JÍBAROS


Por Fernando Alser Qualytel
(Vídeo auxiliar: http://youtu.be/O_3Fp7INBCQ)

Los Shuar (también conocidos como jíbaros, nombre asignado por los españoles durante la época de la conquista) son el pueblo amazónico más numeroso (aproximadamente  80 000 individuos). Los Shuar habitan entre las selvas del Ecuador y Perú. Los conquistadores españoles les dieron el nombre de jíbaros.

El territorio tradicional no está bien delimitado, se supone que se encuentra por las estribaciones de la cordillera hacia el oeste y se extiende hasta las cuencas del río Pastaza, Upano, Zamora y parte de los tributarios del Morona que se encuentran en Ecuador. Pero también hay grandes concentraciones de Shuar en territorio peruano, al norte de sus departamentos amazónicos.

Ni el Imperio inca ni España lograron controlar este territorio. En 1490 rechazaron a los incas y en 1549 hicieron fracasar las primeras incursiones españolas. En 1599 los Shuar dirigidos por Kirup expulsaron definitivamente de su territorio a los españoles, quienes les dieron el nombre de jíbaros (también jívaros o xívaros), como sinónimo de salvajes, porque después de matar a sus enemigos los Shuar practicaban el ritual del tzantza, consistente en cortar y reducir la cabeza.

En los últimos años, para los Shuar del Ecuador, la principal amenaza es la afectación de sus territorios por la expansión de la frontera petrolera.

Tradicionalmente el asentamiento fue disperso, zonificado de acuerdo a las relaciones de parentesco. Actualmente se integran a la estructura político administrativa de la Federación Shuar, y otras organizaciones como FINAE, OSHE, FIPSE, CISAE. Hay varias unidades llamadas "centros", vinculados en torno a una zona comunal, que es la plaza donde funcionan servicios tales como escuela, capilla centro de salud, campos de juego y lugar de reuniones sociales. Su territorio está delimitado por el número de familias que conforman y es reconocido por las autoridades.

La mitología Shuar está vinculada a la naturaleza y a las leyes del Universo, y se manifiesta en una amplia gama de seres superiores relacionados con fenómenos tales como la creación del mundo, la vida, la muerte, y las enfermedades.

El gran mundo espiritual de los Shuar es repetitivo. No creen en que el ser humano tenga un final. Creen que luego de nacer y cumplir su vida, no llegan a un estado permanente con la muerte sino que su espíritu, Arútam, es recibido por otro ser humano.

La reducción de cabezas es una tradición ancestral Shuar y tiene gran simbolismo. Cuando se enfrentan dos tribus Shuar por territorio o por otros motivos, el jefe vencedor toma la cabeza del jefe perdedor y procede a la reducción de la cabeza del mismo. El jefe Shuar se encarga de hacer la tzantza totalmente solo, en profunda meditación y ayuno. Los miembros de la tribu vencida pasan a ser parte de la tribu vencedora, sin que haya repudio o discriminación.

Para la reducción de la cabeza, los Shuar primero cortan la cabeza de su adversario. Luego, con un cuchillo, hacen un corte desde la nuca al cuello, tiran de la piel y la desprenden del cráneo, desechando el cerebro, ojos y demás partes blandas, además de los huesos, que no se pueden encoger. Se cosen los párpados y los labios para que no se separen y desgarren.

Una vez extraído el esqueleto cefálico y facial, hierve la piel así obtenida en agua mezclada con hierbas aromáticas, cortezas ricas en tanino y el jugo astringente del chinchipi, que es una liana tropical. Con esto se curte la piel y la putrefacción no tiene lugar. Al mismo tiempo la ahúma con chamiza y reza extensas letanías y cantos sagrados, apartado en un lugar escondido de la selva mientras va realizando pacientemente el ritual tzantza.

Luego coloca una piedra redondeada y caliente del tamaño aproximado de la cabeza dentro de la bolsa de piel humana que acaba de hacer y va planchando la parte exterior sobre este molde. Añade constantemente arena muy caliente por los espacios que quedan entre la piedra y la piel que se va encogiendo poco a poco.

Más tarde cambia la piedra caliente por otras de menor tamaño. Durante todas estas operaciones permanece abierto el corte que dio en la nuca. Cuando por encogimiento de la piel llega al tamaño requerido y la cabeza ha tomado la forma adecuada, con la última piedra da por terminado el encogimiento y sutura la incisión de la región occipital y nucal.


Se tiñe luego la cabeza reducida  en negro con carbón vegetal o negro de humo, se frota con aceite y se peina (el pelo se ha conservado perfectamente). A continuación hace un orificio en el vertex para sujetar allí un cordón del que la cabeza quedará suspendida. La cabeza así reducida y momificada adquiere una consistencia de cuero o cartón duro, conservando las facciones muy parecidas a las que tuvo en vida el individuo. La cabeza reducida termina teniendo el tamaño aproximado de un puño.

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