Caso Bretón

CASO BRETÓN (I): 40 AÑOS DE CÁRCEL Y SIN SABER DÓNDE ESTÁN LOS PEQUEÑOS RUTH Y JOSÉ

Ana Quevedo

Periodista de Sucesos y Tribunales. Licenciada en Criminología y profesora de Lengua/Literatura e Historia de las Civilizaciones



El ‘caso Bretón’, como se conoce en España, es uno de los asesinatos más crueles de la historia de la crónica negra de España. Las víctimas, un niño de tan solo 2 años y su hermana de 6 años. El asesino, el padre. Ya hay veredicto popular: la petición de una de 40 años de prisión (petición que hace la Fiscal y la Acusación Particular, mientras que la Defensa de Bretón pide la absolución) por acabar con la vida de los pequeños en una hoguera de fabricación casera. La sentencia no es firme y podría alargarse hasta un año por los recursos que van a interponen, sobre todo, la Defensa (ya lo anunció en las conclusiones finales de la vista oral).

José Bretón ha sido juzgado por un jurado popular (que funciona en España desde la entrada en vigor de la ley del Jurado de 1995, aunque es cierto que en la Constitución Española de 1978 ya se contemplaba en el artículo 125). Los miembros del jurado popular tienen que reunir varias características, entre ellas no tener conocimientos de derecho (un abogado o policía no puede ser jurado popular), ni ser parte interesada en el proceso (por ejemplo un familiar o un amigo de las partes) o tener especial interés en el asunto (como es el caso de los periodistas), además de ser español, mayor de edad, saber leer y escribir y no padecer ninguna incapacidad física o psíquica que impida el desarrollo de la función como jurado.

En España, nada tiene que ver con los juicios norteamericanos, se celebran al año medio millar de juicios con jurado popular (cifras estimatorias del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). Los jurados populares están formados por 9 ciudadanos (en el juicio por de Bretón estaba conformado por 7 mujeres y dos hombres), elegidos al azar del censo electoral, más los sustitutos. La selección se hace multiplicando por 50 el número de causas que vaya a conocer el Tribunal, en función de los procesos de años anteriores. Cada miembro recibe 67 euros por día, 18 euros por dietas, además de una compensación económica por costes de desplazamiento.

Casi un mes de juicio oral, más de cien peritos y testigos han pasado por la Audiencia Provincial de Córdoba para decidir si José Bretón era culpable o no culpable. Y durante todo este tiempo, los miembros del jurado han escuchado y analizado cada declaración, cada documento, cada prueba. Todo. Pero nada tienen que ver con los juicios que vemos en las películas, es más la figura del jurado popular en España está más bien rechazada: un 15% de las personas que reciben citación para ser jurado trata de librarse con alguna excusa. ¿Demasiada responsabilidad? ¿Miedo? ¿Represalias?

En la legislación española funciona el sistema puro, es decir, los nueve miembros son inexpertos en cuestiones legales y responden a preguntas sobre las pruebas para elaborar su veredicto de 'culpable o no culpable'. Es el presidente del tribunal, un magistrado, el que finalmente decide la pena. Aunque también existe otra modalidad, el sistema escabinado o mixto, en el que jueces profesionales se mezclan en el jurado popular y deciden todos juntos.

¿Y cuáles son los delitos que puede juzgar un jurado popular? Se trata de delitos que no conllevan mucha complejidad técnica los de asesinato, homicidio, auxilio o inducción al suicidio, infidelidad en la custodia de presos y documentos, allanamiento de morada, cohecho, tráfico de influencias, omisión del deber de socorro, malversación de caudales públicos, fraude y exacciones ilegales, negociaciones prohibidas a funcionarios, amenazas e incendios. Aunque desde mi punto de vista considero que se tratan de delitos cuyas investigaciones pueden ser muy técnicas, sobre todo en los delitos económicos.

Pero Bretón no estará más de 25 años en prisión, incluso menos si se le aplican permisos y beneficios carcelarios. Todavía no se ha notificado la sentencia, se está elaborando y el juez del caso deberá calificar jurídicamente si los hechos son constitutivos de dos delitos de asesinato (prisión hasta veinte años), o de dos homicidios (prisión hasta quince años). Todo dependerá, según lo establece el Derecho Penal español, de que se aprecie o no alevosía, es decir de que Bretón “utilizara, al matar intencionadamente a sus hijos, unos medios, unos modos o unas formas que le aseguraran el resultado de su muerte sin que los pequeños pudieran defenderse”, ha explicado Herminio Padilla, profesor de derecho penal y magistrado en un artículo en ABC. Aunque algunas fuentes han apuntado que podría aplicarse a bretón la cadena perpetua revisable (sería el primer caso que se daría en España).

Pero para el jurado popular está bien claro. El pasado 12 de julio leía su veredicto en el que Bretón era culpable de 19 puntos -de los 21 que componían el objeto del veredicto- y que consideran que han sido probados:

Ejecutar el plan; adquirir tranquilizantes y (posiblemente) administrárselos a los pequeños para adormecerlos; de hacer acopio de leña y de adquirir 270 de combustible para la hoguera; de hacer un experimento con sus sobrinos para comprobar cómo reaccionaban dos niños pequeños si los dejaban solos en un parque; culpable de hacer creer a su familia que el día de la desaparición comería con unos amigos y que por la tarde irían todos al parque; culpable de no dejar que los abuelos paternos de los niños se despidieran de ellos ese día y de suministrar a los pequeños un número indeterminado de pastillas tranquilizantes para facilitar su adormecimiento o su muerte; culpable de preparar una pira funeraria, colocar los cuerpos de sus hijos allí, junto a una mesa metálica, y prender una gran hoguera que avivó rápidamente con cerca de 250 kilogramos de leña y 80 litros de combustible, logrando un efecto similar a un horno crematorio; culpable de permanecer junto a la hoguera durante horas viendo como se quemaban los cuerpos de sus hijos y añadir el combustible con frecuencia para asegurarse de la total calcinación de sus pequeños; culpable de acabar con la vida de Ruth y José haciendo valer su condición de padre, de su mayor fortaleza física y de la confianza de sus hijos en él; culpable de hacer creer a su familia que horas después ya estaba en el parque con los niños.

Una decisión dictada por unanimidad en el que la razón principal del asesinato de los pequeños se debía a la venganza hacia su exmujer. Desde el punto de vista criminológico, ¿qué explicación tiene que un padre sea capaz de acabar con la vida de sus pequeños con un simple objetivo: hacer daño a la mujer con la que ha compartido su vida? En el segundo post del caso Bretón intentaremos responder este interrogante (hora de publicación 23.00 horas España y 15.00 horas México)


((foto: fotograma de la película 12 Hombres sin Piedad))

 
CASO BRETÓN (II): SU PERSONALIDAD Y SU MIRADA
Ana Quevedo
Periodista de Sucesos y Tribunales. Licenciada en Criminología y profesora de Lengua/Literatura e Historia de las Civilizaciones
 

Ya lo expuse en el post ¿Hablan nuestros gestos? (publicado el 2 de julio en esta fan page y en el blog de Criminología Criminalística[1]) La respuesta es sí; es más me atrevo a decir que nuestra mirada, nuestros movimientos también habla. No importa la cultura, ni la nacionalidad, ni el país. El lenguaje no es solo verbal; el lenguaje no verbal existe en cualquier persona, proceda de dónde proceda.

A Bretón le molestaba que tosieran sus hijos, que se sorbieran los mocos, que se ensuciasen las manos o que hicieran ruido al comer. Se ha dicho que es un hombre pulcro, maníaco, ordenado y frío. En 1997, fue Bretón el que tomó varios ansiolíticos y apareció inconsciente en su coche junto a tres bombonas de camping gas. Fue una tentativa de homicidio por un desengaño amoroso. Fue militar y estuvo destinado en Bosnia.

Tiene 39 años, es delgado y de baja estatua. Voz casi afeminada. Apunta cualquier nota o idea que le ronda la cabeza, dicen que a modo de recordatorio. Son notas desordenadas y enigmáticas, en otras ocasiones concluyentes como “Soy mala mala persona”. [2] Los que estuvieron en los interrogatorios o en las recosntrucciones de los hechos han destacado su total falta de empatía. Sus hijos llevaban días desaparecidos y él era capaz de bromear sobre prostitutas con los agentes o alardear de sus conquistas. Sabía que era el principal sospechoso de la macabra suerte que podían haber corrido sus hijos y su única obsesión era hablar despectivamente de su esposa, Ruth Ortiz, que acababa de abandonarle. [3] Dos informes policiales, encargados por el juez instructor del caso revelan que goza de un coeficiente de inteligencia superior a la media, además de ser un hombre extremadamente maniático y estricto.

Durante el juicio, Bretón ha mostrado un rostro impasible, la boca inexpresiva, los ojos abiertos y los escasos parpadeos transmitían la imagen de un hombre congelado en un momento. Y durante su veredicto apenas parpadeó un par de veces y no mostró emoción cuando el jurado le consideró culpable del asesinato de sus dos hijos por lo que podría enfrentarse a una pena de 40 años de cárcel. Así lo describía el periodista Javier Dale: Frío, vacío de sentimientos, impertérrito, ajeno a la realidad. Inquietantemente tranquilo. Vagamente humano. Así se mostró José Bretón durante los cerca de 40 minutos que duró la lectura del veredicto del jurado popular que, por unanimidad, le encontró culpable de programar y ejecutar la muerte de sus dos hijos, Ruth y José, de apenas seis y dos años de edad”. [4]

¿Estamos ante un caso de violencia de género? Una decena de menores han sido asesinados en España en los últimos años por sus progenitores como parte de una situación de violencia de género. En un excepcional artículo de Natalia Junquera[5] se habla de algunos rasgos personales de Bretón (escrito junto a Luis Gómez y Manuel J.Albert)[6]. Junquera entrevista al forense Miguel Lorente (exdelegado del Gobierno para la violencia de género), que considera que este tipo de personas “no son locos. La locura no conduce al crimen. La locura en términos forenses es no tener capacidad para elegir lo que está bien y lo que está mal. Todos estos actos demuestran voluntad porque implican una planificación previa”.[7]

La venganza es un acto racional y planificado, por muy cruel que pueda ser. “Muchos homicidios se producen en el momento en que ella se va y ya no puede controlarla. Un agresor más frío puede decidir utilizar a los hijos para seguir ejerciendo ese control sobre la madre y seguir haciéndole daño aun estando separados. El agresor es narcisista, tiene la autoestima muy alta y algunos piensan que su mujer volverá. El parricida de Gales actuó cuando se dio cuenta de que ella no iba a hacerlo y para él ese momento fue cuando se enteró de que estaba embarazada de su nueva pareja”. [8] Para Lorente, el maltratador más frío utiliza a los hijos “porque sabe que esa es la forma de causar el máximo daño a su mujer. Piensa que el sufrimiento será mucho más duradero para su pareja si mata a sus hijos que si la mata a ella. Y piensa, además, que así la hará sentir culpable, que hará que piense que pudo evitar esas muertes si no le hubiese dejado”. “Bretón es un hombre frío. Más frío que inteligente, narcisista y lleno de odio hacia su mujer”, subraya el forense. [9]

El perfil criminal de los progenitores que acaban con la vida de sus hijos se repite: maltratadores de una frialdad extrema, pero perfectamente cuerdos, que cuando son abandonados planifican el asesinato de sus propios hijos como la forma de causar el daño más intenso y prolongado posible a su expareja. Pero en el caso Bretón hay diferencias: no ha reivindicado su crimen, no ha confesado, para hacerle pensar a su ex que es la culpable y que pudo haberlo evitado si no se hubiera separado de él. “En todos estos casos, los maltratadores suelen confesar porque es la forma de dar a conocer su hombría. El 75% de los hombres que matan a sus mujeres se entrega y el 17% se suicida. Actúan por convicción y asumen las consecuencias desde el principio. Son crímenes morales. Por eso es absurdo pedir la cadena perpetua. Esa no es la solución: eso no les va a frenar”, afirma Lorente. El forense cree que “al principio simuló el rapto como una forma de acercarse a su mujer” y que luego “descubrió que al no decir qué había pasado con sus hijos estaba causando un daño aún mayor y más prolongado a la madre”. [10]

En la cárcel Bretón es esquivo, rehúsa cualquier conversación con el resto de reclusos e intenta mantenerse alejado de ellos. Tiene una televisión y una radio y escucha todos los programas informativos que puede, sobre todo los que hablan de su caso. Dentro de prisión nunca ha citado, dicen, el nombre de sus hijos, solo reitera una y otra vez que él es inocente y que alguien se llevó a los pequeños. En la fase final del juicio, Bretón espetó al jurado y a la sala que le parecía “increíble" que 21 meses después de la desaparición aún no se hayan encontrado a sus hijos. [11]
((foto: instantánea de José Bretón mientras escucha el veredicto de culpabilidad por asesinar a sus hijos. Fotografía publicada en www.teinteresa.es))


[2] Información publicada en el artículo Cerco al monstruo, publicado en el diario El País. Link: http://politica.elpais.com/politica/2012/08/31/actualidad/1346441612_418491.html

[3] Información extraída del artículo Un hombre frío, maniático y estricto, publicado en el diario El País: Link: http://ccaa.elpais.com/ccaa/2013/06/15/andalucia/1371297245_699461.html

[4] Ídem 1
[5] Periodista y coautora del libro ‘Vidas Robadas’
[6] Les recomiendo la lectura del artículo, ya que este post es simplemente un pequeño resumen del caso Bretón, uno de los casos más estudiados y documentados por la Policía y Justicia de España, ya que los movimientos de Bretón el día de la desaparición de los pequeños han sido analizados segundo a segundo a través de sus conexiones telefónicas y cámaras de seguridad.

[7] Información extraída del artículo de Natalia Junquera: Narcisistas, fríos y despechados (publicado en el diario El País)

[8] Ídem 3
[9] Ídem 3
[10] Ídem 3

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