Aspectos criminológicos de los trastornos de la sexualidad

Por Wakinaki Pl Cádiz

El abordaje del tema hay que hacerlo, desde la vertiente del agresor, cuya manifestación sexual anómala puede ser un elemento clínico más de una patología subyacente –o no- . Y desde la víctima, por lo que supone de coacción o agresión sobre su libertad sexual, por la gravedad de sus secuelas psíquicas y por la atención especial que se ejerce sobre su conducta -como provocadora o facilitadora de la acción agresora-. A la hora de estimar judicialmente las conductas sexuales “agresivas” es de los delitos donde la figura de la víctima cobra mayor importancia (Káiser).

Los niños, los adolescentes, las mujeres y los que sufren desordenes intelectuales están especialmente expuestos a violencias sexuales. Incluso en ocasiones puede hablarse del “recidivismo victimario” (Benezech) personas que son víctimas mas de una vez o reiteradamente. 

Para Kaiser, los delitos sexuales constituyen el 1% de las estadísticas policiales. Desde el punto de vista social y normativo, las conductas sexuales desviadas pueden ser más o menos peligrosas según sean ”intimas” (como el fetichismo o el transvestismo) o públicas (cómo el exhibicionismo). Conductas sexuales “agresivas” cómo el sadismo que puede traer consigo lesiones, violación, asesinato sexual… o la paidofilia que lleva al abuso de niños y asesinato posterior para evitar ser reconocido, tendrán mayor repercusión criminógena.


Es un hecho constatado que los delincuentes sexuales son reincidentes, siendo habitual el delito en un permiso carcelario o en el tercer grado. En el pronóstico de peligrosidad de los delincuente sexuales es cuando más fácil es acertar en el riesgo de que vuelvan a delinquir. Si su sexualidad está estructurada de forma patológica es lógico pensar que volverán a conducirse de la misma manera si no siguen un tratamiento para orientar su conducta de otra forma. Mientras están en prisión, además, sus fantasías sexuales se refieren a los delitos cometidos.

Igualmente están descritos crímenes por celos en homosexuales ya que suelen ser relaciones muy posesivas y apasionadas. Hasta el punto de que tratados antiguos de Medicina Legal llegaron a afirmar que “todo homosexual, de por sí, es peligroso” (Tratado de Bonnet) considerándose así por la posibilidad de ejercer proselitismo sobre personas jóvenes o inmaduras (antiguo delito de corrupción de menores) En el FBI se dice “30 puñaladas: crimen pasional.40 puñaladas: crimen homosexual”. 

El fenómeno de las denuncias falsas también puede darse en relación con los delitos sexuales. Es frecuente que se produzcan en procesos de separación y divorcio, que llegan a un grado de agresividad, chantaje y venganzas sorprendentes, denuncias de perversiones, abusos de hijos pequeños, etc. siendo difíciles de demostrar por ser conductas intimas y sin testigos. Por eso es importante el estudio de la veracidad del testimonio en estos casos sobre todo si la víctima es menor, enfermo o deficiente mental y no hay testigos.

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