TRAICIONES




“La traición no ha pasado de moda, es un cuchillo que sigue hiriendo ayer y hoy”

Por Vicente Garrido Genovés

Leo en el New York Times que Rachel Weisz y Daniel Craig han repuesto bajo la dirección de Mike Nichols (el director de películas de temáticas antaño osadas, como “El graduado”) una obra del dramaturgo Harold Pinter en Broadway, titulada “Traición”, que podría recaudar hasta 12 millones de dólares antes de su estreno oficial, una suma inaudita para una producción teatral. La traición es la de Emma a su esposo Robert, con su mejor amigo, Jerry. Me preguntó el porqué de su notable éxito: ¿Qué hay en ese argumento de toda la vida que siga suscitando tanto interés en el público, en una época como la actual, cuando la infidelidad está lejos de ser un escándalo ni, mucho menos, algo infrecuente o temerario?

El pasado miércoles tuve la oportunidad de dar una conferencia auspiciada por la Asociación Viktor Frankl de Valencia ante 250 personas: su contenido era la ruptura amorosa y sus consecuencias en los excónyuges y sus hijos. La idea esencial que transmití es que el fracaso de la relación no tiene que ser únicamente el final de algo, sino el comienzo de otra nueva senda, y no me refiero únicamente al hecho de poder encontrar otro amor, sino una nueva perspectiva sobre las cosas y sobre uno mismo. 

Las rupturas son muy frecuentes, y la causa fundamental es, sencillamente, que las personas esperaban ser felices en esa relación y, pasado el tiempo, descubren que no lo son. Que no tienen los mismos valores ni metas, que no disfrutan y se apenan por las mismas cosas, que no queda gran cosa una vez merma el deseo y la pasión. En suma, que nunca llegan a ser como los mejores amigos, quienes siempre desean compartir experiencias y hablar sobre lo que les ilusiona o emociona, que, aun sufriendo los embates del tiempo, saben restañar con un gesto generoso o una broma heridas pasadas o recientes. Muchas parejas, por desgracia, no tienen esa generosidad para con las debilidades del otro, porque nunca llegaron a coincidir en lo esencial, y la rutina les llevó a un resentimiento que se traslada también al divorcio, donde pelean sinsentido y en ocasiones con menoscabo de los intereses de los hijos.

Se comprende ahora el éxito de la obra de Pinter: la traición no ha pasado de moda, no se hace vieja, porque es un cuchillo que sigue hiriendo ayer y hoy. Pero no sólo me refiero a quien resulta traicionado, sino a la herida del que traiciona, porque quizás éste hace tiempo que vendió su futuro a una relación que no era la que ansiaba y necesitaba, pero que acogió porque le daba miedo o pereza romper o incluso no iniciarla, ya que estaba ahí, a mano, y se dejó llevar. Y cuando mira hacia atrás y ve con perspectiva, ha de decidir si es el momento de resignarse, o quizás de volver a intentarlo, de ser honesto, al fin, con uno mismo.

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