LECTORES DE LA MENTE


“Los chicos con mejores notas también saben mejor leer la mente de los demás”.
Por Vicente Garrido Genovés.

Acabo de terminar un libro sobre el poder transformador de la lectura. En él se asegura que leer relatos nos hace estar “más alertas a la vida interior de los demás”. Esta idea se ha comprobado empíricamente mediante estudios que han empleado el escáner cerebral para averiguar qué sucede en nuestras mentes mientras nos sumergimos en el mundo de la ficción literaria. Según la investigadora que dirigía el estudio, leer con interés hace que “simulemos mentalmente cada nueva situación que encontramos en la narración”.

Según otra investigación, este efecto parece ser más intenso cuanto más exigente sea la literatura, en el sentido de presentar una mayor complejidad en los personajes y en las experiencias que los conforman. Todo ello tiene como resultado desarrollar nuestra habilidad para la “teoría de la mente”, es decir, para imaginar lo que piensa y siente la gente con la que nos relacionamos. Ese incremento de la empatía no se consigue con el uso de internet y el mundo virtual, según otros estudios.

¿Qué implicaciones tienen estos hallazgos para la sociedad? Es curioso que como modelo de escuela moderna se imponga el acceso a las más altas tecnologías, despreciando el beneficio inmenso de educar para el costoso pero progresivamente más gozoso hábito de leer. Los chicos que sacan mejores notas son aquellos que también saben mejor “leer la mente de los demás”, es decir, los que han desarrollado sus habilidades emocionales, ya que tanto éstas como la inteligencia académica dependen de la estimulación de la parte del cerebro que tenemos encima de los ojos, el córtex prefrontal.

En la vida diaria se observa la pobreza en el ejercicio de la capacidad de saber leer la mente de los demás y, lo que es más crucial, hacer el esfuerzo por tomar en consideración sus argumentos y necesidades. Por el contrario, lo que vemos en las trifulcas entre políticos y, en general en la relación entre dirigentes y ciudadanos, es un diálogo de sordos. Y todavía peor es la sensación general que tenemos de que tal cosa no va a cambiar fácilmente.

Una de las claves de la crisis en la que estamos inmersos ha sido la persecución egocéntrica de sus fines por parte de grupos establecidos de poder político y financiero. Una norma tan básica como “no actuar en perjuicio injusto de los demás” se quedó en el cajón, desdeñada, sólo aplicable a timoratos y “poco listos”. Y ni siquiera funcionaron los controles básicos de la vida económica, porque una moral narcisista lideraba todo. Pero ahora, cuando se precisa de una nueva generación que lidere el país del futuro, nos preguntamos si no hicimos mal en no insistir para que nuestros alumnos leyeran más y más profundamente, para que fueran mejores lectores de la mente.

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Admin Juan Antonio Carreras.

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