¿EDUCAR EN VALORES PARA DISMINUIR LA DELINCUENCIA JUVENIL?


¿EDUCAR EN VALORES PARA DISMINUIR LA DELINCUENCIA JUVENIL? (I)
Ana Quevedo

Periodista de Sucesos y Tribunales. Licenciada en Criminología y profesora de Lengua/Literatura e Historia de las Civilizaciones



Estaba una señora limpiando los cristales de un establecimiento cuando un niño se acercó y escupió. La señora le dijo al pequeño “que eso no se hacía”, el pequeño la miró y su madre le espetó a la señora “usted no le regañe a mi hijo”. El niño (ni tampoco el adulto) pidieron disculpas.
Mucho se habla de educación en tiempos de crisis. Hace unos días leía el post del juez Calatayud ‘Un chaval que nunca se separa de su carpeta’[1]. Les explico, el juez Emilio Calatayud es conocido en España por sus sentencias ‘ejemplares’, basadas en la educación más que en el mero castigo; algunos ejemplos de sus sentencias son: condena a impartir 1.000 horas de clases de informática a estudiantes por crackear archivos a varias empresas; 100 horas de servicios a la comunidad patrullando junto a la policía local por conducir temerariamente y sin licencia: 50 horas dibujando un cómic contando la causa por la que le habían condenando; visitas a la planta de traumatología de un centro hospitalario por conducir un ciclomotor sin seguro de circulación o visitar durante una jornada completa a parapléjicos, hablar con ellos y sus familias para elaborar una redacción.

El post en cuestión hace una breve reflexión sobre jóvenes en centros de internamiento de menores (la mayoría con trastornos mentales debido al consumo de estupefacientes desde edades muy tempranas) y lo que puede suceder con los adolescentes cuando terminen de cumplir su pena y tengan que enfrentarse a la vida real, fuera de esas paredes donde están ‘protegidos’ tanto por especialistas como por el control de la medicación que toman a diario. ¿Qué ocurrirá cuando salgan a la calle y ya no tengan ese control y protección?

 Pero ha sido el comentario de un usuario el que me ha llevado a escribir este post. Dicho comentario dice: “(..) para un niño puede haber cosas más interesantes que aprender el teorema de Pitágoras, como pueden ser, según la edad, freír un huevo sin quemarse, alimentarse correctamente o conocer los peligros y consecuencias de las drogas. El teorema va a estar siempre en los libros de matemáticas y se puede repasar cuando se olvida, igual que se olvida dónde queda Sebastopol en el mapamundi, pero para eso están los libros, para buscar lo que no se sabe o no se recuerda. Pero aprender de memoria todos los códigos de Derecho, hoy es absurdo pues la memoria la tiene el ordenador y, si se queda pequeña, se le meten discos. Lo que hay que aprender es primero, lo que no está en los libros, y segundo, cómo usar los libros. Estos son, (deberían serlo), herramientas para usar cuando se precisan. Me refiero a libros de texto, no a novelas o tebeos”.
Actualmente existe una preocupación en la sociedad ante cualquier expresión de violencia en todos los ámbitos de la vida social, y más aún en menores. La Fiscalía General de España ya alerta de que es muy “arriesgado” valorar el número de diligencias preliminares incoadas para conocer y evaluar la evolución anual de la criminalidad debido a su cómputo (por ejemplo, un mismo hecho delictivo se pueden incoar varias diligencias preliminares al llegar la notitia criminis a Fiscalía por diferentes conductos: atestado original remitido a Fiscalía y copia cursada al Juzgado de Instrucción que posteriormente se inhibe; o si concurren varios menores como coautores; incluso, la mayoría de las aplicaciones tecnológicas permiten registrar una sola infracción por diligencias, aunque se hayan cometido varias). Durante los años 2009 y 2010 se incoaron un total de 110.212 y 105.879 diligencias preliminares, respectivamente; en el año 2011, la cifra es de 102.865. Y en cuanto a número de expedientes se ha pasado de los 34.019 y 32.259 de 2009 y 2010 a los 29.614 de 2011. [2] Si sacamos un cómputo estadístico, podemos decir que cada día de 2011 hubo 81 expedientes de menores en España. Una cifra más que escalofriante
¿Dónde radica el problema de la delincuencia juvenil? ¿En las familias? ¿En las aulas? ¿En la sociedad en sí? En el estudio ‘Violencia en menores: aspectos legales y psicosociales’[3] se concluye con la idea de que “hay que empezar por enseñar en valores de paz y convivencia en la escuela, inculcar desde todos los agentes de socialización valores y principios éticos de convivencia, respeto y solidaridad; (…) más que una cuestión de dinero y de medios, de lo que se trata es de reparar la fractura moral en la que viven adolescentes y jóvenes, ayudarles a reconstruir un universo de referencias éticas, ofrecerles un papel social digno, facilitarles la comunicación con el mundo de los adultos”.
Para Antonio Amor Peñalver, profesor de Educación Primaria y siete años de formación en el Proyecto Roma[4], aplicándolo desde 2008 en las aulas, “se debería enseñar el proceso lógico de pensamiento (Luria), es decir, a planificar el propio pensamiento (metacognición), y no sólo a pensar (cognición). También a socializar el aprendizaje para formar personas íntegras, autónomas y felices”. Y ¿cómo se hace? A través de los proyectos de investigación, se parte de “la curiosidad del alumnado para llegar al conocimiento compartiéndolo, socializándolo y viviendo los valores”, puntualiza Amor. Y ¿por qué no se aplica en todos los centros educativos si los resultados son positivos? Amor señala varios motivos “desconocimiento de otro modelo educativo, cada uno hace lo que le han enseñado, acarrea una formación muy extensa, la puesta en práctica rompe con el modelo tradicional, miedo al cambio, acomodación, entre otros”.
¿Están desapareciendo los valores humanos? Para el profesor Amor “los valores es algo que lleva inherente el ser humano. Los valores ni faltan ni desaparecen, simplemente cambian de jerarquía. En nuestra sociedad antes predominaban el respeto, la tolerancia o el esfuerzo; ahora están el materialismo, el egoísmo o el rechazo (de forma general)”.
Qué es más eficaz ¿una pena privativa de libertad o un castigo ejemplarizante? Está claro que el método ‘Calatayud’ es más que positivo: un adolescente que ha delinquido (siempre hablando de delitos no graves, y claro está no de sangre) y se le obliga a que aprenda a leer ¿será más positivo para lograr una mayor socialización y reeducación que si lo ingresan en un centro de internamiento durante varios meses?
En el post II de ¿EDUCAR EN VALORES PARA DISMINUIR LA DELINCUENCIA JUVENIL? (23.00 horas en España y 15.00 horas México) analizaremos el papel del criminólogo en el ámbito delincuencial del menor.
 
¿EDUCAR EN VALORES PARA DISMINUIR LA DELINCUENCIA JUVENIL? (II)

Ana Quevedo

Periodista de Sucesos y Tribunales. Licenciada en Criminología y profesora de Lengua/Literatura e Historia de las Civilizaciones


Con las Reglas Beijing (elaboradas por Naciones Unidas en 1985) empezó a formularse lo que fue un principio esencial por la Convención de Derechos del Niño en 1989 y, por tanto, de observancia obligada para todos los Estados firmantes: “la privación de libertad debe ser siempre la última ratio, esto es, debe imponerse cuando se hayan agotado todas las opciones educativas disponibles en el ámbito comunitario y, en su caso, debe imponerse siempre por el menor tiempo posible”.

 En España hay varios regímenes de internamiento[5]: centros y programas de Medio Abierto (LO 5/2000, regula la Responsabilidad Penal de los Menores). Las medidas judiciales se desarrollan en el entorno social del menor y se utilizan las redes comunitarias para favorecer los vínculos sociales y familiares, así como la participación en las entidades sociales; los centros de internamiento, denominados Centros de Ejecución de Medidas Judiciales (LO 5/2000) en los que se ofrece un contexto educativo favorecedor de la inserción social y familiar del menor, teniendo entre sus fines el desarrollo de la autonomía a todos los niveles y la reinserción social. Las medidas de internamiento pueden ser en régimen cerrado o semiabierto; o Centros de Ejecución de Medidas Judiciales en Régimen Terapéutico, para aquellos casos en que los menores presentan adicción a sustancias tóxicas o disfunciones significativas en su psiquismo, precisando de un contexto estructurado en el que poder realizar una intervención clínica individualizada que aborde de manera sistemática dicha problemática y favorezca el desarrollo psicosocial del menor (internamiento en régimen cerrado o semiabierto).

 En el año 2002, el informe del Defensor del Pueblo de España hacía referencia a 59 centros de internamiento (1.380 plazas); en el año 2004, el entonces Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, informaba de 85 centros de internamiento; en 2006, la Dirección General de las Familias y la Infancia cifraba en 97 el número de centros (2.881 plazas) y en el último informe realizado por la Dirección General de Política Social, de las Familias y la Infancia, se señalaba que en 2009 el número de centros era 114 (3.194 plazas). [6] Entonces el interrogante que surge es ¿si la creación de centros de internamiento es la única solución a la delincuencia menor? Creo que la respuesta es más bien negativa y los gobiernos e instituciones responsables deberían centrarse en una Política de prevención y educación juvenil. El juez Calatayud ya lo dice en su post: “hace diez años en Tierras de Oria (Andalucía) había un módulo de salud mental, ahora hay cuatro”.
¿Cuál es el papel de los criminólogos en el ámbito de los Menores? La criminología tiene mucho que aportar, no olvidemos que es una ciencia multidisciplinar que engloba varias materias (Sociología, Psicología y Derecho). De hecho, o por lo menos cuando yo estudiaba, teníamos una asignatura específica ‘Delincuencia y Responsabilidad Moral del Menor’ dónde se estudiaba desde los 0 años hasta la adolescencia; entre otros aspectos, la materia de estudio se centraba en la psicología del desarrollo y las claves del proceso socializador durante la primera, segunda infancia y adolescencia; el conocimiento y la comprensión del mundo y su relación con el desarrollo moral, la conducta prosocial y los actos antisociales en la segunda infancia y adolescencia, entre otros. Sin duda, es necesario abundar en el análisis empírico de estas realidades para poder hacer valoraciones mucho más ajustadas a la realidad y ello proporcionará información relevante sobre las distintas opciones para la intervención con jóvenes y menores infractores.

Si la prevención Secundaria es importante, aún más es la Primaria para detectar los factores de la delincuencia. En mi corto paso por la enseñanza en las aulas (impartí clase durante dos años y traté a cerca de 200 alumnos de edades comprendidas entre 14 y 17 años) pude comprobar como la enseñanza (desde los primeros años de vida) es primordial para el desarrollo de las personas: no vale decir, sin hacer nada más, que con el paso de los años cambiará la actitud y las acciones de un niño cuando ya de pequeño es problemático. Un mínimo porcentaje (según un breve estudio que hice a nivel personal de los alumnos con los que compartí aulas) tenían un alto riesgo de cruzar la fácil barrera de lo legal a lo ilegal. Y no me equivoqué, desgraciadamente.

Nuestros niños son el futuro, nuestro futuro, el de todos; y si desde pequeños no les enseñamos a cuidar la sociedad y a concienciarles de lo que está bien y lo que está mal, ese será el futuro que nos espera. Y aunque las estadísticas (expuestas en el post I) reflejen una pequeña disminución de diligencias preliminares y expedientes, son todavía demasiados los casos que se registran en España. ¿¿¿Es un problema social, psicológico o penal???


[1] Link del post: http://www.granadablogs.com/juezcalatayud/2013/07/un-chaval-que-nunca-se-separa-de-una-carpeta/
[2] datos de la Memoria de la Fiscalía General del estado, presentada a finales de 2012 y correspondiente a los datos de 2011.
[3] Análisis elaborado por magistrados de Menores y catedráticos de psicología
[4] El Proyecto Roma está basado en la educación inclusiva, no sólo a nivel escolar, sino también en una dimensión social. Sus pilares fundamentales se basan, además de la educación inclusiva, en el trabajo cooperativo, le educación en valores y el desarrollo de la persona.
 
[5] Información extraída de la Fundación Diagrama que trabaja en la atención de las necesidades de personas vulnerables o en dificultad social, siempre desde la defensa y promoción de los Derechos Humanos. Web: www.fundaciondiagrama.es
 
[6] ‘El Internamiento de menores’, Esther Fernández Molina. Centro de Investigación en Criminología Universidad Castilla La Mancha (España)
 

No hay comentarios:

También te puede interesar