TEMPUS FUGIT



Por Vicente Garrido Genovés

“Si no estamos plenamente en lo que hacemos, diluimos nuestra propia existencia”

Leí en LAS PROVINCIAS ayer una noticia que comenzaba así: “ ‘Tu última conexión fue hace 5 minutos y yo te envié un whatsapp hace 10. ¿Por qué no me has contestado? ¿Qué estabas haciendo?’ ". Esto puede ser un ejemplo de lo que ocurre entre una pareja que se comunica por el chat instantáneo. El diario CyberPsychology ha realizado un estudio en el que se concluye que 28 millones de parejas rompen a causa de Whatsapp y Facebook”.

Bueno, las estadísticas igual no son muy fiables, pero está claro de qué modo los aparatos que creamos para nuestra comodidad pueden volverse en una fuente de ansiedad cotidiana. El tiempo no es infinito, y el secreto de aprovecharlo con plenitud consiste en hacer un uso humano del mismo. Esto, entre otras cosas, significa prestar atención a las cosas que hacemos, desde las más sencillas hasta, desde luego, las complejas, pero siempre haciendo acto de presencia como personas que sabemos estar ‘con alguien’. Esa sonrisa al vecino, esa pequeña conversación con el compañero de trabajo, ese encuentro más importante con el amigo que nos espera para contarnos alguna cosa que le preocupa. En todas esas situaciones el tono urgente del whatsapp o la llamada del móvil nos alejan de quien nos acompaña, y establecen pequeños traspiés a lo que hace años eran conductas diáfanas, sin obstáculos, donde nuestras horas se encarrilaban en el interés por quienes veíamos.

No voy a discutir la utilidad de estos artilugios; yo los uso, como supongo ustedes. Ni tampoco mencionaré el ya muy comentado desafuero de los que te cuentan la vida a grito pelado en el autobús, en el tren, o en otro lugar donde uno debería tener el derecho a imaginar lo que quisiera, o a leer, sin sufrir semejante agresión. Sabemos cuál es la base de esa rápida adicción, contra la que hay que luchar: el cerebro humano está preparado para generar expectativas que, si se cumplen, proporcionan un sentimiento de satisfacción mediante la apropiada liberación de química neuronal placentera. Pero, como con tantas otras cosas, hemos de gestionar esa libertad que tenemos para que no nos encadene a una pauta que nos torna ansiosos y dificulta nuestra claridad de pensamiento.

Dicho brevemente: cuando ‘necesitamos’ que alguien nos conteste en breves minutos al whatsapp o nos llame por el móvil (o en unas horas al correo electrónico) estamos cediendo nuestra capacidad de gestionar nuestro tiempo con tranquilidad, o lo que es lo mismo, nuestra libertad personal, porque ésta requiere de la adecuada paz interior para sentir la vida. El ser humano está hecho de tiempo, y si no estamos plenamente en lo que hacemos, diluimos nuestra propia existencia. Sé que todo esto es imparable, pero a lo mejor podemos comprobar qué sucede si dejamos a un lado el cacharro y miramos a los ojos a quien tenemos delante. Si podemos pasear y, simplemente, pensar. Si disfruto de esto que hago ahora, y de lo que haré a continuación, sin alertas insidiosas. Si decido que yo voy a vivir mi tiempo.

No hay comentarios:

También te puede interesar