los que tienen el deber de educar a sus hijos para enseñarles a vivir en sociedad y poder desarrollar su potencial. Para ello, hay que decirles con mucho afecto tanto sí como no.


El  niño tirano no nace, se hace.  Lo ideal es prevenir poniendo límites desde pequeños. La crianza debe hacerse siempre fomentando el cariño y respeto mutuos. Esto es la teoría, paciencia y suerte con la práctica.

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