¿ESPIONAJE A PERIODISTAS Y CIUDADANOS?


Ana Quevedo Periodista de Sucesos y Tribunales. Licenciada en Criminología y profesora de Lengua/Literatura e Historia de las Civilizaciones.


¿ESPIONAJE A PERIODISTAS Y CIUDADANOS? (I)



A veces la ficción no supera la realidad y es que la realidad, en ocasiones, va más allá que la propia ficción. Viendo la serie norteamericana de moda Homeland, donde en los primeros episodios una agente de la CIA coloca micrófonos y cámaras por toda la casa del soldado Brody, pensé ¿en la vida real esto es posible? ¿te pueden estar vigilando cada segundo de tu vida, a ti y a los tuyos, sin que te enteres? Los guiones de series o films policiacos están elaborados bajo la ayuda o supervisión de expertos en la materia, muchos de ellos pertenecientes o colaboradores directos de las Fuerzas de Seguridad y Agencias Secretas de países (así fue con la serie, también norteamericana, Mentes Criminales).

En el post de esta semana me gustaría tratar el espionaje, y más concretamente en esta primera parte del post, el espionaje a los periodistas. Lo primero, acudamos al diccionario de la RAE (Real Academia de la Lengua Española) para saber cual es la definición de ‘espiar’: 

• Acechar, observar disimuladamente a alguien o algo. 
• En la segunda acepción del verbo señala que espiar también consiste en intentar conseguir informaciones secretas sobre un país o una empresa.

La razón de la elección de este tema (aunque su análisis sea de manera breve) se debe a una crisis casi de Estado en EE UU durante los últimos días. Os pongo en antecedentes: el 20 de mayo salió a la luz que el FBI (Federal Bureau of Investigation) accedió a los correos electrónicos de un periodista del canal conservador Fox News. El hecho de investigarlo (más bien, espiarlo) era para descubrir la fuente del reportero ya que publicó una información sobre el régimen norcoreano en 2009. El periodista ha sido acusado de vulnerar la ley como “instigador, cómplice o cooperador necesario del delito”.

No es el único caso que ha salido a la luz. Recientemente el gobierno americano accedió al registro de llamadas de varios periodistas de la agencia de noticias Associated Press (AP). El objetivo del espionaje era destapar la identidad de las fuentes que facilitaron la información sobre el complot terrorista del 2 de mayo de 2012: se trataba de unas filtraciones de ciertos detalles sobre una exitosa operación de la CIA en Yemen para frustrar el plan de detonar una bomba en un avión comercial con motivo del primer aniversario de Osama Bin Laden. Según la propia AP, ellos disponían de dicha información pero decidieron posponerla a petición del Gobierno que afirmaron que ponía en peligro la Seguridad Nacional. Durante dos meses, y de manera secreta, el Departamento de Justicia de EE UU grabó las conversaciones telefónicas de los reporteros, pinchó las líneas de las oficinas de Nueva York, Washington y Hartford (Connecticut) y almacenó las conversaciones para descubrir la fuente que filtró la información. Tanto el Fiscal General de EEUU como la Casa Blanca han justificado el espionaje a periodistas ya que se trata de información considerada ‘clasificada’. 

Pero, qué es más importante ¿la información o la seguridad? Por supuesto que prima ante toda la seguridad y más si se trata de la seguridad de una nación (desde mi punto de vista). Aunque no debemos olvidar que el derecho a la Información es un Derecho Fundamental, protegido internacionalmente. En EE UU existe la Media Shield Law, una ley que protege a los periodistas y sus fuentes. La norma pretende encontrar un equilibrio entre la necesidad de informar y la de mantener en secreto información considerada de seguridad.

En España está regulado el secreto profesional periodístico 1(*). Se trata de un derecho del periodista a no revelar toda la información, o la manera en que ha sido conseguida, para proteger a las fuentes, a sí mismo y a su ejercicio profesional. El Código Deontológico profesional de la FAPE (Federación de Asociaciones de Periodistas de España) recoge en su artículo 10: “El secreto profesional es un derecho del periodista, a la vez que un deber que garantiza la confidencialidad de las fuentes de información. Por tanto, el periodista garantizará el derecho de sus fuentes informativas a permanecer en el anonimato, si así ha sido solicitado. No obstante, tal deber profesional podrá ceder excepcionalmente en el supuesto de que conste fehacientemente que la fuente ha falseado de manera consciente la información o cuando el revelar la fuente sea el único medio para evitar un daño grave e inminente a las personas”.

Como dice Mª Aránzazu Moretón Toquero: “El sigilo de las fuentes tiene un doble fundamento: la autoprotección profesional y el cumplimiento de un pacto previo de confidencialidad entre el periodista y su fuente (…) La fidelidad con fidelidad se paga, o mejor, con nuevas confidencias se paga”. Sin duda el off the record en la profesión periodística es lo más valorado” (por no decir sagrado) 2(*)
En España, el espionaje está regulado en dos campos. Uno de ellos cuando se trata de seguridad, tanto la del Estado como la de los ciudadanos frente a los delitos por lo que permite la investigación secreta de las actividades siempre y cuando se respeten las garantías legales. El otro campo se refiere a la actividad profesional de los detectives privados o Seguridad Privada (en la actualidad se investiga en Cataluña unas presuntas prácticas de espionaje a nivel personal y profesional realizadas a políticos o jugadores de élite de fútbol). La ley permite la vigilancia e investigación para la obtención de información y pruebas sobre conductas privadas siempre que no se utilicen para ello medios materiales o técnicos que atenten contra el derecho al Honor, a la Intimidad personal o familiar o a la propia imagen, así como al secreto de las comunicaciones (artículo 18 de la CE).

Está claro que teniendo en cuenta las acepciones jurídicas, el espionaje es lícito, pero ¿es ético? 

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1(*) Artículo 20.1.d) de la Constitución Española. Se reconoce y protege: A comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión. La ley regulará el derecho a la cláusula de conciencia y al secreto profesional en el ejercicio de estas libertades. 
2(*) El Secreto profesional de los periodistas y la empresa de comunicación: ¿un conflicto de lealtades? Mª Aránzazu Moretón Toquero, abogada.http://www.jcyl.es/web/jcyl/binarios/987/941/5.-%20El%20secreto%20profesional%20de%20los%20periodistas%20y%20la%20empresa....pdf?blobheader=application%2Fpdf%3Bcharset%3DUTF-8

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ESPIONAJE A LOS PERIODISTAS Y CIUDADANOS? (II)



Vivimos en la era tecnológica y cualquier rastro, aunque se borre (o eso creamos) queda en lo que se conoce como la ‘nube’. Google (el mayor buscador del mundo) ha reconocido que las solicitudes de emails se han disparado en los últimos años y la propia empresa californiana reconoce que, en la inmensa mayoría de las peticiones, ha entregado datos de sus usuarios.

¿Vivimos en permanente vigilancia? Analicemos el último trágico y grave suceso ocurrido en Woolwich (en el sudeste de Londres), donde dos jóvenes, británicos de origen nigeriano, asesinaron a machetazos al soldado Lee Rigby. Los autores del espeluznante suceso (casi retransmitido en directo) estaban en el radar de los Servicios Secretos (Servicio de Inteligencia británico, el MI5) pero no fueron sometidos a vigilancia porque no eran considerados peligrosos. Conocían sus actividades e ideas radicales desde hacía ocho años: sabían que uno de ellos había asistido a una manifestación violenta ante los juzgados en la comparecencia de un islamista acusado de incitación al odio racial y la violencia en 2006 y que era asistente regular a los actos de un grupo islamista ahora prohibido, Al Muyahidin; incluso -y según publican algunos medios de comunicación internacionales 1(*)-, también estaba fichado por la Policía keniata por pertenecer a una banda de jóvenes radicalizados que pretendía unirse al grupo Al-Shabaab 1(*). El propio ministro británico de Comunidades, Erick Pickle, ha declarado que “miles de islamistas expresan sus ideas radicales y cientos de ellos son investigados cada año”. 2(*) Y a pesar de ese exhaustivo control, los servicios secretos ¿han fallado?

Los tiempos han cambiado y ahora las nuevas tecnologías facilitan, aún más, esa ‘vigilancia’ (espionaje) de los ciudadanos. Para el fundador de Wikileaks (la polémica web, para algunos, de filtración de documentos confidenciales de todo el mundo), Julian Assange, “el email es la forma menos segura de comunicarse". Assange -que está recluido desde hace meses en la embajada de Ecuador en Londres como refugiado político debido a una orden de extradición que pesa sobre él por parte de Suecia por un presunto delito de abuso sexual- declaró a una televisión española (al programa Salvados, de La Sexta) que “las organizaciones más poderosas del mundo pueden indagar en la vida de todo el mundo, porque todo lo importante que hacemos está en Internet. Esa información va hacia arriba hacia gente que tiene un enorme poder”.

Pero, ¿estamos todos los ciudadanos vigilados? ¿Y para qué? ¿Y por quien? ¿Y cómo? Difícil responder. La Policía española ha hecho un gran esfuerzo en los últimos años en la incorporación a sus equipos de expertos no sólo en materia informática sino en las diferentes plataformas y redes sociales. De hecho, mucha información la adquieren a través de ellas. Algunas manifestaciones o congregaciones recientes que carecen de permiso administrativo (es decir, que no han solicitado el permiso a la Delegación del Gobierno) se tiene conocimiento de ellas por su previa convocatoria vía internet.


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1(*) Una milicia radical islamista considerada por EE UU como una organización terrorista
2(*) Información publicada, en el link:http://www.elmundo.es/elmundo/2013/05/26/internacional/1369568139.html

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