ENFERMEDAD MENTAL vs VIOLENCIA


Por    Ana Quevedo

Periodista de Sucesos y Tribunales. Licenciada en Criminología y profesora de Lengua/Literatura e Historia de las Civilizaciones

ENFERMEDAD MENTAL vs VIOLENCIA (VII): internamientos legales

 


Desde la perspectiva legal, es necesario analizar (aunque de manera breve) las cuestiones jurídicas en las que se encuentran los enfermos mentales. La ley 1/2000 de 7 de enero de Enjuiciamiento Civil (artículo 763) trata de dar respuesta a la problemática de las personas que padecen un trastorno psíquico (hayan sido o no declarados incapaces) para proporcionarles una asistencia sanitaria (prescindiendo de su voluntad) y también para dispensar a su familia y a la sociedad en general la protección conveniente frente a los riesgos presentes o futuros de la conducta de ellos en situación de libertad.

El artículo 763 de EC regula los internamientos de las personas que padecen un trastorno psíquico y no poseen la capacidad de decidir por si mismos si precisan tratamiento en régimen de internamiento. Son internamientos involuntarios en los que la ley exige siempre autorización judicial, incluso en personas sometidas a la patria potestad o a tutela. La autorización ha de ser previa al internamiento y el juez debe examinar directamente a la persona necesitada de tal internamiento, además de oír el dictamen de un facultativo (designado por él) para formar un juicio válido sobre la necesidad. Sin embargo, pueden existir situaciones por 'razones de urgencia' y que hacen necesario el inmediato ingreso del enfermo; por lo que el internamiento será sin autorización judicial, pero comunicándolo al juez. Los médicos psiquiatras responsables del enfermo internado deben informar periódicamente al tribunal (como mínimo, cada 6 meses) de la necesidad de proseguir con dicha medida. La ley expresa que el alta del enfermo es competencia exclusiva de los facultativos.

Existen dos tipos de Internamiento psiquiátrico:

Voluntarios: se establecen por contrato entre el paciente y el médico. El alta hospitalaria se produce por acuerdo mutuo entre ambas partes (paciente y facultativo que le ha tratado). Si no existe acuerdo, prevalece la voluntad del paciente.

En este tipo de internamiento no hay intervención judicial. Aunque sí, en el caso de que durante el internamiento el paciente empeora de tal forma que se alteren las condiciones para otorgar su consentimiento de forma libre y consciente. Es decir, si el paciente pide el alta, no se le dará y, además, el facultativo está obligado a comunicarlo a la autoridad judicial como si se tratase de un 'ingreso involuntario urgente'.

Involuntarios: el juez no ordena el ingreso sino que lo autoriza. Aunque la existencia de una autorización judicial no obliga al facultativo a ingresar al enfermo, es aconsejable asesorar a los familiares de posibles alternativas. El alta de los ingresados de forma involuntaria responde a razones sanitarias, debiendo la institución sanitaria informar al juez acerca de la situación. En función de la urgencia para adoptar la medida, la ley prevé dos situaciones:

·              Internamientos involuntarios urgentes: se dan en situaciones en las que no se puede retrasar el internamiento sin que se deriven graves perjuicios para el propio enfermo y su entorno familiar y social. En estos casos no se precisa de autorizaciones judiciales previas, pero sí que se deben comunicar al juez en el plazo de las 24 horas siguientes ha dicho internamiento. La comunicación la hará el facultativo que ha tomado la decisión o el director del centro hospitalario y deberá recoger las circunstancias que han motivado el ingreso, el diagnóstico provisional, así como el tratamiento suministrado o que se vaya a suministrar.

·              Internamientos involuntarios no urgentes: en estos casos sí que se requiere la autorización judicial, sin la cual ningún centro podrá admitir a estos pacientes. Si durante el internamiento recupera la capacidad de decisión, su situación se convertirá en ingreso voluntario, pudiendo solicitar el alta. 


Hasta aquí hemos analizado el internamiento hospitalario, pero ¿qué sucede cuando una persona con una patología mental comete un delito, por lo que es necesario su ingreso en un centro penitenciario? La inteligencia y la voluntad son las bases psicológicas de la imputabilidad penal. Cuando se hayan abolido o estén gravemente perturbadas, la imputabilidad no existe. Por ello, toda alteración mental que afecte a estas funciones psicológicas es causa de inimputabilidad. 
Según explica Rodes[1], el examen psiquiátrico-forense no debe limitarse a evaluar exclusivamente a la capacidad volitiva y cognitiva, sino que debe ampliarse al resto de funciones psíquicas , así como deberá tener en cuenta las características del delito imputado para valorar de forma global como se encontraba la imputabilidad del sujeto en el momento dado de cometer los hechos delictivos. No se puede olvidar que aunque existen reglas generales para la imputabilidad de enfermedades mentales, es necesario señalar que cada situación es distinta a las demás, por lo que cada paciente requiere de un estudio individualizado. 


¿Y qué sucede con los enfermos mentales agresores menores de 18 años? No podrán ser juzgados a través del Código Penal, sino que se regirán por la ley del Menor. 
En el caso de los mayores de 18 años, el artículo 20 del Código Penal establece tres eximentes de Responsabilidad Criminal: 


·         El que comete la infracción penal a causa de cualquier anomalía o alteración psíquica por lo que no puede comprender la ilicitud del hecho o actuar conforme a esa comprensión. Pero no le eximirá en los casos de trastorno mental transitorio cuando haya sido provocado por el sujeto con el propósito de cometer el delito.

  • Si al cometer la infracción se encuentra en estado de intoxicación plena por el consumo de bebidas alcohólicas, drogas tóxicas, estupefacientes, sustancias psicotrópicas u otras que produzcan efectos análogos, al igual que en el caso anterior, no existirá eximente si la situación ha sido provocada por el sujeto con el propósito de cometer el delito.
  • Los que sufran alteraciones en la percepción desde el nacimiento o desde la infancia tenga alterada gravemente la conciencia de la realidad.

¿Cuál es la función de los Hospitales Psiquiátricos Penitenciarios?

En España sólo hay dos Psiquiátricos penitenciarios: uno en Sevilla, masificado en un 220% y el de Fontcalent, en Alicante, con un hacinamiento (según estimaciones sindicales) que supera el doble de ingresos estimados: está construido para atender a unos 250 internos pero que en la actualidad cuenta con más de 400 presos. En Cataluña también hay otro pero esta comunidad tiene cedidas por el estado las transferencias penitenciarias.

Decenas de profesionales y colectivos de apoyo a personas con problemas de salud mental han reivindica en repetidas ocasiones el cierre de los psiquiátricos penitenciarios como espacios de rehabilitación y ayuda a los internos y apuestan por alternativas como pisos tutelados o las unidades de agudos. de potenciar la recuperación de los internos ahonda en la exclusión".

 


[1] Fernando Rodes Lloret, médico forense y profesor asociado de Medicina Legal y Forense. Información extraída de su obra 'Enfermedad Mental'
 
 
ENFERMEDAD MENTAL vs VIOLENCIA (VIII): medios de comunicación[1]
 
 
Hace más de medio siglo que Jum Nunnally publicó sus investigaciones críticas con los medios por su inadecuada representación de la enfermedad mental. Nunnally comprobó que las descripciones que los medios presentaban de las causas, síntomas, tratamientos, pronósticos o efectos sociales de estos trastornos distaban mucho de las opiniones propias de expertos en materia de Salud Mental. Ya, a medidos de la década de los 50, Nunnally se atrevió a afirmar que “los medios evidenciaban una tendencia a enfatizar los síntomas más crueles de la enfermedad mental, incluso relacionarla directamente con la violencia”. Uno de los errores más frecuentes, aún presente en la actualidad, es la confusión de enfermedades mentales, por ejemplo una esquizofrenia y una personalidad múltiple.
Otro estudio más reciente (2007) realizado por Bernarso Carpiniello, Roberta Girau y María Orrù señala que la prensa italiana tiende a vincular los homicidios, suicidios, en sí la totalidad de los actos violentos a una condición psicopatológica del agente, incluso cuando no existe un diagnóstico oficial que lo justifique.
En España, Manuel Muñoz, Eloísa Pérez, María Crespo y Ana Guillén observaron en 2009 que un alto porcentaje de unidades informativas que trataban actos violentos y crímenes aludían a la presencia o ausencia de problemas mentales en la persona que los cometía. Es decir, al narrar un suceso violento, el hecho de padecer o no un trastorno mental cobraba mayor protagonismo. A pesar de que en la facultades de Ciencias de la Información, varias asignaturas (como Ética Periodística o Redacción Periodística) hacen especial hincapié en que no hay que especificar ni la nacionalidad ni las enfermedades mentales ni de víctimas ni agresores.
Por el contrario, la prensa irlandesa o la letona (según un análisis de 1995 de Meagher, Newman, Fee y Casey) señala que las informaciones de temas y casos psiquiátricos ofrecían valoraciones positivas o neutrales respecto a la enfermedad (en un alto porcentaje, entre el 70 y el 75%) y siendo escasa su vinculación con la violencia, peligrosidad o vulnerabilidad. Lo mismo sucede con la prensa argentina, en la que el término esquizofrenia era infrecuente que apareciese en la sección de Sucesos o que estuviera relacionada con la violencia.
Es llamativo el caso de Turquía, donde el contexto cultural afecta a las significaciones atribuidas por la prensa a la enfermedad mental. Por ejemplo, el empleo de esquizofrenia depende de la orientación religiosa, islámica o laica que tenga en sí el medio de comunicación. Según Omer Boke y Servet Aker, en 2007, esquizofrenia se usaba en los medios islámicos con una connotación menos negativa, aunque el uso metafórico tenía un sentido estigmatizante.
Es de especial interés el tratamiento televisivo. Por ejemplo, en series policiacas de EE UU (1979) la imagen del criminal si era etiquetado como enfermo mental era mucho más peligroso y violento que otro criminal que no padeciese ninguna patología mental. En 1989, Nancy Signorelli concluyó que los personajes con enfermedad mental representaban una pequeña proporción, sin embargo existía una alta probabilidad de que fueran causantes de crímenes violentos.
En 2001, Habe Pirkis analizó los informativos de Australia y comprobó que en tercera posición estaban las noticas policiales y de crímenes. Hoy en día continúa siendo similar, incluso hay revistas especializadas, secciones, programas exclusivos (y un largo etcétera) en los que prima la Crónica Negra. En España, Manuel Muñoz, Eloísa Pérez, María Crespo y Ana Guillén (2009) tras analizar varios programas informativos llegaron a la conclusión de que los estereotipos de peligrosidad eran más frecuentes en la televisión que en la prensa, y menor aún la incidencia en la radio.
Aún más grave e inadmisible son los programas infantiles en los que se hace referencia a la enfermedad mental con términos despectivos (estudio de Wilson, 2003 y 2007). Los personajes presentados como mentalmente enfermos eran caracterizados como atemorizantes o malos, así como de motivo de burla y escarnio. Las autoridades, así como el Defensor del Menor y las figuras (demasiado escasas) que existen en los medios de comunicación para proteger a los menores deberían tener especial cuidado con estos aspectos ya que desde la infancia se está socializando a los hombres del mañana con concepciones estigmatizantes de la enfermedad mental.
¿Cómo se justifica y a través de qué estrategias se realiza la asociación entre enfermedad mental y violencia en los medios de comunicación?
Sin duda, la falta de información es una de las causas primordiales de la asociación entre enfermedad mental y violencia. Falta de información desde varias perspectivas: carencia, incluso podríamos afirmar, que nula especialización de los periodistas en la materia de Salud Mental, así como falta de recursos tanto materiales como humanos para elaborar informaciones correctas. Es cierto que los medios de comunicación trabajan a 'contrarreloj' por lo que es casi imposible construir informaciones documentadas con opiniones y explicaciones de expertos. Los periodistas (en su gran mayoría) están de acuerdo y son conscientes de las representaciones negativas que conllevan la difusión de ciertas noticias. Aunque desde la perspectiva empresarial, el factor comercial gira en torno a la idea de que el sensacionalismo 'vende'.
Raymond Nairn hizo un estudio y concluyó que el uso de profesionales de la psiquiatría como fuente de información no garantiza que las noticias en las que aparecen enfermos mentales fuesen menos negativas. Según Nairn, a pesar de otorgar el estatus de expertos a los profesionales de la Salud Mental consultados, las palabras de estos son desvirtuadas “al integrarlas en repertorios interpretativos que actualizaban los estereotipos tradicionales de locura”.
Simon Cross analizó en 2004 como la enfermedad mental, concretamente la esquizofrenia, se presentaba en programas televisivos. Según Cross, aunque se utilizaban conceptos psiquiátricos actuales, se seguían utilizando concepciones históricas de locura. Incluso afirmaba que existía una “antropormorfización de la enfermedad” que tendría su origen en el arte pictórico; la reproducción de estos estereotipos visuales sería un intento de “visualizar lo inobservable”, según se desprende del estudio de Cross.
El lenguaje utilizado por los medios es esencial para asociar la enfermedad mental con la violencia y criminalidad. Este aspecto ha sido analizado por Riley Olstead (2002) y concluyó con la teoría de que la estructura narrativa se convierte en discriminatoria cuando se utilizan los pronombres “nosotros-ellos”; así como el empleo de los términos racionales-irracionales; así como la manipulación sintáctica que afecta a las atribuciones de responsabilidad y culpa, convirtiendo la enfermedad mental en un problema personal o el uso de estereotipos para categorizar y homogeneizar a las personas.
Es inadmisible aceptar que ante un drama se presente como peligroso a un personaje mentalmente enfermo. Ante esto, los medios de comunicación (esencialmente televisivos) utilizan una serie de técnicas: la música y efectos sonoros, la iluminación, el lenguaje, el montaje de la pieza televisiva, la perspectiva de los enfoques. Y no podemos olvidar que los medios de comunicación son esenciales a la hora de 'educar' a la población, es decir transmiten valores sociales




[1] Análisis presentado, por la autora del post, en el trabajo de investigación ‘Enfermedad mental vs violencia’ en la materia de Psicología Social en la Universidad de Alicante (2010-2011)
 
 
 
 

No hay comentarios:

También te puede interesar