II Congreso Internacional de Menores infractores y violencia juvenil


Por Nuria Querol

Los días 7 y 8 de noviembre, se celebró en Almoradí, el II Congreso Internacional de Menores Infractores y Violencia Juvenil organizado por Praxis Vega Baja. Entre las ponencias y talleres impartidos por expertos en criminología, derecho, educación social, psicología, emergencias y medicina, se realizó un taller sobre “Violencia Intrafamiliar: prevenir el futuro agresor desde indicadores de violencia animal”. Durante dicho taller se exploraron los ámbitos en que puede detectarse maltrato a animales: puede tratarse de un continuo de abuso dentro de la familia, puede ser perpetrado por un menor con comportamiento violento, puede tratarse de un menor en riesgo. Finalmente, se exploró cómo el vínculo entre los menores y los animales puede tener un efecto protector e incluso terapéutico. En este primer artículo, repasaremos el maltrato a animales como continuum de la violencia familiar. La Academia Americana de Pediatría (AAP) reconoce que “ser testigo de violencia doméstica puede ser tan traumático para el niño como ser víctima de abusos físicos o sexuales” pues los patrones de las alteraciones en los niños/as expuestos a violencia son superponibles al patrón descrito en los niños y niñas víctimas directas de abusos (Jaffe, 1986; Hughes,1989; Salzinger,1992; Wolfe 2003, Davies, 2008). Dentro de ser testigo de violencia, se incluye ser testigo de maltrato a los animales (por ejemplo, ya se recoge en el nuevo Protocolo de Atención al Menor en Situación de Riesgo de Olesa de Montserrat). En un estudio en 23 familias en un área de servicios sociales donde se detectó maltrato a animales se detectó que un 82% de las familias tenía seguimiento por Servicios sociales con menores en riesgo. Otro estudio del Department of Children and Families del Estado de New Jersey evaluó 53 familias y se observó que en el 88% de las familias con maltrato físico a menores, también existía maltrato animal. Existe un mayor porcentaje de incidentes con perros en hogares donde los animales son maltratados. En un estudio en nuestro país (Querol et al. 2012) también se detectaron problemas de comportamiento en perros que estaban en hogares violentos, especialmente fobias, enuresis y agresividad. Este hecho actúa como factor victimizante para las mujeres. En un estudio clásico de Ascione y colaboradores, se detectó que el 86% de mujeres maltratadas relataban incidentes de maltrato a animales al llegar a casas de acogida. La cifra de menores que relataba hechos similares es del 63%. 

Los agresores de pareja que maltratan animales son más controladores y llevan a cabo más conductas violentas: violencia sexual, violencia emocional, acoso (stalking) y violación dentro de la pareja (marital rape). En otro estudio en una muestra de 860 estudiantes universitarios en 3 universidades en California, Ohio y Nebraska se detectó que el 60% había sido testigo o autor de maltrato a animales en infancia y que éstos también habían sufrido maltrato infantil o habían sido testigos de violencia doméstica.

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