¿CUÁLES SON LOS MOTIVOS DEL CRIMEN EN SERIE?


Las motivaciones para el crimen en serie son todavía oscuras; aún existen muchas sombras en la investigación de estas conductas. Pero lo que sí parece evidente es que no tienen un único componente o móvil puramente sexual. Hay, al menos, otros dos de capital importancia y que son típicos del psicópata: la necesidad de sentir poder y control sobre sus víctimas y la sensación de vitalidad. Estas tres motivaciones están en íntima conexión con rasgos de la personalidad psicopática que ya hemos mencionado. Recordemos su exacerbado hedonismo: necesitan satisfacer sus impulsos sexuales (sean cuales sean) y lo hacen, utilizando para ello los medios e instrumentos necesarios.
En ocasiones, los actos de algunos asesinos en serie parecen tan esperpénticos y surrealistas que cuesta trabajo creer que los hayan cometido personas en su sano juicio, pero así es.
Recordemos también la percepción de sí mismos como seres superiores: ¿qué mejor modo de demostrarlo que teniendo el poder de decidir sobre la vida y la muerte, de pasar de víctima impotente a asesino omnipotente? La desfachatez y el descaro con que algunos asesinos en serie cometen sus crímenes y que tanto sorprende a veces no son otra cosa que la manifestación de su sentimiento de impunidad que les otorga su supuesta superioridad.
O su necesidad de excitación continuada: muchos asesinos en serie han descrito el acto de matar como el mejor modo de sentirse “vivo”, como una experiencia sensorial mejor que todas las drogas que han probado y con mayor poder adictivo, de tal modo que la mayoría de ellos reconocen abiertamente que volverían a matar en cuanto tuvieran oportunidad de hacerlo. Sin embargo, y a pesar de la aparente monstruosidad de estos criminales, han llegado a ser conocidos como “los chicos de al lado”, en alusión al fenómeno que supone su perfecto camuflaje social: “¿cómo es posible que mi vecino, o mi amigo, o mi tendero, haya matado a veinte personas? Es imposible, deben estar equivocados, . ¡si es tan simpático y amable!”, es un comentario repetido multitud de veces en boca de las personas que conocían al asesino.
Teniendo presentes estas características, pueden empezar a colegirse algunos motivos para estos comportamientos. Así, algunos crímenes absurdos son puramente impulsivos, propios de psicópatas primarios incapaces de controlar su agresividad ante la existencia de estímulos que provoquen en ellos reacciones negativas. De este modo, el incidente más pequeño (una discusión de tráfico, un comentario contrario a su línea de pensamiento, incluso un gesto o una mirada malinterpretados) puede generar una respuesta tremendamente violenta.
Otro de los motivos que aducen ciertos asesinos en serie es algo tan banal como la curiosidad, en sus propias palabras “deseaba saber qué se sentía al matar a otra persona”. Esta razón para el asesinato está íntimamente ligada con la necesidad de excitación continuada de la que ya hemos hablado, esa continua búsqueda de emociones nuevas que es uno de los puntos de referencia de la vida del psicópata y que comienza a despuntar en la etapa adolescente, por lo que puede encontrarse en la base de sus carreras criminales.
En ocasiones, justifican sus delitos por una necesidad de búsqueda de la fama que, como ya hemos visto, también caracteriza a muchos psicópatas, que ven en la gran repercusión periodística de sus crímenes el vehículo perfecto para colmar sus ansias de vanidad.
Algunos crímenes son explicados por simple hastío. En estos casos, más que la satisfacción del deseo de sentir nuevas emociones se trasluce ese sentimiento de superioridad manifiesta tan característico del psicópata, y que le “autoriza” a decidir sobre la vida y la muerte en función de sus peculiares apetencias. En el espejo de estos asesinatos se refleja fielmente su imagen: son crueles, fríos, demostradores del nulo valor otorgado a la vida humana y del vacío emocional que padecen sus autores.
El asesino en serie es con seguridad un tipo especial de psicópata que en muchos casos tiene, además de un grado muy elevado del trastorno, una capacidad de autocontrol superior a la del resto de psicópatas y una increíble capacidad de adaptación al medio. Esto les permite conseguir sus fines una y otra vez, esquivando a veces durante muchos años a la policía, y les convierte en auténticos “parásitos sociales”, una plaga prácticamente indestructible con los medios de contención actuales; lo que sin duda alguna les vuelve especialmente letales y peligrosos para la estructura social.

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