Definición de maltrato a animales y obstáculos en el estudio



Octubre es en EEUU el mes destinado a la concienciación contra la violencia familiar, incluyendo el maltrato a los animales. Antes de comenzar una serie de artículos destinados a la violencia familiar, creemos conveniente acotar una definición de maltrato animal para poner de manifiesto las dificultades que existen para acordar una definición universalmente aceptada. Dos de los pioneros en el estudio de la violencia hacia los animales, Lockwood y Ascione, empezaron a perfilar una definición del concepto de crueldad y una manera de medirla: “representa un comportamiento objetivable y definible que acontece en un contexto social igualmente definible” (Lockwood & Ascione, 1998: 443).

Ascione propuso una definición de crueldad hacia los animales que es la que se utiliza mayoritariamente en los trabajos de investigación: “comportamiento socialmente inaceptable que causa de manera intencional un sufrimiento, dolor o distrés innecesario y/o la muerte del animal”. La definición de crueldad en relación a los animales también debería incluir —según varios autores— los actos de maltrato por negligencia cuando existe la intencionalidad de causar daño (Ascione, 1993: 228; Vermeulen & Odendaal, 1993: 249) aunque en los últimos años, también se considera maltrato hacia los animales el Síndrome de Noé o hoarding (Patronek, 1999). Desde el punto de vista psicológico, diversos autores proponen que existe una diferenciación cualitativa digna de ser tenida en cuenta según se trate de animales invertebrados, vertebrados de sangre fría y vertebrados de sangre caliente (Ascione, Thompson & Black, 1997).

Lógicamente, desde el punto de vista de la víctima animal, ésta sufre por igual ya sea en la industria peletera, en el matadero, en un laboratorio o en la plaza de toros. De hecho, si la tortura perpetrada al toro en la plaza se infligiera en un perro o un gato, sería considerada delito según el artículo 337 del Código Penal en España . Para añadir más confusión y controversia en la conceptualización de la violencia contra los animales, la legislación es muy variable. En el CP de Arizona, se entiende por “animal” a mamíferos, aves, reptiles y anfibios.

En Alaska, la definición incluye a los vertebrados pero no a los peces. En el Estado de NY, el delito de crueldad hacia animales con agravantes hace referencia sólo a animales de compañía (perros, gatos y otros animales domesticados que viven en una propiedad del dueño o custodio). En otros estados, se incluyen los animales de granja y los de servicio y asistencia. Para añadir más dificultades a la conceptualización y el marco de estudio, nos encontramos con una lamentable situación según apunta Hensley (Hensley & Tallichet,2005): no todos los sociólogos y criminólogos han logrado entender completamente la importancia del maltrato a los animales, tanto empíricamente como teóricamente (Agnew, 1998; Beirne, 1995, 1996, 1999). Beirne (1995), por ejemplo, afirma que "muchos no ven que haya objeto de estudio del abuso físico y psicológico a animales" (p. 22).

Ascione (2001), uno de los más reputados expertos considera que el maltrato a los animales es “una forma significativa de comportamiento agresivo y antisocial que podría añadir una pieza más al puzzle del conocimiento y la prevención de la violencia juvenil" (p. 11). Además, como Lockwood y Ascione (1998) apuntaron, los actos de crueldad hacia animales son considerados como crímenes menores (Flynn 2000), limitando la cantidad de información sobre la naturaleza, extensión y dinámica de la crueldad hacia los animales.


En conclusión, podemos deducir que no es fácil adecuar una definición de violencia contra los animales que sea satisfactoria, homogénea y universal aunque, como muchos autores proponen cuando nos enfrentamos a un caso de violencia ¿por qué no actuamos siempre con el máximo beneficio hacia la víctima cualesquiera que sea su especie y proporcionándole la protección y dignidad que merece?

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