TRAUMA Y DUELO: EL ACCIDENTE FERROVIARIO DE GALICIA


Ana Quevedo
Periodista de Sucesos y Tribunales. Licenciada en Criminología y profesora de Lengua/Literatura e Historia de las Civilizaciones
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TRAUMA Y DUELO:  EL ACCIDENTE FERROVIARIO DE GALICIA (I)

Una de las optativas que tuve durante la licenciatura de Criminología fue Intervención en crisis y respuestas al trauma de las víctimas y de los profesionales. Estos días ha ocurrido una desgracia en España (concretamente en Galicia: un accidente ferroviario que se ha cobrado, por el momento, la vida de 79 personas y otros 177 heridos (de ellos, aún están en estado crítico 22 personas)[1]. Es en estos sucesos donde se aplica la Intervención en crisis, que tiene que ser inmediata y por eso varios equipos de psicólogos se desplazaron hasta el lugar de los hechos[2] (la intervención también es duradera en el tiempo a través de terapias y sesiones, acompañadas de medicación).
Víctimas directas, indirectas y población en general van a tardar mucho tiempo en poder borrar de sus mentes el drama humano ocurrido el pasado 24 de julio, vísperas del patrón de Galicia: Santiago Apóstol. En los siguientes posts, intentaré analizar –como siempre de forma breve- la terminología, las consecuencias psicológicas derivadas de este hecho, así como la respuesta que deben dar los profesionales (entre ellos los criminólogos) a las víctimas.
¿Qué es un trauma? Es una reacción psicológica derivada de un suceso traumático que provoca la pérdida de dignidad, la integridad del Yo o de la seguridad en nosotros. Un trauma aparece tras un acontecimiento negativo, intenso, brusco, inesperado, incontrolable, desconocido e inhabitual; una situación que pone en peligro la integridad física y/o psicológica de una persona; la persona es incapaz de enfrentarse a ese suceso, que le produce intensas emociones de terror e indefensión. Incluso, y según el profesor de la Universidad de Alicante (UA, España), Pascual S. Hilario Meca, “existe una falta de respuesta psicológica adecuada para enfrentarse al suceso”.
Los sucesos traumáticos más habituales no intencionados son accidentes (de tráfico o choque de trenes) o catástrofes naturales (como los incendios). El otro tipo, son los intencionados: terrorismo, torturas o secuestros, entre otros; estos últimos son más difíciles de superar, más duraderos, agravan el trauma y provocan la aparición de sentimientos de ira y venganza.
Decenas de voluntarios (no pertenecientes a las Fuerzas de Seguridad ni a los Servicios Sanitarios), personas anónimas, población que estaban en sus casas o en sus trabajos fueron los primeros en atender a las víctimas del accidente ferroviario. Estas personas, que también son víctimas indirectas, están empezando a sufrir patologías como el estrés agudo debido a la Traumatización vicaria, es decir, el impacto del trauma en la persona que ayuda a la víctima. Para la psicóloga de Emergencias, Miriam González, se trata de “reacciones normales tras presenciar un acontecimiento anormal o catastrófico”. Al igual que las primeras 24 horas en una enfermedad física son esenciales, las primeras 24 horas emocionales son claves para que la víctima pueda afrontar un hecho de una manera u otra. “Nuestro cerebro tiene que asumir lo antes posible la realidad para dar respuestas positivas”. Hay que aceptar la información, por muy dura que sea y salir del estado de negación y aceptar que la vida ha cambiado. La teoría es sencilla, pero la práctica no tanto. ¿Cómo se le explica a una madre que ha perdido a su hijo/hija de 20 años? ¿Cómo se le explica a un hombre que su futura esposa, con la que se va a casar en menos de 48 horas, que ha fallecido en el accidente? ¿Cómo se explica a 79 familias que sus seres queridos han fallecido en un trágico accidente? ¿Cómo?
En estos casos las estrategias de afrontamiento positivas son esenciales en los sucesos traumáticos. A medio-largo plazo: la aceptación del hecho y resignación, compartir el dolor y la pena, la reorganización del sistema familiar y de la vida cotidiana, la recognitivización positiva del suceso, establecer nuevas metas y relaciones, búsqueda de apoyo social o implicarse en grupos de autoayuda. Y a corto plazo, la función de los profesionales es escuchar a las víctimas, darles consuelo, que no se sientan solos ni atrapados en una ‘jaula’ por los recuerdos del pasado. Un abrazo, un beso. Un hombro donde llorar. Es difícil, y más en un accidente de estas características donde las imágenes son permanentes, los recuerdos presentes, así como la sobreinformación (mucha de ella innecesaria) que aportan o difunden los Mass Media.
Las Fuerzas de Seguridad, que suelen tener una preparación específica para afrontar situaciones de riesgo y dramas/tragdias, también pueden sufrir episodios de estrés diferido provocado por la anestesia. Este tipo de estrés, a largo plazo, tiene consecuencias perjudiciales. Algunos casos se han dado en el 11S (los atentados del World Trade Center de Nueva York) o el 11M (los atentados de Atocha, en Madrid). El estrés diferido aparece en porcentajes elevados en los soldados a su regreso a casa después de una guerra. En el accidente ferroviario de galicia, algunos policías han declarado que “lo que allí vieron, nunca se borrará de sus cabezas”.
En la segunda parte del post, hablaremos de las fases del duelo y el método Kübler-Ross (a las 23.00 horas España; 15.00 horas México)
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 TRAUMA Y DUELO:  EL ACCIDENTE FERROVIARIO DE GALICIA (II)


¿Qué es el duelo? Es una reacción adaptativa natural, normal y esperable ante la pérdida de un ser querido. El duelo provoca depresión, ansiedad generalizada, crisis de angustia, abuso de alcohol y/o fármacos, incluso aumenta el riesgo de muerte debido a problemas cardíacos o, en ocasiones, el suicidio.

Las cinco etapas o fases del duelo que se estudia en las Universidades es el modelo Kübler-Ross, de la psiquiatra suiza-estadounidense Elisabeth Kübler-Ross[3]. Este modelo se conoció en 1969 a través de su libro On death and dying, donde describe las etapas como un proceso por el cual la gente lidia con la tragedia (sobre todo cuando se diagnostica una enfermedad terminal o una pérdida catastrófica)
Las fases del duelo son:

1. Fase de Negación (‘Esto no me puede estar pasando, no a mí’). Negarse a sí mismo o al entorno que ha ocurrido la pérdida. Se trata de una defensa temporal para el individuo
2. Fase de enfado e indiferencia (‘¿Por qué a mí? ¡No es justo!’). Euforia, enfado o ira por no poder evitar la pérdida. En la segunda fase, el individuo reconoce que la negación no puede continuar.
3. Fase de Negociación. Negociar consigo mismo o con el entorno, entendiendo los pros y contras de la pérdida. En esta etapa, el individuo involucra la esperanza.
4. Fase de Dolor Emocional (Extraño a mis seres queridos, ¿por qué seguir?’) Se experimenta tristeza y dolor por la pérdida, incluso depresión. El individuo puede volverse silencioso, rechazar visitas y pasar mucho tiempo llorando y lamentándose. Este proceso permite a la persona desconectarse de todo sentimiento de amor y cariño. No es recomendable intentar alegrar a una persona que está en esta etapa. Es un momento importante que debe ser procesado.
5. Fase de Aceptación (‘No puedo luchar contra la realidad’). Se asume la pérdida, pero jamás se olvida.

Las fases hay que pasarlas una a una y si es posible en el orden expuesto para superar la pérdida de la forma más rápida y correcta, pero no siempre es así. El duelo suele durar entre dos y 12 semanas, dependiendo de la pérdida. Si en seis meses no cesan los síntomas, es necesario tratamiento psicológico ya que el duelo se puede convertir en depresión severa.
Algunas estrategias específicas de uso especial para superar el duelo son: escribir, dibujar, los libros de autoayuda (denominados como biblioterapia), incluso los animales, ya que estos permiten expresar cariño, sentimientos y una socialización obligada.
Lo que la Intervención en crisis nunca debe hacer es ofrecer la probabilidad estadística como forma de alivio, ya que desde el punto de vista psicológico de la víctima si algo le ha ocurrido, puede volver a ocurrirle.

Sin duda, el accidente ferroviario de Galicia causará un alto porcentaje de estrés postraumático completo o alguno/s de sus síntomas en las víctimas (reexperimentación del accidente, insomnio, embotamiento emocional, sensación de desapego de la realidad, irritabilidad o hipervigilancia). Y ¿cómo ayudamos a una persona en duelo? Debemos ofrecerle nuestro interés y comunicación para que la persona pueda compartir lo que quiera. Pero también debemos saber que lo que vayamos a decir a la persona no le va a aliviar instantáneamente el dolor, pero tenemos que estar ahí, a su lado, escucharle y mostrarle cariño.

A veces las palabras sobran y si no se sabe qué decir, es mejor no decir nada. Los psicólogos dicen que reconforta más un acompañamiento en silencio, un abrazo o una mano en el hombro que una frase hecha. Hay que dejar a la persona que exprese las palabras de su dolor, que las  exprese con el dolor, con el llanto o con el enfado. Hay que sacar siempre las emociones, nunca dejarlas dentro. La recuperación será más temprana.


[1] Información sobre el suceso:
[2] Una joven psicóloga que se encontraba haciendo el Camino de Santiago fue una de las primeras en llegar para dar su apoyo a las víctimas.
[3] (1926-2004) Médica psiquiatra suiza, una de las mayores expertas mundiales en la muerte, en personas moribundas y en los cuidados paliativos. Fue pionera en el campo de investigación de las experiencias cercanas a la muerte.

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