INCENDIOS Y PIRÓMANOS


Ana Quevedo
Periodista de Sucesos y Tribunales. Licenciada en Criminología y profesora de Lengua/Literatura e Historia de las Civilizaciones
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INCENDIOS Y PIRÓMANOS (I)

Durante todo el fin de semana pasado (24 y 25 de agosto) he estado recibiendo fotos que entristecen a cualquier persona, menos a los pirómanos: más de 2.100 hectáreas de vegetación calcinadas, casas rodeadas por las llamas, vecinos intentando apagar el fuego con ramas, bomberos, ejército (UME: Unidad Militar de Emergencias), nervios, temor, impotencia, desolación… Ha sido uno de los incendios más devastadores de Galicia (norte de España). Mi madre es de esa zona (Cualedro), y allí reside toda mi familia materna. Mi prima (Mª Elisa) tiene una granja de terneros y allí estuvo protegiendo su ganado mientras me retransmitía in situ lo que iba ocurriendo. Los tres incendios que rodearon varios municipios comenzaron a la vez en tres puntos diferentes, es decir tres focos distintos. Todo apunta (según han declarado los responsables políticos) que se debe a fuegos intencionados. Nada fortuito. [1]

¿Qué es un pirómano? ¿Qué es un incendiario? ¿Hay diferencias? ¿Cuáles son las motivaciones delictivas de la piromanía? En los siguientes post hablaré, desde un punto de vista criminológico, de cuáles son sus características, así como del perfil de un pirómano. Pero lo primero en lo que hay que hacer hincapié es en la diferencia entre un pirómano y un incendiario, ya que no es lo mismo aunque diariamente leamos en la prensa o escuchemos en la televisión o en la radio sólo el término de pirómano, aunque se trate de incendiarios. Su uso es incorrecto.

Un pirómano es una persona que padece piromanía, un trastorno que se caracteriza por el disfrute de provocar fuegos, así como de observar sus consecuencias. Quien los ocasiona tiene una enfermedad. Por el contrario, el incendiario es una persona que provoca un fuego de forma intencionada por algo y por tanto no disfruta al ver las llamas ni sufre una enfermedad.

Recuerdo cuando era pequeña, durante las vacaciones de verano, allí (donde ahora solo quedan cenizas en el recuerdo de bosques frondosos y verdes) se originaban pequeños incendios y todo el pueblo (hablamos de pequeñas aldeas, con 100/200 habitantes) iban/íbamos a sofocar las llamas. Este fin de semana ha ocurrido lo mismo y los vecinos (incluso de pueblos aledaños) han sido los primeros en enfrentarse al fuego para proteger sus casas y sus ganados. Galicia es una zona en la que todos los veranos se registran multitud de incendios, incluso en una misma semana puede tener activos hasta 150 de forma simultánea, como ha ocurrido esta semana en la provincia de Ourense, la zona más afectada de Galicia. Desde que comenzó el año hasta el 19 de agosto de 2013, los datos oficiales contabilizaban un total de 1.300 incendios (la mayoría de ellos conatos) en Galicia.

¿Qué impulsa a un ser humano a actuar así con relación a nuestros deseos y motivaciones? Desde siempre se han estudiado los procesos motivacionales para poder comprender un poco mejor a nosotros mismos; comprender nuestras reacciones, nuestros deseos, comportamientos, justificaciones y pensamientos. Siguiendo esa línea, se ha aprendido que hay múltiples y diferentes causas que empujan a una persona a actuar o a dejar de hacerlo. Son las motivaciones reguladoras de la conducta[2].

La piromanía es un trastorno mental relacionado con la falta de control de impulsos. Según el DSM-IV-TR debe cumplir los requisitos siguientes[3]:
·         Provocación deliberada e intencionada de un incendio en más de una ocasión: una característica del perfil estará basada en la historia incendiaria del individuo, posiblemente ascendente debido a su naturaleza.
·         Tensión o activación emocional antes del acto: difícil de perfilar, ya que esta activación puede cursar con muchas otras cosas.
·         Fascinación, interés, curiosidad o atracción por el fuego y su contexto situacional: así será un individuo asiduo a escenarios de incendios, posiblemente visto por los servicios forestales o de bomberos de la zona de residencia, es probable que no viva en zonas urbanas por la dificultad de ver los incendios.
·         Bienestar, gratificación o liberación cuando se inicia el fuego o cuando se observa o se participa en sus consecuencias: será un individuo que se aproxime a los incendios, que se comporte de forma extraña e incluso de forma excesivamente valiente y osada, haciéndose pasar por un voluntario o ayudante de forma falsa, ya que su única intención es poder verlo desde primera fila. Los sentimientos de gratificación serán difícilmente objetivables a no ser que los anuncie por sí mismo o se le capte in fraganti en el estado eufórico.

En el caso de los pirómanos, el fuego NO se provoca ni por móviles económico, ni como expresión de una ideología socio-política, ni para ocultar una actividad criminal ni para expresar cólera o venganza, para mejorar las propias circunstancias de la vida, o en respuesta a una idea delirante o alucinación o como resultado de una alteración de juicio, por ejemplo una demencia un retraso omental o una intoxicación por sustancias. Estas    características sí que se podrían dar en los incendiarios, pero NO en los pirómanos.

La provocación de un incendio no se explica por la presencia de un trastorno disocial, un episodio maníaco o un trastorno antisocial de la personalidad. Este punto, y según Elena Garrido Gaitán, es interesante para determinar una posible intencionalidad que anularía dicho diagnóstico.

Nota aclaratoria: la fotografía que acompaña este post es real. Se trata del incendio ocurrido el 24 de agosto en Cualedro, concretamente en el término de San Martiño (foto de  M. Feijóo) 


Les recordamos que la segunda parte del post se publicará a las 15.00 horas (México) y 00.00 horas (España). Se hablará del perfil del pirómano, así como de las estadísticas de incendios y sus consecuencias


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INCENDIOS Y PIRÓMANOS (II)

Las características de la personalidad de los pirómanos están relacionados con su motivación delictiva y su objetivo final: el fuego. Para Elena Garrido, son personas vigilantes regulares del fuego de sus vecindarios, pueden provocar falsas alarmas, pueden ser apreciados por las instituciones, el equipo y el personal asociado con la extinción de incendios o pueden pasar tiempo en el departamento de bomberos, convertirse en bomberos voluntarios e incluso provocar incendios para relacionarse con los miembros de dicho cuerpo.

El pasado 2 de agosto se detuvo a un joven agente de la Guardia Civil por provocar 19 incendios forestales en Madrid (capital de España) en apenas dos semanas. Fueron sus propios compañeros de cuartel los que sospecharon de él al ver que actuaba de una forma extraña. Aprovechaba sus días libres para salir al monte, amontonar hojas y prenderles fuego. Cuando fue detenido, confesó su autoría y declaró que tenía  “un impulso irrefrenable de hacer fuego ya desde pequeño”.

El pirómano hace exhaustivos preparativos antes del incendio (característica que chocaría con la impulsividad del trastorno). Presentan una total indiferencia ante las consecuencias del fuego sobre la vida humana, propiedad o bien. Obtienen satisfacción ante dicha destrucción y pueden llegar al punto de atentar contra la propiedad y las personas sin valorar dichos actos. Para Garrido, pueden tener una historia de evolución con incidentes pirómanos, con inicio en la infancia, bien sea ascendente o descendente.

¿Cuál sería el perfil de un pirómano? Además de todas las características expuestas anteriormente y en el post I, otras de las características serían:
·         Conocen las motivaciones exactas para la comisión del delito: no hay evasión de datos ante la justicia, aunque no los especifiquen o los relaten.
·         Suelen tener un cociente intelectual inferior a la media, sin llegar al retraso mental (en este caso se invalidaría el diagnóstico clínico).
·         Es más frecuente en varones.
·         Suelen tener historias de falsas alarmas, simplemente por ver cómo se pone en marcha el dispositivo.
·         Interés por herramientas y materiales característicos de la extinción de incendios
·         Es más frecuente la conducta incendiaria en otros trastornos psiquiátricos que en la conducta pirómana
·         Puede estar asociado al alcoholismo y a actos delictivos de otro tipo, como la falta de control de impulsos
·         Relación con alteraciones médicas: hipoglucemia, déficit de serotonina (5HT) y disfunciones del lóbulo frontal.

Para T. Toutin existen cuatro tipos de perfiles criminales (I.-Violencia física grave; II.-Violencia sexual; III.-Destrucción de bienes; IV.-Violencia Moral). Los pirómanos estarían englobados en el perfil III. El perfil que hace, según las diferentes variables sería:
·         Edad y sexo: varia entre los 20 y 60 años. Mayor incidencia en varones. Las mujeres serían minoría pero en caso de hacerlo estaría relacionado con el vandalismo.
·         Socialización y familia. Inestable emocionalmente e impulsivo. Sufre problemas económicos, independientemente de la clase social, lo que hace que aumente su motivación delictiva
·         Inteligencia. Media o baja, pero es listo en general
·         Personalidad. Trastorno antisocial. Rasgos generales: egocéntrico, impulsivo, manipulador, oportunista, susceptible, no se siente ansioso, ni culpable de sus actos, aún menos remordimientos. Lo que busca son sensaciones y riegos.
·         Suelen existir antecedentes judiciales o psiquiátricos
·         Presenta aspectos psicopatológicos colaterales, como psicosis paranoide, esquizofrénicas o demencias orgánicas.

Las estadísticas oficiales hechas públicas recientemente son más que preocupantes para que la Administración lleve a cabo una política criminológica adecuada y urgente y es que la mano del hombre está detrás del 96% de los siniestros forestales que se registran en España y del 60% de la superficie quemada. De ellos, un 23% se deben a descuidos y el 55% son provocados. Solo en el mes de julio se produjeron la mitad de los 4.414 fuegos registrados en el primer semestre de 2013, frente a los 7.950 de media del periodo 2002-2012 (datos a fecha del 10 de agosto hechos públicos por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente).

Lo ocurrido en Ourense el pasado fin de semana (24 y 25 de agosto) es una tragedia medioambiental: a partir de 500 hectáreas se considera un incendio de calificación grave; en apenas 24 horas en aquélla zona se quemaron más de 2.100 hectáreas. Una hectárea equivale a un campo de fútbol. Demasiada naturaleza calcinada.

Según los datos que dispone el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) –principal organización para la conservación del medioambiente- solo se identifica un 9% de los causantes. Para la WWF, la única manera de prevenir el fuego es aplicar “castigos ejemplares, mayor investigación y la aplicación de las condenas del Código Penal”, considera Diana Colomina, coordinadora de restauración forestal de WWF.[4] Pero desde una perspectiva criminológica, el castigo no es la solución a la piromanía. Es necesario una política de prevención y concienciación, la investigación y las causas del por qué y el cómo. Un endurecimiento en el castigo no va a evitar, nunca, que el 55% de los incendios dejen de ser provocados.


Nota aclaratoria: la fotografía que acompaña este post es real. Se trata del incendio ocurrido el 24 de agosto en Cualedro, concretamente en el término de San Martiño (foto de  M. Feijóo) 




[2] Psicología Criminal, coordinadores: M.A. Soria Verde y D. Sáiz Roca
[3] Ídem (1). ‘ Decisión individual del delincuente y motivación delictiva’, por Elena Garrido Aitán (psicóloga y perito forense)
[4] Declaraciones realizadas al periódico El País (11 de agosto 2013)

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