DELITOS DE CUELLO BLANCO

DELITOS DE CUELLO BLANCO (I)
Ana Quevedo
Periodista de Sucesos y Tribunales. Licenciada en Criminología y profesora de Lengua/Literatura e Historia de las Civilizaciones


¿Qué son los delitos de Cuello Blanco? Para Alfonso Zambrano Pasquel[1] son las nuevas formas de criminalidad. En su ensayo El Delito de Cuello Blanco lo define como “ciertos actos delincuenciales que se caracterizan por una violación de la ley cometidas por personas de nivel socioeconómico elevado, en el cuadro de sus actividades profesionales y en vista de llegar a una ganancia más importante”. Y ¿por qué trato este tema en el post semanal de Criminología Criminalística? Les explico, esta mañana en mi repaso matinal a la prensa escrita he leído una noticia que me ha preocupado (no solo como profesional, sino más bien como ciudadana). El titular es el siguiente: La corrupción sumó 800 casos y casi 2.000 detenidos en una década en España.

Pero los delitos de cuello blanco (también etiquetados como ‘delitos económicos’, ‘financieros’ o delitos ‘institucionalizados’) no surgen en el siglo XXI. Fue Edwin H. Sutherland[2], considerado uno de los criminólogos más influyentes del siglo XX, quien concentró sus esfuerzos teóricos en encontrar una explicación al fenómeno de la criminalidad de las clases superiores, y así modificar la noción de que la delincuencia se daba solo en la clase baja. Utilizó el término por primera vez en un discurso ante la Asociación Americana de Sociología (el 27 de diciembre de 1939) y definió los delitos de cuello blanco en su monografía de 1949 como “un crimen cometido por una persona de respetabilidad y de alto estatus social en el curso de su ocupación”.

Uno de sus antecesores, Morris en 1934 focalizó sus investigaciones en quienes “a causa de su posición social, su inteligencia y técnica para el crimen están en condiciones de moverse entre los demás ciudadanos virtualmente inmunes a toda consideración o condena"; a este nuevo grupo delincuencial lo denominó Criminals of de uppenworld. Aunque la influencia más destacada fue la de Veblen[3] con la ‘Teoría de la clase ociosa’, en la que se establecía una relación profunda entre el prototipo de capitalista (hombre adinerado) y el delincuente ideal, toda vez que ambos se valían de métodos eficaces pero no legítimos para obtener el resultado esperado. Para Veblen, se diferenciaban en que el primero de ellos se arriesgaba menos porque se mantenía más alejado del conflicto legal.

Aunque se crea que debe ser el Derecho quien se ocupe de esta materia en auge, la Criminología tiene un papel fundamental. Ya lo decía Pinatel[4], la criminología se interesa ante todo por el fenómeno natural y social de la ley penal oculta, estudiando los hechos y personas que constituyen el objeto de las definiciones legales”.

Los datos que han salido ahora a la luz (sobre corrupción) corresponden a años anteriores, a los años de bonanza en España, por eso muchos se preguntan si las conductas corruptas se han corregido en la actualidad. Y es que según un mapa sobre corrupción urbanística elaborado por geógrafos de la Universidad de la Laguna (Tenerife) refleja que más del 56% de la población española ha sufrido un caso de corrupción en su municipio y un 88% de los escándalos han estado relacionados con el suelo (o con el terreno). Para los autores del estudio, se debe al antiguo caciquismo (que los autores sitúan en la primera restauración borbónica) que ha sido sustituido por uno nuevo (el de la segunda restauración borbónica), en el que entran a formar parte los constructores: “Cuando estos se convierten en grandes propietarios, empiezan a tener el mismo comportamiento que los anteriores caciques”. La diferencia está en que los caciques del siglo XXI prefieren guardar el dinero en Suiza y otros paraísos fiscales.[5]

Para el magistrado de José María Crespo[6] este tipo de delitos solo salen a la luz “por despiste o por venganza de alguien de dentro (…) Sin las leyes adecuadas, no podemos actuar, porque la ley es una tela de araña para insectos pequeños, pero los grandes tienen muchas formas de eludirla”.


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DELITOS DE CUELLO BLANCO (II)
Ana Quevedo
Periodista de Sucesos y Tribunales. Licenciada en Criminología y profesora de Lengua/Literatura e Historia de las Civilizaciones


En una sociedad animada por el deseo de crecimiento y expansión económica, aparece y se incrementa el delito de ‘cuello blanco’, constituido por infracciones cometidas exclusivamente por personas de alto nivel socioeconómico, acomodadas y de buena reputación, que abusan del ejercicio de sus actividades inclusive. Cuando se encuentra este grupo social frente a la posibilidad de tener poder, el poder hecho realidad es capitalizado en muchos casos, en procura de llegar a un enriquecimiento que por vías morales y legales es inalcanzable”. Es la reflexión que hace el profesor Zambrano y posiblemente una de las respuestas al caso ‘Bárcenas’[7] que desde principios de este año salpica al actual Gobierno de España, liderado por el Partido Popular (PP).

Zambrano distingue varias formas de criminalidad ‘institucionalizada’:

·    La delincuencia de ‘cuello blanco’ como forma de delincuencia ‘institucionalizada’ es perpetrada por elementos que pertenecen a los grupos que detentan el poder político del que abusan en beneficio personal, en ciertas actividades como las defraudaciones aduaneras y evasiones tributarias.

·    La perpetrada por las corporaciones, en las que se mezclan como sujetos activos tanto personas particulares como funcionarios públicos, buscando mecanismos ingeniosos como la "subfacturación" de los precios reales. De esta manera se obtienen ganancias paranormales, porque se falsean datos del precio real de fabricación y el precio real de venta, o entre el precio de exportación y el que realmente se recibe. Debe pensarse, razona Zambrano, en que los mecanismos de control son insuficientes, para no admitir que hay una colaboración cómplice de determinados funcionarios de gobierno, que se convierten también en delincuentes "de cuello y corbata".

·        Hay una gama de delitos propios cometidos por personas que ocupan determinados cargos o funciones públicas, en quienes el Estado ha depositado la confianza en el buen manejo de sus negocios. Estos sujetos abusando del cargo se apropian de dinero público o les dan un destino no autorizado (malversación), o dolosamente permiten un dispendio en el manejo del dinero público que ocasiona desfalcos.

Hace unos meses entrevistaba a José Miguel Calatayud, por aquel entonces corresponsal del diario El País en África y en la actualidad periodista freelance en Estambul (Turquía). Helada me dejó cuando me respondió que Los diputados kenianos cobran unos 8.500 euros al mes mientras que el sueldo medio de Kenia oscila entre los 50 y 70 euros.[8] Uno de los sueldos más altos del mundo, mientras que paradójicamente Kenia es uno de los países con enormes problemas sociales: la hambruna y la pobreza extrema está muy extendida. Hay distritos, como el de Turkana (al norte del país) donde el 74 % de su población sufre de inseguridad alimentaria, es decir que su gente no alcanza los niveles de consumo mínimos de alimentos.

¿Qué aporta la Criminología en este tipo de delitos? Mucho. Es necesario una Política Criminal y una reforma del Derecho Penal (en la actualidad hay una reforma de la Ley de Enjuiciamiento Criminal- LECrim- que data de 1882) que sean acordes con el tiempo actual: la sociedad avanza y la criminalidad también. Hay que mirar al presente y al futuro inmediato y nuestras leyes se asientan sobre parámetros tradicionales que, como dice Zambrano, “no responden ni a las necesidades actuales”.

El criminólogo alemán, Werner Ruther (Universidad de Colonia), considera que no solo se debe modificar la imagen de la criminalidad, sino que hay que ponerlo en práctica con la creación de normas, así como con su imposición para que los delitos económicos graves sean perseguidos. Y lo dice un criminólogo alemán, donde allí sus políticos dimiten por ser invitados a viajes por empresarios. Es el caso de Max Streibl, expresidente de la región de Baviera, que dimitió tras conocerse que un amigo empresario le había invitado a unas vacaciones en Brasil y Kenia. Aunque aquella invitación no constituyese ningún delito, los miembros de su partido consideraron que se trataba de un comportamiento inapropiado y forzaron su salida del cargo. En España hay varios casos similares, como el de la alcaldesa de Alicante imputada en el caso Brugal por tres delitos graves (prevaricación, cohecho y tráfico de influencias en torno a la redacción del PGOU, Plan General de Ordenación Urbana). La primera edil también se fue de viaje con un empresario, también investigado en varias causas judiciales. O el caso de Karl-Theodor zu Guttenberg, exministro de Defensa de Alemania, que dimitió en 2011 después de conocerse que había plagiado parte de su tesis doctoral. Guttenberg renunció a todos sus cargos políticos.

Está claro que en la sociedad actual existe una percepción de clara impunidad de este tipo de delitos (los beneficiados son los políticos, empresarios o banqueros, es decir la clase alta); un tipo de criminalidad que va in crescendo y donde los delincuentes no se manchan las manos de sangre y visten con traje y corbata. Es necesario y urgente adoptar unas medidas sociales, jurídicas y culturales para erradicar los delitos de cuello blanco, porque estos (yendo a situaciones extremas) se pueden convertir indirectamente en delitos de sangre por parte de las víctimas directas (recordar el post Cuando la víctima se convierte en Delincuente, publicado el 4 de junio).




[1] Ex-Magistrado de la Corte Suprema de Ecuador y profesor de Criminología, Derecho Penal y Derecho Procesal Penal.

[2] Sociólogo estadounidense (1883-1950)
[3] Veblen: sociólogo y economista estadounidense (1857-1929)
[4] Jean Pinatel, criminólogo francés (1913-1999)
[5] Noticia publicada en el diario El País, http://politica.elpais.com/politica/2013/06/16/actualidad/1371400129_702560.html
[6] José María Crespo, titular del Juzgado número 1 de Valladolid (Castilla y León)
[7] Caso Bárcenas: una presunta trama de contabilidad en ‘B’ (ilegal) del PP en las que el juez investiga unas cuentas millonarias en Suiza de su extesorero, Luis Bárcenas, donde acumuló hasta 47 millones de euros.
[8] Entrevista publicada en el blog Lo que pasa (o no pasa) por las mentes: http://loquepasaporlasmentes.blogspot.com.es/2012/09/los-diputados-kenianos-cobran-unos-8500.html 

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