DEPRESIÓN: LA ENFERMEDAD DEL S.XXI

DEPRESIÓN: LA ENFERMEDAD DEL S.XXI (I)
Ana Quevedo
Periodista de Sucesos y Tribunales. Licenciada en Criminología y profesora de Lengua/Literatura e Historia de las Civilizaciones



La enfermedad (incluso podría tildarse de epidemia) por excelencia del S.XXI va a ser la depresión. Lo alertan los psicólogos, psiquiatras, incluso la propia OMS (Organización Mundial de la Salud) que ha pedido a los gobiernos que tomen medidas urgentes en el tema. La depresión es un trastorno del estado del ánimo. Según el CIE-10[1], la alteración fundamental de estos trastornos es una perturbación del humor o de la afectividad.

El estado de ánimo de una persona depresiva es triste, melancólico, infeliz, hundido, vacío, preocupado e irritable. [2] Se pierde el interés, hay dificultad en la concentración, baja autoestima, pensamientos negativos, indecisión, culpa, ideas suicidas, incluso alucinaciones y delirios. La conducta de la persona depresiva se caracteriza por un retraso o agitación psicomotriz, llantos, abstinencia social, dependencia y suicidio.

Y llegamos al suicidio. Un tema tabú en los Mass Media españoles. Los códigos deontológicos y libros de estilo de las empresas periodísticas (que ya están ambiguos) señalan que no se podrá informar sobre los suicidios por un posible ‘efecto llamada/imitación’. Pero desde hace unos meses, los medios de comunicación si que están hablando de, quizás, una de las enfermedades más traumáticas y difíciles y es que, en España se quitan la vida entre nueve y diez personas al día, cada 40 segundos una en el mundo. Cifras alarmantes, crueles, tristes. Cuando una persona tiene una enfermedad física lucha por curarse, mueve cielo y tierra por encontrar un tratamiento médico que acabe con su enfermedad. Pero cuando se trata de una enfermedad mental (en concreto la depresión), es la propia persona la que decide acabar con su vida. ¿Hay algo más triste que no querer vivir?

“Me levanto cada mañana, me pongo mi traje y cojo mi maletín. No quiero que mi familia, sobre todo mis hijos, sepan que su padre se ha quedado sin trabajo. No quiero que piensen que no sirvo para nada. Me voy al parque y espero a que llegue la hora de volver a casa, la misma que antes volvía del trabajo. No sé hasta cuando, ya no puedo más”, me confesó hace un tiempo un español desempleado. Varios estudios muestran que se ha incrementado un 60% los suicidios debido a la crisis económica. Según el INE (Instituto Nacional de Estadística-España), en 2009 se quitaron la vida unas 3.500 personas al día; otros expertos señalan que la cifra es mucho mayor. Fue ese año cuando se agudizó la crisis económica que desde entonces está ‘ahogando’ a la clase media-baja del Sur de Europa (España, Portugal, Grecia e Italia).

No sólo la OMS ha sido la que ha dado un toque de atención; ya en 2006 Kofi Annan (entonces era secretario general de la ONU) reclamaba "prestar más atención a esta tragedia humana (en referencia a los suicidios) para prevenir muertes innecesarias". Los suicidios están calificados como muerte violenta (es la principal causa de muerte violenta en el mundo, por encima de homicidios, guerras y accidentes de tráfico).

Al ser una muerte violenta es necesaria la intervención judicial y de un médico forense para que se realice su autopsia. Mi profesor de Medicina Legal decía, que el tiempo y los recursos (tanto materiales como humanos) que se destinaban para llevar a cabo las autopsias de los suicidas deberían emplearse en medidas y programas preventivos para evitar que la víctima (porque el suicida es una víctima, no lo olvidemos) acabase en su mesa de autopsias. Totalmente de acuerdo.

¿Y cuál es el papel de los criminólogos? Investigar, documentar y analizar las cifras y los casos para poder elaborar programas de prevención. ¿Y el papel de los Mass Media? Tratar el tema de manera humanizada, como un problema social y que está ahí fuera (desgraciadamente in crecendo); evitar las estadísticas como tales, ofreciéndolas sin más y sin un tratamiento profesional en la materia. Pero tampoco ‘olvidando’ el tema, ya que es un problema social.



[1] CIE: Clasificación internacional de enfermedades 


[2] Enfermedad Mental. Aspectos Médico-Forenses. Fernado Rodes Lloret

DEPRESIÓN: LA ENFERMEDAD DEL S.XXI (II)
Ana Quevedo
Periodista de Sucesos y Tribunales. Licenciada en Criminología y profesora de Lengua/Literatura e Historia de las Civilizaciones



Cuando tu hijo te dice que tiene hambre y no tienes nada que darle. Cuando te rompen tus sueños e ilusiones. Cuando no tienes ni un euro para pagar los recibos de agua y luz. Cuando te desahucian porque no puedes hacer frente a los pagos de la hipoteca. Cuando… Es cuando la persona, el ser humano, sea cual sea su condición social, se sumerge en un mundo de apatía, desgana, desilusión… Se sumerge en un episodio de depresión mayor que sin la ayuda social, institucional y profesional es difícil salir. En el último Congreso Nacional de Psiquiatría (celebrado en Bilbao, España) -con presencia de unos 2.000 psiquiatras de toda España- se puso de manifiesto que la crisis económica estaba causando serias afecciones a la salud mental de los ciudadanos, siendo la crisis el principal factor desencadenante de los intentos de suicidios. 

¿Cuál es la somatización de la depresión? Trastornos de sueño (insomnio o hipersomnia), fatiga, aumento o disminución del apetito, pérdida o incremento de peso, dolor, molestias gastrointestinales y muy asiduamente la disminución de la líbido. 

Sin duda, la depresión es el principal condicionante (además de otros factores, pero con menor incidencia, como los antecedentes familiares). Los criterios para el diagnóstico de la DEPESIÓN MAYOR (DSM-IV-TR)[1] son: 

A. Presencia de cinco (o más) de los siguientes síntomas durante un período de 2 semanas, que representan un cambio respecto a la actividad previa; uno de los síntomas debe ser (1) estado de ánimo deprimido o
(2) pérdida de interés o de la capacidad para el placer. 

1. Estado de ánimo depresivo la mayor parte del día, casi cada día según lo indica el propio sujeto (p. ej., se siente triste o vacío) o la observación realizada por otros (p. ej., llanto). En los niños y adolescentes el estado de ánimo puede ser irritable. 

2. Disminución acusada del interés o de la capacidad para el placer en todas o casi todas las actividades, la mayor parte del día, casi cada día (según refiere el propio sujeto u observan los demás). 

3. Pérdida importante de peso sin hacer régimen o aumento de peso (p. ej., un cambio de más del 5 % del peso corporal en 1 mes), o pérdida o aumento del apetito casi cada día. Nota: En niños hay que valorar el fracaso en lograr los aumentos de peso esperables. 

4. Insomnio o hipersomnia casi cada día. 

5. Agitación o enlentecimiento psicomotores casi cada día (observable por los demás, no meras sensaciones de inquietud o de estar enlentecido). 

6. Fatiga o pérdida de energía casi cada día. 

7. Sentimientos de inutilidad o de culpa excesivos o inapropiados (que pueden ser delirantes) casi cada día (no los simples autorreproches o culpabilidad por el hecho de estar enfermo). 

8. Disminución de la capacidad para pensar o concentrarse, o indecisión, casi cada día (ya sea una atribución subjetiva o una observación ajena). 

9. Pensamientos recurrentes de muerte (no sólo temor a la muerte), ideación suicida recurrente sin un plan específico o una tentativa de suicidio o un plan específico para suicidarse. 

B. Los síntomas no cumplen los criterios para un episodio mixto. 

C. Los síntomas provocan malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo. 

D. Los síntomas no son debidos a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (ejemplo, una droga, un medicamento) o una enfermedad médica (ejemplo, hipotiroidismo). 

E. Los síntomas no se explican mejor por la presencia de un duelo (p. ej., después de la pérdida de un ser querido), los síntomas persisten durante más de 2 meses o se caracterizan por una acusada incapacidad funcional, preocupaciones mórbidas de inutilidad, ideación suicida, síntomas psicóticos o enlentecimiento psicomotor. 

Post relacionados: 














[1] Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, DSM

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